“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez

ENTREVISTA


  • Entrevista a Santiago Bou Grasso
    Por Vivian Mathis

    Parece tranquilo, habla con calma y se entusiasma cuando cuenta sobre sus cortos o recuerda el Bariloche de su niñez. “Me acuerdo andar en bicicleta en frente a La Anónima de Pioneros, estar por el medio de la calle sin preocuparme, era otro plan…”, recuerda con la nostalgia de aquel que volvió después de varios años al pueblo donde se crió, y ya no era el mismo.
     
    Va de aquí para allá, entre invitaciones a dar talleres, participaciones en festivales y luego, la vuelta a su casa, en Bariloche. Este joven de 35 años sabe que es bueno en lo que hace, no por egocéntrico, sino porque lo consiguió con dedicación. Pero además, le gusta lo que hace, y le da cierto orgullo ser pionero en su rubro. ¿A quién no le daría orgullo? Cuando este chico que se deslumbró con la técnica del 2D logrando meterse en pocos años en los podios de los principales festivales internacionales de cine del mundo.
     
    Seré privilegiada entonces de tenerlo sentado enfrente, tomando un té de hierbas, en una mesa de Mamuschka, cuando estas últimas semanas periodistas de todo el país intentaron hacerle notas presenciales sin saber de que el hombre vive en nuestra ciudad. Es que Santiago está siendo buscado porque su último corto, Padre,  fue preseleccionado para representar a Argentina en los premios Oscar, en la categoría Mejor Cortometraje de Animación.
     
    Sin lamentarlo Santiago admite que no le ve muchas chances a que su corto llegue a Hollywood. “El criterio de selección no creo que sea artístico cinematográfico. Esta es una etapa medio oscura, donde hay un poco de manejo...”, dice este joven que se autodenomina director de animación.

    ¿Te gustaría trabajar en Hollywood en los grandes estudios de cine de animación?
    No, sino estaría laburando allá. He tenido ofertas y no voy porque no me interesa.

    ¿Y te imaginaste alguna vez hacer lo que estás haciendo ahora: recorriendo el país dando charlas?
    No, aunque ahora es como que ya estoy recurtido, pero hace cinco años no. Salió todo muy espontáneo. Yo también trabajé y me formé mucho, tampoco es que se dio como a un chabón que vendía diarios y lo descubrieron como actor.
     
    De Festival en Festival
    Santiago se recibió de Diseñador en Comunicación Visual en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata. Es animador, ilustrador y trabaja como docente en la Universidad Nacional de Río Negro, en El Bolsón.

    En 2008, junto al también animador Patricio Plaza, presentaron el corto El empleo en el Festival Internacional de Annecy, en donde se alzaron con el premio de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI), siendo el primer corto argentino premiado en este festival. A partir de allí, el corto comenzó un camino sin fin, recorriendo las competencias más importantes de animación del mundo, y siendo considerado como una de las mejores piezas de animación en la historia. El empleo, que trata sobre la historia de un hombre que realiza su rutina habitual al trabajo y propone una reflexión sobre el sistema capitalista y la explotación del hombre por el hombre, ya recibió más de 100 galardones internacionales. Para Santiago este corto “fue una bisagra. Fue dejar de ser explotados por los estudios para hacer esto que nos ayudó a ganar confianza como realizadores. La idea era  hacer un corto en 2D, bien hecho, y que tenga un planteo. Pero no nos imaginamos que iba a pegar tanto o tener tantos reconocimientos y viajes”.

    ¿Cómo hacés para circular tus cortos por todos los festivales?
    Es un trabajo muy arduo de distribución donde hay que mandar el corto a cada uno. Cuando queda seleccionado en festivales importantes como Annecy, o ahora en la preselección de los Oscars, genera una súper prensa entonces hay festivales que te invitan y se produce una retroalimentación.  Ahora con las cuestiones digitales es más fácil, antes era mandar 300 DVDS o la copia en 35 mm.

