“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

CRITICA


  • Rosa Chumbe, una imagen coherente del mundo popular urbano limeño

    Buen debut del joven realizador peruano Jonatan Relayze. Lo primero que destaca en Rosa Chumbe, su ópera prima, es el logrado trabajo de ambientación (en interiores y exteriores), el uso eficaz del entorno urbano y la correspondiente caracterización de los personajes –tanto los principales como los varios secundarios–, consistentes con ese entorno. De esta forma, el filme ofrece una imagen coherente del mundo popular urbano limeño y, específicamente, el que asociamos con el culto al Señor de los Milagros, en cuya procesión logra internar el director a su protagonista. Este aspecto, así como todos los referidos a la realización y producción, han sido resueltos de manera impecable.

    El segundo componente interesante es la forma objetiva en que el director muestra a sus personajes y especialmente a Rosa Chumbe (Liliana Trujillo) y su hija Sheyla (Cindy Díaz). La cinta enuncia y muestra los fuertes problemas personales de ambas, pero no los explica, menos los justifica, ni -en el caso de Rosa- los desarrolla. Relayze tampoco las juzga, ya que se trata de mujeres fuertes y decididas, con una vida dura, enfrentadas, y poco dispuestas a ser cuestionadas o maltratadas; a ello abona también las actuaciones solventes de Trujillo y Díaz. Esta mirada objetiva –ni fría ni resignada– crea una tensión entre, de un lado, unos personajes distantes y con problemáticas poco empáticas y, de otro, el entorno social urbano con el que el espectador podría identificarse (a lo que habría que sumar los buenos chistes del gordo Casaretto y los episodios irónicos con el jefe de Rosa y la esposa de mismo).

    Pero, sin duda, el aspecto más interesante de la película es su desenlace. Ante una circunstancia fortuita, aparentemente trágica, la protagonista recurre inesperadamente al Cristo de Pachacamilla, uniéndose y llegando al corazón mismo de la concurrida procesión. Se crea así un contraste entre una vida gris, llena de vicios y carencias materiales y emocionales, y la obtención de un milagro. De esta manera, el favor divino lo consigue no el fiel creyente virtuoso (o fanático) sino –inesperadamente– el pecador (o pecadora) o víctima. Sin embargo, y fiel a su enfoque objetivo, la cinta deja este desenlace en la ambigüedad: ¿es un milagro o una pura casualidad?

    En efecto, al inicio del filme vemos a Rosa ganar un buen sencillo en el tragamonedas con fe en su última ficha; es decir, que ella confía en el azar y no precisamente en Dios. Luego, vemos que recibe varias “advertencias” para que mejore su desempeño laboral y en la organización de su vida por sus compañeras de trabajo. Pero además, de su jefe (en una entrevista algo bizarra sobre sus “problemas”) y más adelante, igualmente, durante la premonitoria aparición en sueños –y en plan pastrulo-angelical– por el gordo Casaretto. No obstante, ella hace caso omiso a las mismas.

    Estos episodios, externos, revelan algo de lo que tiene en mente la protagonista, nos demuestran que ella (y el director de la película) no tienen demasiada confianza en alguna creencia religiosa; salvo, en el caso de Rosa –y hasta cierto punto–, en la superstición o creencia en la suerte que buscan los ludópatas, basados en una supuesta destreza adquirida en los casinos. La decisión final de Rosa, por tanto, está basada en la desesperación y en la superstición antes que en una práctica o compromiso religiosos, así sean rutinarios.

    De esta forma, el enfoque sobre la fe es que esta no es absoluta sino que incorpora la duda, basada en la pura suerte, en la casualidad o en el error. La fe ciega es la de los fanáticos, mientras que la fe verdadera y fecunda es la que trae incorporada la duda dentro de sí. El tratamiento objetivo y distanciado de Relayze, pienso, inscribe a su película en este último enfoque sobre la fe; enfoque que podría haber ayudado a Eduardo Mendoza al momento de concebir el guion de su película El Evangelio de la Carne, obra relevante pero cuyo principal defecto es creer que la fe ciega, por serlo, no requiere de un mínimo de justificación dramática, ideológica o de otra índole que sostenga o explique la motivación de los personajes y los empuje hacia acciones basadas en una creencia absoluta, afectando así la verosimilitud del relato.

    La forma acertada de sortear este problema es la tomada por Relayze: la mirada objetiva y distanciada que deja espacio para la duda y el azar (que, después de todo, algunos interpretan como una forma típica de intervención divina). Sin embargo, resolver el problema de la otra citada película –de la que, por cierto, la historia de Rosa Chumbe podría haber formado parte (claro, que con otro tratamiento)– tampoco garantiza el éxito de público en la propia.

    Esto nos conduce a la principal objeción al filme que comentamos: si la examinamos desde el punto de vista de la dramaturgia ortodoxa encontramos un fuerte desbalance narrativo. De un lado, la historia de Sheyla –secundaria pero cuya temática es tan fuerte como la de Rosa– está planteada y desarrollada completamente, así sea de manera relativamente expeditiva. De otro, el relato principal (el de Rosa) está limitado a una anécdota ampliada de tal manera que –como señalamos antes– aparecen los temas una y otra vez pero nunca se explican ni desarrollan ni son fuente de acción dramática; en cambio, se insertan episodios irónicos y oníricos a manera de contrapeso, que conducen al (y mediatizan el) sentido del desenlace, tal como lo hemos descrito más arriba.

    De esta forma, pese a la sorpresa final, el público se siente frustrado por estos “vacíos” a lo largo de toda la película y agradece su menor duración; lo cual, no necesariamente es un defecto. Simplemente, estamos ante una manera distinta de contar una historia y no de la manera a la que estamos acostumbrados. Hay casos en que enfoques experimentales en el campo del lenguaje, la dramaturgia y/u otros aspectos formales conducen a desastres y hay otros que funcionan muy bien o, al menos, lo hacen en función del sentido que el autor busca transmitir. Confío en haber aportado elementos que demuestran que estamos ante este último caso y que –pese a que el director hace lo contrario que aconsejan las “reglas”– consigue una película destacable por las virtudes y sentido que he mencionado. Eso sí, de pronóstico reservado en materia de taquilla.


    (Fuente: Cinencuentro.com)


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