“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

ENTREVISTA


  • Ciro Guerra: “El cine es un instrumento de memoria”
    Por Sebastian Morales Escoffier

    Entrevista al premiado cineasta colombiano, cuyo nuevo largometraje, El abrazo de la serpiente, inauguró el Festival Internacional Pachamama-Cinema de Fronteira, que se celebrará en Rio Branco (Brasil) hasta el 28 de noviembre de 2015.

    Ciro Guerra hace parte de los cineastas que están cambiando el rumbo del cine colombiano. Sus películas hacen patente una intención de representar cierta intimidad, sin que eso implique alejarse de un gesto político.

    En su tercera película, Guerra se adentra a un espacio inexplorado para el cine colombiano: la Amazonia. El abrazo de la serpiente es un intento tanto de recuperar la memoria de los pueblos indígenas de dicha región, como un poderoso ejercicio de imaginación sobre un Amazonas mítico. El resultado es un equilibrio entre una película que bien se podría llamar naturalista con una visión fantástica del espacio filmado. Una exploración formal que le ha merecido hacerse del premio de la Quincena de realizadores en Cannes, lo que demuestra la buena salud del cine latinoamericano en general.

    El abrazo de la serpiente es la película de apertura del Pachamama Cinema de Fronteira. Era necesario entablar un diálogo con Ciro Guerra para conocer su visión sobre el Amazonas.

    ¿Nos puedes contar sobre los procesos creativos que dieron luz a El abrazo de la serpiente?
    El abrazo de la serpiente nace del interés personal por hacer una película sobre la Amazonia colombiana. Es una zona en donde hace más de 30 años no se hace una película. Es completamente desconocida para los colombianos. A diferencia de países como Perú, en Colombia no existe una literatura amazónica.

    En el proceso de investigación encontré textos de exploradores amazónicos (Theodor Koch-Grunberg y Richard Evans Schultes, ndlr), los primeros que recorrieron la Amazonia, en el principio del siglo XX. En los diarios de estos dos exploradores encontré una historia fascinante y que daba espacio para una película. Empecé a investigar, a viajar, a compartir con las comunidades. Me di cuenta que lo interesante de la historia era darle la vuelta.

    ¿Cómo comienzas a escribir el guion de la película?
    Yo empiezo a redactar el guion a partir de un proceso de investigación que tuve. Luego, lo confronto con la realidad, con la historia personal. Voy trabajando y reescribiendo. El proceso del guion fue muy largo, tres años y medio, 14 rescrituras. No creo que la escritura del guion se pueda reducir a un método. Fue un proceso de abandonar los métodos. Parar de fijarme tanto en las cuestiones históricas y etnográficas y empezar a descubrir la importancia de la imaginación y de la ficción. Los indígenas dicen que el mundo se crea cuando se cuenta.

    ¿Cómo encuentras a tus actores?
    Los personajes indígenas son todos naturales, son indígenas de la Amazonia colombiana. Íbamos por las comunidades de la región, invitando a la gente a participar en la película. La gente era muy entusiasta con respecto a eso. Nosotros le explicábamos de lo que se trataba, cuál era el significado de la película, la historia que queríamos contar. Para ellos, eso era importante. De ahí salieron los actores, de ese proceso, de andar por la región, de buscar, de hablar con ellos. Encontramos personajes muy interesantes, con mucho potencial. Iniciamos con ellos un proceso de preparación de varios meses.

    ¿Los actores son parte de una cultura que está desapareciendo?
    Yo quería hacer una película sobre una Amazonia que ya no existe. Los indígenas no se visten de esa manera, las costumbres se han perdido. Hoy en día la Amazonia es muy diferente. Lo que hicimos fue recrear la historia de lo que ellos sentían que era la de sus abuelos. En el caso del Karamakate mayor, Antonio Bolívar, tiene un punto de conexión fuerte. El pertenece a una etnia que está a punto de desparecer. Solo hay 16 personas que hablan su idioma. Quedan muy pocos sobrevivientes de esa etnia.

    ¿El actor tiene conciencia de que su idioma va a desaparecer?
    Claro. En la película se habla witatu. Es un idioma más fuerte, más vivo. Hay algunas palabras del idioma de la cultura de Antonio Bolívar. El actor está a punto de olvidar ese idioma porque no tiene con quién practicarlo. Yo quería que la película tenga más de este idioma, pero inclusive para él es una lengua casi olvidada.