    ¿Qué es lo que más te sorprende de los reconocimientos que has tenido con tus cortos?
    La repercusión. Que lo vean en tantos países todavía es algo que no puedo dimensionar porque es una cosa muy loca que alguien de Birmania te escriba. (Lo dice por el Facebook, su canal de comunicación con los miles de seguidores de distintos lugares del planeta que ya vieron sus cortos y le dejan mensajes).

    Tus cortos obtuvieron más de 180 premios, es como mucho, ¿no?
    Es una bocha, pero no le doy mucha bola a los premios. Yo me enfoco más en el corto. Me preocupa más conseguir los fondos, y una vez que está hecho ya está. Porque es como una lotería, los cortos dependen mucho del jurado, como que no hay un criterio que te haga entender por qué ganaste. Quizás tener tantos premios te habla de muchos logros, pero ganar tal o cual premio, a la larga si lo pensás, es medio aleatorio.

    Pero hay muchos que hacen cortos que valen la pena y no son seleccionados…
    Y hay otros que no valen la pena y sí lo son. Por eso no le doy mucha bola. Porque si no te ponés mal, decís trabajé tanto y no lo gano, o no queda seleccionado.

    La animación uno siempre la relaciona con lo infantil, con Disney, ¿te resulta difícil poder instalar con tu trabajo la idea de que la animación no es solo para chicos?
    Sí, hay un prejuicio re grande por parte del público y también de parte de los realizadores. Porque en un festival donde hay ficción o documentales, que gane un corto es rarísimo. Está la idea de que es como un formato menor, pero tiene que ver con la ignorancia. De alguna manera toda la figura de Disney plasmó como si esa fuera la única forma de hacer animación.

    ¿Es caro hacer un corto?
    Caro como hacer un largo, es más caro hacer un corto de animación.

    Sin límites
    Nacido en Capital Federal, a los 4 años Santiago llegó a vivir a Bariloche. Su primaria la hizo en la Escuela Nº 298 de Melipal, y la secundaria en el CEM 2. A los 17, partió a La Plata a estudiar, y luego eligió volver.

    ¿Por qué hacer animación?
    Porque me llamaba la atención el hecho de generar movimiento. Cuando hice el curso de animación y vi las primeras cosas que se podían hacer, me di cuenta de que era lo mío. Primero, desde un aspecto muy técnico: cómo era animar y mover. Trabajé en muchos estudios de animación y me formé, y en un momento me empezó a prender la chispa de hacer cosas que dijeran algo, y empezarme a despegar de lo que era la industria.

    ¿Qué sentís que podés transmitir a través de tus cortos?
    Lo que sea, es cine. Quizás lo más fantástico de la animación es que no tiene ningún tipo de limitación en cuanto a lo visual, y es el arma más potente para comunicar.

    ¿Cuánto influye tu estado de ánimo al pensar un guión?
    Una vez que arrancás el corto, hacés tu trabajo muy exhaustivo desde lo técnico, pero lo emocional no interviene más que en el placer de hacerlo.
     “…tenés que ser comprometido, técnica e ideológicamente, sino hablás por otro”.

    Acumulando premios
    Padre no transita un camino muy distinto a El empleo, ya que también ha sido multipremiado. Fue presentado en 250 festivales y seleccionado oficialmente en 180. En este corto, Santiago narra la vida de la hija de un represor durante la dictadura militar.

    ¿Por qué elegís hablar de la dictadura?
    Porque me parece importante hacerlo, no había piezas animadas al respecto, no había un corto de humanos con esa calidad tampoco, y mi idea era hacer algo que ocupe un estándar muy alto de calidad técnica y que baje línea tocando un tema así. No todos los directores se animan a decir que quieren “bajar línea”… En lo contemporáneo el vaciamiento de ideas es una cosa muy común. Los noventas pegaron muy fuerte a nivel cultural en todos lados, y hay como una cosa de no arriesgarse, no exponerse, una cosa muy facilista. Esto es una discusión muy recurrente en muchos festivales. Por lo general se bastardea el hecho de tener una postura.

