“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

ENTREVISTA


  • “El reembarque de la esclavitud”
    Por Carlos Ríos

    En las pupilas dilatadas del hombre se ve el mar que dividió a su tierra y a la nuestra. Ahora no es el salitre lo que empaña su visión, sino los recuerdos que humedecen e inundan sus ojos. Su voz sale calmada, como agotada por hurgar en las memorias. La cineasta escucha… la cámara graba y se revela todo.

    Gloria Rolando, en casi una hora, con Reembarque, nos acerca a los testimonios de varios haitianos y sus descendientes que sufrieron uno de los peores capítulos de la historia de nuestra nación.

    “Aquí la gente era alegre. Pero, a la vuelta de un sendero, las plantas y los árboles parecieron secarse, haciéndose esqueletos de plantas y de árboles…” (El Reino de este mundo).

    “El documental está dedicado al pueblo de Haití y a la familia haitiano-cubano. En los ochenta hice el guion de un documental llamado Haití en la memoria, con Santiago Villa Fuerte. Reembarque retoma ese trabajo y lo rescata porque era un material olvidado y que se estaba deteriorando.

    “El documental abre con el testimonio de Emmanuel Cherry, un anciano que encontramos en el centro de Okay, al sur de Haití. Emmanuel fue de esos haitianos que estuvieron en Cuba y fueron forzados a regresar. Él nació en Santiago de Cuba, pero lo reembarcaron el día de su bautizo, junto con su madre y padre en 1937.

    “En aquel momento me hice algunas interrogantes que reaparecen en este material, pero también quise devolverles la voz a ellos.

    “No quería hacer un documental sobre ´las miserias de los haitianos´, quería que historiadores como Graciela Chailloux contaran sobre ese capítulo de la historia.

    Reembarque no presenta muchas diferencias con Haití en la memoria. Aunque el primero, al estar dirigido por mí, tiene más de mi estilo. En él combino la voz del narrador, de los historiadores, con la de los descendientes, con la música y, sobre todo, tengo más libertad con respecto al tiempo. Además, con Reembarque pude ir a Haití e investigar sobre esta etapa de la historia”.

    ¿Por qué Reembarque?
    El documental toma su nombre del período en que los haitianos sufrieron el proceso de la repatriación. A ellos los trajeron como mano de obra barata para la industria azucarera. Todos estos emigrantes fueron manipulados y traídos como mercancía.

    La vida económica del país iba de acuerdo al precio del azúcar. Me ubico en 1937, el año del gran reembarque, del cual poseía varios testimonios. La mayoría eran niños, pero lo vivieron y aquella imagen jamás se les borró de sus mentes.

    ¿Qué fue el reembarque?
    Durante muchos años, haitianos y sus descendientes vivieron alrededor del batey e hicieron los mismos trabajos, por lo que su tradición cultural se mantuvo.
     
    Pero en 1933 se establece la ley del 50 por ciento, bajo el lema: “Cuba para los cubanos”. En ese período se crea todo un movimiento en el que incluso las fuerzas políticas progresistas de Cuba se vieron divididas. Y evidentemente esto impactó en la población haitiana que vivía dentro de la estructura segregada y bien definida del batey azucarero. Estos braceros empezaron a estorbar, ya no eran necesarios y se emplearon mecanismos represivos como la guardia rural para forzarlos al regreso.

    Varios historiadores haitianos coinciden en que fue parte de un gran negocio que implicó hasta los propios cónsules haitianos. En el documental se escucha la voz de los historiadores haitianos que lo corroboraron.

    En mi investigación se documenta sobre la figura del contratista, que era todo un personaje. Un haitiano que traía a otros haitianos, eran un mecanismo diabólico y truculento. Por eso, en ocasiones, se habla de esto como una especie de reedición de la esclavitud.

    En tus documentales se ve una fuerte presencia del tema haitiano ¿Por qué?
    Haití está ahí en la historia de Cuba. No trabajo esos temas por ser negra, sino por ser cubana. Desde mis primeros trabajos con el ICAIC: Tumba francesa y Haití en la memoria percibí la influencia fortísima de la revolución haitiana y su cultura en nuestro país. En ocasiones se habla del complejo afrocubano y se pasa por arriba ese gran componente.

    Es imposible que los cubanos vivamos de espalda a estos temas. Hay muchos elementos de la cultura haitiana como la sopa de calabaza que perviven. Un plato que continúa elaborando la descendencia de los haitianos, pero también otros elementos como el vudú, el creolle.

    Es una historia de dolor latente, es parte de lo que fue la industria azucarera en el Caribe, no solo en Haití.

    También el cine documental tiene que ver con el acervo cultural de cada persona para poder enfrentar un guion, una investigación y hay que ser capaz de impregnar al equipo de esa pasión.

    ¿Qué fue lo más difícil de tu “reembarque”?  
    Aparte de filmar en Cuba, podía adivinar o no lo que podía encontrar acá, pero tenía la posibilidad de encontrar testimonios en Haití. En el caso de esa nación tenía muy poco tiempo. Pero tuve mucha suerte gracias al equipo de trabajo.

    También me hizo falta sacar el máximo de las entrevistas en vivo, con los testimoniantes, porque exigían el diálogo. Yo no quería conferencias. No es lo mismo entrevistar a un historiador que a personas que lo vivieron.

    No obstante, encontré en la prensa cubana mucha documentación acerca de los reembarques de haitianos. También hay abundante material sobre la emigración haitiana en el imaginario y la memoria cinematográfica cubana. Algunos audiovisuales como Simparelé, de Humberto Solás; El camino del exilio, de Bernabé Hernández; Puerto Príncipe Mío, de Rigoberto López; Cumbite, de Tomás Gutiérrez Alea, entre otros.

    ¿Qué papel tiene la música folclórica haitiana en el documental?
    La música con canto es parte de la narración del documental. La canción tema del documental es De Haití a Cuba, un tema que recoge toda esa nostalgia, todo ese dolor, los simbolismos y el puente cultural que une a las dos naciones, a Haití y a Cuba.

    Además participa el grupo danzario Desandán que ayuda a llevar la conducción de la trama a través de la danza y el canto tradicional haitiano. Y Lucía Huergo estuvo en la composición de algunos temas musicales.

    ¿Qué planes distributivos tienes con el documental?
    Pienso que es muy importante que este material  no se deje de poner en el oriente del país, sobre todo en esas zonas donde aún se conserva la presencia haitiana, porque sería el homenaje verdadero y real para esas personas que sufrieron el reembarque y los desmanes del pueblo haitiano en nuestro país.

    (Fuente: www.cubacine.cu)


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Gloria Rolando


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