“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano.
Así de simple, y así de desmesurado”.
Dice la sinopsis oficial de Párpados azules, del mexicano Ernesto Contreras, que "para enamorarse no importan los escenarios idílicos ni las situaciones perfectas; si no existe la complicidad necesaria para amar, no habrá forma de mirarse a los ojos con amor".
La recomendación es buena, pero pudiera encajar en muchas películas de corte amoroso. Y Párpados azules, del mexicano Ernesto Contreras, con su variedad de matices en un tema tan trajinado en el cine, ¡el amor!, no se parece a ninguna otra. Si a esto se agrega que es una ópera prima proveniente del llamado Cine en construcción, ese un poquito de presupuesto por aquí y un poquito por allá, pues a quitarse el sombrero ante el director y su hermano Carlos, responsable del guión, que esta es una película cuyos diálogos preceden la coronación de no pocas atmósferas trabajadas desde una impronta de sentimientos reprimidos.
Resulta interesante ver la reacción de muchos espectadores ante este drama. Una risa a veces nerviosa y en otras como si se reconocieran, sin quererlo, en el proceder de esa pareja de sobrevivientes en el complejo mundo de las relaciones afectivas.
La historia es simple: Marina, aunque atractiva, está marcada por sus apocamientos. Algo parecido le sucede a Víctor. Ya creció pero sin duda su mundo emotivo quedó en las aulas. De ahí que cuando cree reconocer a Marina, comienza una larga cadena de averiguaciones acerca de esta o aquella compañera, sin duda quimeras amorosas a las que una vez aspiró y dejó volar por su falta de arrojo. Marina, que no se acuerda de él, se gana un viaje a un centro turístico y no tiene a quién llevar. ¿Quisieras ir conmigo?, rompe entonces su cortedad y lo invita, más por desesperación que por complacencia.
En las relaciones de estos dos perfectos desconocidos antes de que llegue el día del ansiado viaje, teje el filme un entramado psicológico del alto vuelo, mientras pone a pensar, (de nuevo pone a pensar), acerca del más viejo de los temas, esta vez con una interrogante al final del metraje: ¿Mejor el riesgo, que el peligro a la soledad?
Excelentes actuaciones las de Cecilia Suárez y Enrique Arreola en una de las mejores cintas vistas en este Festival, pero ella, insuperable, es toda la película.