    ¿Creés que existe una mayor intención por parte de realizadores de hacer visibles sus ideologías?
    No, aunque quizás desde el lado documental sí, porque siempre fue así. Por otro lado, hay algo como muy lúdico con el arte que no está mal, pero para mí tenés que ser comprometido, técnica e ideológicamente, sino hablás por otro.

    Con tantos premios, ¿sentís que tenés un reconocimiento a nivel local?
    Los directores de animación de Argentina somos muy poquitos. Afuera tenemos mucho reconocimiento y acá estamos peleándola como si recién empezáramos. Inclusive, en otros países tienen algún tipo de beca. Yo estoy arriba de los 180 premios y Juan Pablo Zaramella, que es el más conocido, está arriba de los 500 y cuando quiere hacer un corto se tiene que poner de cero para ver cómo hace para juntar la guita, y de alguna manera estamos representando a Argentina. Me pasa acá en Bariloche que no hay reconocimiento. El argentino tiene esa cosa como de mirar siempre para afuera, no autovalorarse.

    Esto le pesa, le gustaría sentirse un poco más cómodo en su ciudad, y en su país. Desearía poder generar sus cortos sin sentir que está remando contra la corriente en un lugar donde pocos reconocerán sus logros. Su participación en la última edición del Festival Audiovisual Bariloche, terminó por convencerlo de que no quiere realizar su próximo corto acá, está enojado y desilusionado con su ciudad. “El FAB fue como una patada en la cara para mí. Toda la pre producción del corto más un quinto de la animación de Padre, la hice acá. Me presenté en el FAB como Regional, y hubo toda una cosa zarpada de por qué me presentaba en Regional como si yo tendría que estar en Nacional porque estoy haciendo algo bueno y que le va bien. Lo más loco es que ganó el premio del público, el premio del INCAA, y el premio que era lo único que me iba a dar plata -10 000 pesos-, que lo pensaba usar para el próximo corto, no me lo dieron. Era la oportunidad en la que pensé que iba a haber un reconocimiento para seguir produciendo acá. Me condenan porque me va bien, no me apoyan y no me reconocen. Ni siquiera soy yo, no soy un actor. Es un corto que lo agarrás objetivamente y decís si es bueno o no.

    Porque no es la figura de “Santiago”, si les cae bien o no, es una cuestión objetiva. Es como una condena que me molesta bastante”. Como aquel que lo empuja a irse de un lugar, aunque no lo desee, Santiago está buscando nuevos horizontes para instalarse en un país donde pueda hacer su próximo corto. Quizás Francia, quizás México, algún lado para producir lo que proyecta. Mientras tanto, busca fondos –también en el exterior- para arrancar.
     
    ¿Qué haces además de estar dibujando y mirando cortos?
    Navego mucho cuando puedo, y toco el bajo con unos amigos hará un año.

    ¿Podés elegir los trabajos que haces?
    Sí, tiene que ver mucho con la guita y los tiempos. Trato de hacer menos laburos de animación porque como es mucho trabajo, me reservo el tiempo para el corto.

    ¿Qué piensan tus padres de tus logros?
    Están chochos, tienen un babero kilométrico. Lo loco es que mi vieja no miraba animación, es híper prejuiciosa, le cuesta, y no empatiza. Pero están re contentos con los logros y yo los adentré al mundo de la animación.

    ¿Cuando te preguntan a qué te dedicas, qué decís?
    Director de Animación, pero me causa gracia porque a veces creen que es animador de fiestas.

    ¿Cuándo estés en plena realización del próximo corto, qué elegirías de Mamuschka?
    Cualquier cosa que tenga dulce de leche.

    ¿Y qué compartirías con otros directores en un Festival?
    Kilos y kilos de chocolates.

    Y quién dice que Santiago Bou Grasso no siga acumulando premios y quizás hasta llegue finalmente a Hollywood, entonces toda la mirada cholula de la sociedad, de la prensa y de los políticos se colocarán en él y ahí, recién, lo reconocerán.

    (Fuente: Bariloche2000)


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