El público de la Quincena, invitado al Congreso del israelí Ari Folman
Por Domenico La Porta
Tras irse de manos vacías de la competición oficial de Cannes en 2008 con la celebrada Vals con Bashir,
el director israelí Ari Folman vuelve al certamen francés para
inaugurar la Quincena de los Realizadores. Y lo hace con una obra muy
ambiciosa, The Congress, que lleva al cine una novela de ciencia ficción del polaco Stanislaw Lem (autor de Solaris) con una mezcla acción real y animación durante gran parte del metraje.
La novela original fue publicada en 1971, de manera que Folman se ha tomado alguna que otra libertad con el guion para intentar acercar la historia a temas más contemporáneos como la esfera virtual. Se narra la historia de la actriz estadounidense Robin Wright (que se interpreta a sí misma), a la cual se ofrece un nuevo contrato con un gran estudio. De alguna manera, este le propone eliminar completamente su imagen. Robin, un poco de capa caída y sin trabajo, se siente atraída por esta oferta, que consiste en someterse a un escáner para realizar luego varios clones virtuales de sí misma que podrán ser utilizados, vendidos o eliminados por los productores. Así, se perpetuará su imagen en el esplendor de su juventud.
Tras esta promesa de inmortalidad está la noción de la pérdida de identidad que también se encontraba en Vals con Bashir. Cuando, tras el prólogo, volvemos a ver a la actriz, han pasado 20 años y la situación está claramente fuera de control, en una sociedad distópica regulada por completo por las drogas. A sus 63 años, Robin es invitada por el Congreso de futurología, donde la multinacional cinematográfica y farmacéutica Paramount Nagasaki presentará su último invento: dar la posibilidad de protagonizar la película deseada con la actriz elegida. Robin es consciente de estar a punto de embarcarse en la larga aventura que es la búsqueda de la identidad perdida, un recorrido de reconstrucción plagado de encuentros que de alguna manera recuerda al trabajo sobre la memoria realizado por la versión virtual del director en su anterior trabajo.
No será tanto la animación en 2D utilizada por Folman como la estética lo que podrá disgustar a los aficionados tanto de la ciencia ficción como de la animación de autor, aquí solo en apariencia minimalista. El aspecto visual se compone de colores psicodélicos que, si bien evocan a la perfección una sociedad alucinada, pueden resultar poco atractivos. Por fortuna, la historia va más allá del aspecto formal, aunque la trama también crea dudas, por ser un tema poco novedoso y usado con frecuencia en películas de serie B o en superproducciones americanas, como Strange Days, de Kathryn Bigelow, o la más reciente Surrogates, con Bruce Willis.
Que quede claro que el acercamiento de Folman es muy distinto, más introspectivo y abierto a la reflexión poética sobre la posible y quizás ya iniciada evolución de la sociedad actual. A veces el espectador se pierde en los múltiples detalles de este viaje de iniciación y es difícil dar con ese elemento humano fuente de emociones. Es, claro está, el tema de la película, víctima de un mecanismo de muñecas rusas aparentemente involuntario e inevitable (aunque sea sólo por una cuestión económica). La ciencia ficción es cara, sobre todo cuando se trata de mostrar un universo eficaz desde el punto de vista visual y a The Congress le falta aire.
The Congress es una coproducción entre Israel, Alemania, Polonia, Francia, Bélgica y Luxemburgo, con Match Factory como agente de ventas internacionales. La mayor parte del reparto está compuesto por actores estadounidenses, como Harvey Keitel, Jon Hamm, Paul Giamatti, Danny Huston y la ya mencionada Robin Wright. El rodaje en inglés refuerza la idea de una sátira de Hollywood que nos habría gustado más sutil y mordaz.
(Fuente: Cineuropa.org)