“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez

ENTREVISTA


  • Daniela Abad: “Haciendo la película de mi abuelo entendí a Colombia”
    Por Marái Jimena Bello-Martínez

    Daniela Abad nació en Medellín en 1986 y justo un año después, su abuelo, el reconocido líder político antioqueño Héctor Abad Gómez, fue asesinado por un sicario en la misma ciudad. Cuando finalizó sus estudios universitarios en la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña, España, decidió contar su versión sobre la historia de su abuelo con el documental Carta a una sombra. En entrevista exclusiva con La Nación, Daniela habló sobre cómo se pudo reencontrar con su abuelo a través del lenguaje audiovisual.
     
    ¿Qué significó para su familia contar la historia de tu abuelo en el lenguaje audiovisual?

    Yo creo que tanto para mi familia como para mí es un regalo muy bonito que pudimos hacernos, porque no es solamente recordar a mi abuelo e intentar que por unos momentos reviviera en la película sino que al grabar a mi familia, la gente que más quiero concretó la intensión de que en el futuro no sean olvidados.

    Pero realmente la intención de la película inició por unos holandeses que leyeron el libro de mi papá El olvido que seremos y querían hacer un documental. Este momento coincidió con unas vacaciones que pasé en Colombia, por lo que tuve la oportunidad de ver algunos rodajes y algunas entrevistas, sin embargo, no me gustó mucho lo que vi.

    Entonces me convencí que como directora de cine, de alguna forma yo tenía que hacer la película. Sentí mucha responsabilidad de estar ahí, de proteger la imagen de mi familia, de lograr que en la pantalla se vieran realmente ellos, que no se rompiera en la película.

    Fue junto a Miguel Salazar, un documentalista con más trayectoria que yo, con quien logré hacer la película sobre la memoria de mi abuelo Héctor Abad Gómez, la película que quería mi familia.
     
    ¿Cómo logras transmitir la memoria de tu abuelo en la película Carta a una sombra?

    Yo creo que es muy importante primero conocer las cosas a través de los ojos de otros, ¿cierto?, cómo pasa un poquito en la infancia, pero después es necesario aprender a mirar con tus propios ojos. Una primera parte del proceso lo leí, lo escuché, me lo contaron, pero luego hubo un momento en donde quise tener una opinión propia de mi abuelo, no una opinión heredada, entonces en ese sentido creo que los audios que oímos durante mucho tiempo hicieron que yo tuviera una cercanía directa con mi abuelo. Esta película me permitió conocer a mi abuelo. Este proceso también fue para mí una clase de historia magistral que me permitió acercarme a la realidad colombiana luego de estar tanto tiempo ausente.
     
    ¿Qué aprendiste de Héctor Abad Gómez en este proceso de reconstrucción de su memoria?

    En ese diálogo casi directo que entablé con mi abuelo durante este proceso aprendí dos cosas muy importantes: la valentía y la sinceridad con uno mismo. Él era muy sincero con lo que pensaba, sobre todo con lo que sentía. Para expresar la sinceridad hay que ser muy valiente. Yo creo que a veces uno piensa, o dice cosas que no son aceptadas, y para decirlas y poder mantenerlas en el tiempo con esa mirada propia, hay que ser valientes.

    Pareciera algo aparentemente sencillo, como ser uno mismo, lo que suena cursi, pero no lo es. Yo creo que poca gente se arriesga a ser “ella misma”, que realmente se pregunta todo el tiempo si lo que está diciendo es realmente lo que quiere decir, si lo que está haciendo, es realmente lo que quiere hacer.
     
    ¿Qué tiene Daniela Abad de Héctor Abad Gómez?

    La alegría y entusiasmo por la vida, por lo que está pasando, por estar enterada de todo, por preguntar y por preguntarse, por investigar. Heredé ese entusiasmo que hizo que mi abuelo hiciera millones de cosas en millones de lugares.
     
    Finalmente ¿de dónde surge su pasión por el cine?

    Desde muy niña mi madre siempre me mostró cine, íbamos a salas de cine, veíamos películas en casa, y cuando yo tenía 9 años vimos toda la filmografía de Hitchcock. Desde ese momento sentí que amaba el cine y que ese amor que tengo no ha desaparecido. El cine es la única pasión que se ha mantenido en mi vida y espero que nunca se me pase porque no sabría a qué dedicarme.



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