“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano.
Así de simple, y así de desmesurado”.
''¿Cómo se convierte a alguien en gay?'', se pregunta Jim Chuchu. Al cineasta keniano se le escapa una sonrisa incrédula e impotente mientras explica que su película, la primera que habla abiertamente de la homofobia imperante en Kenia, ha sido prohibida con la excusa de que promueve la homosexualidad. El amor al arte y la militancia llevaron a diez creativos del grupo multidisciplinar Nest, ubicado en Nairobi, a declarar la guerra a la moralista sociedad keniana con una bofetada llamada Stories of our lives (Historias de nuestras vidas).
El filme, estrenado en septiembre en el prestigioso Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF), suma un título a la pobre nómina del cine gay africano, que hasta ahora solo ha vivido de rentas extranjeras.
No en vano, de la quincena de películas del género rodadas en suelo africano, solo la keniana y Beauty (Belleza, Sudáfrica, 2011) son producciones genuinamente africanas.
Mientras la cruzada de la comunidad LGTB ugandesa ha dado la vuelta al mundo de la mano de laureados documentales estadounidenses, el prolífico Nollywood (Nigeria produce mil títulos al año) solo cuenta con tres filmes de temática gay, dos de ellos con asimilaciones a la pedofilia y el satanismo.
Stories of our lives era la primera que sacaba de la clandestinidad la vida de un colectivo que en Kenia es castigado con hasta catorce años de cárcel.
Los elogios que el riesgo y la factura del filme cosecharon en Toronto no fueron suficientes para que la Comisión de Clasificación de Películas keniana autorizara su exhibición.
La cinta, según el órgano censor, ''promueve la homosexualidad, lo que es contrario a nuestras normas y valores nacionales''.
''Ser homosexual no es como unirse al ejército ni una tendencia de moda. No sales a la calle y te conviertes en gay de repente'', ironiza Chuchu.
El cineasta quiere saber ''dónde están escritas'' esas normas que su criatura parece violentar, y advierte que ''la forma en que una sociedad trata a sus minorías dice mucho de sí misma''.
Los actores, cuya identidad permanece anónima por seguridad, dan vida a historias reales sobre las hostilidades que la comunidad gay afronta a diario en Kenia, por lo que la prohibición ''demuestra lo desconectada que está la Comisión de la realidad'', critica Chuchu.
La película intenta desmontar un prejuicio extendido: que la homosexualidad es ''antiafricana'', en apoyo a intelectuales como el célebre escritor keniano Binyavanga Wainaina, que salió este año del armario.
En una polémica entrevista grabada a principios de año, precisamente con la ayuda de Chuchu, el escritor defendía que la homofobia es una herencia colonial.
Meses después, los kenianos, divididos entre el disgusto y el asombro por el discurso de Wainaina, no pueden ver Stories of our lives en sus videoclubs, en internet ni de forma clandestina.
Nest no quiere correr riesgos después de que uno de los productores, George Gachara, haya sido acusado de haber rodado sin licencia.
A pesar de no haber sido exhibida, los kenianos hablan sobre ella en las redes sociales. ''La conversación se ha producido'', valora Chuchu.
A la pregunta ¿aceptará África los derechos de la comunidad LGTB?, responde el realizador que ''será una cuestión de tiempo, de hablar sobre estos temas'' pero otras veces no es tan optimista.