“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

CRITICA


  • La película de Ana, una mirada al cine desde sí mismo
    Por Frank Padrón

    La película de Ana lo es también del cine. La más reciente obra de Daniel Díaz Tórres (Lisanka) , triunfadora en el más reciente festival habanero y elegida por la crítica cubana como la mejor cinta del patio, es realmente un "ars poético" donde constantemente se discursa sobre el cine en tanto arte y todo lo que ello implica en sus funciones social, comunicativa, estética…

    Es en ese, su sentido metacinematográfico y auto referencial donde radica, a mi juicio, el mayor aporte del film, por lo cual trasciende el mero ejercicio de "cine dentro del cine"  para discursar en torno a los comprometimientos de este con el contexto, e incluso, introducirse en aspectos más sutiles, como los siempre polémicos nexos entre realidad y ficción, las barreras que, sobre todo el documental, debe o no respetar, sobre todo en momentos cuando aquellas se difuminan cada vez más.

    La protagonista y su marido son gente del audiovisual que no ha tenido mucha suerte: ella actriz, él realizador, y ambos ven la posibilidad de salir del hoyo cuando unos productores alemanes llegan a Cuba para hacer un film sobre la prostitución; es ahí donde comienza y se desarrolla un juego sobre verdades y mentiras, secretos e imposturas que trasciende lo puramente fílmico para introducirse en cuestionamientos éticos bien delicados que debemos agradecer al tándem de guionistas, el propio realizador y Eduardo del Llano (Vinci), justamente laureados con un premio Coral en esa categoría.

    Sin embargo, justamente por la complejidad del relato, sus enveses y recovecos, es por lo que se resiente a veces la narración, que tropieza así con escollos y reiteraciones por un lado, por otra con saltos respecto a motivos y cadenas de acción, a pesar de lo cual, se sigue la evolución dramática con suficiente interés hasta el desenlace.

    Más cuestionable me parece aun que dentro de un guión con  espesura y densidad incuestionables, se siga uno topando (sobre todo en la primera parte) con gags y  chistecitos de dudoso gusto, de un costumbrismo ya devenido lugar común del que ojalá pueda desprenderse de una vez y por todas,  el cine cubano. Y ello, aclaro, nada tiene que ver con la justa aprehensión que hace el film de una realidad mucho más compleja a la que, afortunadamente, apunta la escritura y donde hallan un sitio privilegiado las desvalorizaciones, las nuevas escalas y los ricos matices del magma socioeconómico contemporáneo.

    Un supraenunciado preside la obra toda: el considerar la prostitución como un mal que trasciende con mucho la esfera sexual,  algo que a lo largo del discurso se aprecia y agradece.

    Respecto a la puesta en pantalla, mereciera un tratamiento aparte y más exhaustivo –que el espacio "para variar" impide- la dirección de fotografía a cargo del maestro Raúl Pérez Ureta, aquí enfrentado a varios soportes técnicos con los que el film (y los films "internos") trabaja, mas el resultado final es no solo orgánico sino creativo en cuanto a resoluciones de gamas y cromas.

    Otro rubro muy bien conseguido es la música de Lucía Huergo, quien con delicadas cuerdas y algunos sonajeros diseña atmósferas que sugieren o susurran por encima de las situaciones, evitando subrayados o acentuaciones supérfluas.

    Y por supuesto, están las actuaciones. Mucho se ha hablado del trabajo de Laura de la Uz (Hello, Hemingway) que le confirió otro Coral en el referido certamen de diciembre, elogios a los que me sumo; la labor concentrada, inteligente y sutil de la intérprete duplica sus méritos por cuanto tiene que mantenerse transitando una arriesgada cuerda floja que la obliga a abrir el espectro caracterológico, pues ya se ha dicho cómo la película toda trabaja con capas que se superponen y complementan: Ana es varios personajes a la vez, algo que entiende, borda y proyecta Laura.

    Pero sería injusto no referirse a otros desempeños no menos brillantes, como los de Yuliet Cruz (quien está llevando a cabo una meteórica carrera también en cine) y Tomás Cao (cada vez más certero y convincente).

    Detalles a un lado, La película de Ana, estrenada comercialmente en la isla el pasado fin de semana, es otro indudable punto para el más reciente cine cubano.


    (Fuente: NOTICINE.com)


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