“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez

CRITICA


  • Anina, Cine animado infantil de gran calidad
    Por Alejandro Salgado Baldovino

    Alfredo Soderguit, que dedicó gran parte de su vida a ilustrar libros infantiles, cuenta que un día se encontró con el libro infantil Anina Yatay Salas (2003), del escritor uruguayo Sergio López Suárez. Quedó tan encantado por la historia mientras realizaba las ilustraciones que, instintivamente, pensó en llevarla a la pantalla grande. Y fue así como inició un largo proceso de trabajo creativo y de producción que duró aproximadamente ocho años; en los que trabajó arduamente en la que sería su ópera prima y la primera película animada de Uruguay.

    El resultado, inmejorable, ya que fue seleccionada para participar en el prestigioso Festival de Berlín (Sección Generation), donde tuvo una cálida y positiva acogida, y fue elegida como representante uruguaya en la próxima edición de los Oscar. Su debut en una plaza, además, de esa importancia como la Berlinale vino con una gran anécdota.

    Cuenta el director que en la primera exhibición contaban con un público mayoritariamente infantil y como el filme no tenía subtítulos había un narrador que se encargaba de traducir al alemán por encima del sonido original. A pesar de ese inconveniente, el largometraje divirtió a todo el público, contagiándose los adultos de la experiencia de los más jóvenes. Un entusiasmo que se volvió a repetir en el FICCI (Festival Internacional de Cine de Cartagena), donde también tuve la oportunidad de verla con muchos niños en sala. Decir que con esta ilustre compañía Anina se convierte en toda una experiencia que rememora momentos de nuestra añorada infancia.

    Ambientada en Uruguay, cuenta la historia de Anina, una niña con un nombre bastante particular Anina Yatay Salas. Un nombre y apellidos que nace como homenaje de su propio padre a su afición: los palíndromos. Pero esa elección tan particular le pasará factura a Anina que tiene problemas en el colegio debido a las bromas pesadas de sus compañeros; algo que repercutirán en su autoestima y relación con su progenitor.

    Un día Anina tiene una pelea en la escuela con una de sus compañeras, llamada Yisel, por lo que ambas son llevadas a la dirección de la escuela, en donde la directora les dará un reto para cumplir en una semana: Les entrega a cada una dos sobres negros y sellados, los cuales deben cuidar y llevar consigo durante los sietes días, sin abrir. A partir de ahí, cada una intentará cumplir con su respectivo castigo enfrentándose a distintos obstáculos y se conocerán un poco más de cada una de ellas pero, sobre todo, de sí mismas.

    La historia, como pueden apreciar, es muy sencilla. Es el típico cuento con moraleja tradicional pero donde el director se vale de diversos recursos para ofrecer toda una experiencia reconfortante, mágica e inolvidable. Hay una primera característica que salta a la vista, y es la animación. Muy cuidada y colorida, muy al estilo de los libros con los que el mismo director ha trabajado toda su carrera.

    Durante el transcurso del metraje parece que estuviésemos hojeando un cuento ilustrado en movimiento. Soderguit invirtió mucho tiempo con su equipo en lograr este efecto, y se nota el amor y el compromiso que imprimió a cada fotograma. La parte técnica de todo el filme es muy destacable: la fotografía, la música y los mismos encuadres que resaltan lo mejor de cada imagen en su conjunto y les confiere vida a todos los elementos presentes. Sin olvidar el mensaje, ya que está dotada de diversas escenas que llevan a la reflexión; planteando situaciones cotidianas tanto familiares como sociales.

    Entre esos momentos destaca una secuencia estructurada bajo elementos oníricos que dan ese toque mágico a una trama que aborda un tema tan realista como actual. Sin duda alguna, una de las mejores cintas que vi en el FICCI y de este 2013. Cine animado infantil de gran calidad cuya etiqueta le restará recorrido en su distribución de forma injusta y que debería ser de obligado visionado. Al menos queda el consuelo de que Latinoamérica sigue creciendo cinematográficamente y ofreciendo productos novedosos y de nivel como la magnífica Anina.


    (Fuente: Elantepenultimomohicano.com)


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