“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

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  • La vida de Adèle


    La vida de Adèle, amor explícito en la edad de crecer
    Por Rubén Padrón Astorga

    La vida de Adèle, película extraordinaria que se acerca con inteligencia y sensibilidad al tema manido de la adolescencia, que decodifica en tres horas la naturaleza compleja de su personaje, que relata una de las más impactantes historias de amor que veremos en mucho tiempo, provocó en su momento grandes molestias y fue acusada de pornográfica, sobre todo por círculos feministas, por incluir 10 minutos de sexo explícito.

    Es sorprendente lo mucho que diez minutos de sexo pueden afectar la sensibilidad de la gente. En La vida de Adèle, los personajes bailan aproximadamente el mismo tiempo, pero nadie se ha quejado de que el baile altere la progresión dramática. Algo similar ocurre con los llantos de Adèle. Sus lágrimas son puntos de giro entre una etapa vital y otra, son el inicio de su redescubrimiento erótico y el epílogo de su vida tal como la conoceremos. Son llantos conmovedores, pero oportunistas, pues cuando llora nuestras defensas críticas se tambalean. Y aunque a nadie haya molestado, por cada minuto de sexo hay una lluvia de lágrimas, lo que resulta dramatúrgicamente desproporcionado, por muy creíble que sea y muy bien hecho que esté. Sin embargo, cada vez que Adèle se quita la ropa se alumbra la lucecita venérea de la policía del sexo: desnudos gratuitos, erotismo sobreexpuesto, mirada masculina (reproche superficial en tanto elemento crítico).

    La película narra unos 10 años de la vida de la protagonista (aproximadamente entre los 15 y los 25), la etapa en que se termina de conformar la personalidad de la mayoría de la gente. Es por eso que el filme, a pesar de su título, se desentiende del resto de su existencia, pues lo que ocurra después ya no será decisivo. Se trata, pues, de documentar esta etapa, empeño que se logra acercando una cámara miope a la protagonista y asistiendo a los sucesos cotidianos más importantes de ese período formativo, desde una distancia testimonial. Tan cerca está la cámara, que La vida de Adèle está hecha casi exclusivamente con primeros y primerísimos planos, que se alejan solo para incorporar al relato situaciones que involucren al resto del cuerpo, o circunstancias externas que aporten significado la próxima vez que se cierre el cuadro. Lo demás es paisaje, y a la película no le incumbe. De ahí el interés por su llanto o por su cuerpo, que son colocados al mismo nivel espiritual y examinados como analogías de La vida de Mariana, la novela inconclusa de Marivaux, como paradigma de feminidad; del drama de Antígona, como medida de lo ineludible en la vida de la protagonista; o de los compromisos de Sartre, que le sirven a la adolescente como modelo de afirmación de libertad y responsabilidad existencial.

    Exponer la vida de Adèle es a tal punto su único objetivo, que el director tunecino Abdellatif Kechiche rebautizó la película con el nombre de la actriz, Adèle Exarchopoulos, y quizás nunca sabremos si fue ella o su personaje quien se mostró en la pantalla. Adèle es lo más natural que se puede ser en el cine. Cada gesto suyo está marcado por la torpeza de lo espontáneo, por la apatía ausente de quien no sabe que le están mirando. No vive para la cámara, al contrario, la cámara está ahí para ella. Y estuvo ¡800 horas!, tiempo que necesitó el rodaje para sacarle al personaje lo que tenía de persona, para convertir en experiencia vital un artificio cinematográfico.

    La historia de amor entre Adèle y Emma es el hilo conductor del relato, el centro alrededor del cual gira todo lo demás. En realidad, como historia de amor no tiene nada de especial, o no lo es más que cualquier romance intenso que pudiera vivir una persona. Lo extraordinario de este romance, o más bien del filme, es que todo en él es explícito y vehemente, desde las miradas hasta los besos, desde la furia sexual hasta el arrepentimiento.             
                                                                                                                                  



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