“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

ENTREVISTA


  • Llega una coproducción argentino-panameño sobre el accionar de Estados Unidos en Panamá

    Invasión es un documental de Abner Benaim sobre la recuperación de la memoria colectiva y la invasión estadounidense a Panamá en 1989, agresión que dejó un saldo aún no determinado de civiles asesinados.
     
    Llegará el jueves 12 de marzo al Cine Gaumont porteño y a partir del sábado será exhibida en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba).

    Tras haber sido vista por más de 50 mil personas en Panamá, y convertirse en la primera película en la historia de aquel país en ser enviada a la preselección del Oscar al mejor filme extranjero, Invasión traerá una reflexión acerca de los modos en los que la gente recuerda, transforma sus vivencias y a menudo olvida su pasado para darle forma a su identidad y convertirse en lo que es en el presente.

    Ganadora del Premio del público a la Mejor película de América Central y el Caribe y el Premio del público al Mejor Documental en el Festival de Cine de Panamá, la película de Benaim tuvo como coproductor al argentino Alejandro Israel, quien además se ocupa de la producción ejecutiva del filme junto a su compatriota Gema Juárez Allen.

    Para el director, su filme “es una oportunidad de documentar cómo un pueblo busca y forja su propia identidad. A través de la memoria colectiva en torno a un hecho traumático y compartido por todos, la intención era tratar de entender de qué fibra está hecho ese todo.

    ¿Quiénes somos los panameños y los latinoamericanos? ¿Qué nos importa, qué nos mueve y qué queremos ser?” La invasión estadounidense a Panamá se produjo en la noche del 20 de diciembre de 1989, por orden del ex presidente republicano George Bush (padre), con la excusa de detener al presidente del país, el general Manuel Antonio Noriega, un ex amigo de la CIA al que llevaron a Estados Unidos y condenaron por narcotráfico.

    Durante el ataque, que tenía como fin verdadero mantener el dominio estratégico del canal de Panamá, los invasores estadounidenses bombardearon diferentes edificios y recorrieron la capital panameña destruyendo posiciones de resistencia y asesinando a mansalva a un número aún no determinado (que va entre cientos y miles) de civiles indefensos.

    En una entrevista con Télam, el director del documental explicó los motivos del filme sobre esta invasión que fue olvidada por la mayoría de los panameños, quienes “parecían pensar que no había necesidad de recordar tanta tragedia, pérdida y violencia. Estas imágenes horribles parecían chocar con la auto percepción de paraíso tropical donde nada malo sucede nunca”.

    “Siempre me sorprendió el pequeño número de trabajos que surgieron acerca de la invasión de los Estados Unidos a Panamá en términos de literatura, cine y cualquier otra forma de arte en los últimos 25 años. Se siente como si la memoria colectiva sobre el tema esté en un cajón cerrado. Este documental es una oportunidad para tocar un trauma colectivo casi sin tratar, y analizar por qué se ha dicho tan poco sobre él”, afirmó.

    ¿Qué significó la invasión estadounidense para la historia de Panamá? ¿Qué consecuencias trajo y qué herencia dejó en la sociedad panameña?
    Las consecuencias de la invasión fueron muchas. Por un lado terminó el régimen militar y comenzó un proceso democrático que continúa hasta el presente aunque, por otro lado, hubo mucha muerte y como consecuencia existe mucho dolor por parte de los que perdieron a los suyos, y mucha culpa y vergüenza para los responsables. Creo que la herencia más obvia fue la vergüenza en el pueblo panameño de que no hayamos podido resolver nuestros problemas solos sin recurrir a otra nación mas potente, como una especie de invitación a agredirnos.

    ¿Cuándo decidiste hacer este documental y con qué objetivos?
    Veinte años después de la invasión aún no existe un consenso en torno a ella. Panamá es un país tropical, con una actitud muy jovial hacia la vida, pero a la vez se niega a ver las partes difíciles de su historia, de su identidad. Había muy poca obra crítica o literaria, ningún panameño había hecho ninguna película y en las escuelas no se enseñaba casi nada sobre la invasión. Pero lo
    fascinante es que cuando hablás con casi cualquier panameño mayor de
    35 años, todos tienen una historia que contar sobre su propia experiencia durante esos días. La memoria de la invasión estaba muy viva en las mentes de cada uno, y estaba también muy dispersa.

    ¿Qué criterios estéticos y narrativos te propusiste a la hora de filmarlo?
    Decidí imponerme una serie de reglas: sólo hablaría con panameños o residentes durante la invasión que pudieran contar su relato en primera persona. Las historias panameñas eran tantas y se habían contado tan poco, que preferí concentrarme en ellas y descartar el lado de Estados Unidos, porque sino hubiese convertido al documental en una historia de buenos y malos. Yo prefiero historias donde nada es tan obvio y donde uno debe tener su propio criterio y sacar sus propias conclusiones.

    ¿Cómo surgió la idea de no utilizar imágenes ni fotos de archivo para ilustrar la invasión?
    La idea de no usar imágenes de archivo era una apuesta por el relato hablado. Las imágenes que evocan los entrevistados resultan mucho más potentes que las imágenes de archivo que se podrían conseguir.

    Las fotos y videos, al ser muy concretas, son también banales. Hablan de un momento y un lugar como si reemplazaran a la verdad y no quería dar la impresión de tener la verdad de mi lado, sino de mostrar que hay muchas versiones de la verdad, y que las versiones predominantes se convierten en lo que llamamos Historia.

    ¿Qué aportaba esta idea de recrear cada uno de esos momentos históricos con gente de la calle?
    -Las recreaciones servían como estímulo para que la gente recordara y hablara sobre los temas en cuestión. Es una manera muy visual, muy gráfica de involucrar a la gente que está en el lugar de los hechos y que no necesariamente estaba advertida de que estamos haciendo un documental. Estas sorpresas que salen de gente “en la calle” me encantan porque le dan frescura y verdad a la obra de una forma que es muy difícil planear.

    Se nota que existen muchos panameños que no conocen la historia de la invasión, ¿a qué lo atribuís?
    La gran mayoría de los panameños jóvenes saben muy poco acerca de la
    invasión. Las razones de este desconocimiento son múltiples, y tienen que ver con aspectos fundamentales del ethos panameño, que es mercantilista y utilitarista. La historia reciente, si no aporta a la idea de Panamá como centro de comercio marítimo internacional, y no trae consigo nada bueno como turismo o inversiones, es descartada. Esa es la historia oficial, institucional digamos, pero los individuos, la sociedad en general sí quieren saber más, sí
    quieren más libros, más obras, más antecedentes.


    (Fuente: telam.com.ar)


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