    El relato de la película se basa en un proceso de recordar la historia…
    Sí, esta cuestión de la memoria es algo muy importante para occidente. La idea de que las cosas terribles hay que recordarlas para que no se repitan. Son 100 años de lo que ha ocurrido con el tema de la cauchera. Una película así tiene un poco de pedirle a la gente que recuerde. A los actores también, que se acuerden cómo se vestían sus ancestros, cuál fue la historia que ellos vivieron, las tradiciones que hoy en día están a punto de desaparecer porque a los jóvenes ya no les interesa. Ellos están más interesados en el modo de vida del occidental.

    ¿Cómo enfrentas el hecho de que estás trabajando con algo que va a desaparecer?
    Para mí el cine es un instrumento de memoria. Lo que uno ve en las películas son recuerdos, son momentos pasados. Son instantes del tiempo capturados pero que pertenecen al pasado. Si pensáramos en el futuro, se ve el valor que eso va a tener. Si podríamos ver una película de hace 500 años, por ejemplo, ya no importa si es buena o mala, sino lo que nos dice de su momento, de la gente que la hizo. Es un legado inconmensurable.

    ¿Por qué filmar un Amazonas de antes? ¿Por qué no mostrarlo como es actualmente?
    Porque esta memoria perdida hay que rescatarla para a partir de ahí mirar el presente. Para mí es importante que se tenga la memoria de eso. A partir del cine ese Amazonas puede volver a vivir. La película de la Amazonia actual tiene un carácter distinto, es otra película que hay que hacer también.

    La película ha despertado un interesante debate en Colombia. La pregunta central de la discusión se basaba en la pregunta: ¿Cómo representar al indígena? ¿Has pensado sobre esto al realizar la película?
    Lo que pasa es que en Colombia no tenemos una representación del indígena. Es realmente una sociedad que ha crecido de espaldas a eso. La representación del indígena es un tema complejo, como la de cualquier ser humano, que no estaría llevada por los prejuicios y los clichés que existen.

    ¿Has utilizado referencias visuales para hacer la película?
    Las únicas referencias visuales fueron las imágenes que hicieron los exploradores. Esas imágenes en blanco y negro con una cámara fotográfica que parecía de daguerrotipo. Son imágenes que hablan de un Amazonas completamente diferente al que tenemos ahora. Es un Amazonas que está desprovisto de exuberancia, de exotismo. Es otro mundo, otro tiempo. Nos hemos salido de las películas que muestran el Amazonas porque son obras en donde los indígenas no aparecen, no tienen una voz. Cuando uno comienza a conocer la historia de la región, te das cuenta que son películas profundamente colonialistas. Están hechas de un poco de vista, hace falta el otro.

    Muchas de las críticas a tu película citan el trabajo de Herzog. Filmas el mismo espacio, cambiando la mirada…
    Como eso es lo único que hemos visto del Amazonas, eso es lo único que la gente tiene en la cabeza. Si le ponen cualquier segmento, va a pensar en Herzog. Eso habla de la necesidad de otras narrativas. No se trata de copiar lo que ya se ha hecho en otros países, en otras culturas, sino de dar nuevas ideas. Permitir que nuevas ideas circulen.

    ¿Cómo ha sido la recepción de la película en Cannes, con un público europeo?
    La recepción de la película fue muy positiva, muy entusiasta. La gente agradecía mucho que la película los lleve a otro lugar, a un mundo que mucha gente no conoce, no lo han visto. Más allá de eso, la gente aprecia los recursos cinematográficos de la película. Es una película por la que al principio nadie daba un peso. Los europeos no quisieron apoyarla. En Colombia los cines no querían distribuirla. Pero luego la película ha tenido un éxito comercial muy importante. Se ha vendido en más de 30 países. Fue un éxito de taquilla en Colombia y en otros países. La gente quiere viajar, quiere descubrir. Creo que la película te da una perspectiva de otro mundo que le permita replantearse cosas sobre su propio mundo.

    ¿Qué retos se enfrenta uno cuando filma en la selva?
    El rodaje era muy exigente y la gente estaba preparado para lo peor. No teníamos que implementar una lógica de producción extranjera y ponerla ahí en la selva. Se trataba de seguir la guía de las comunidades, hablar con ellos, trabajar conjuntamente con ellos. Nos enseñaron a trabajar en este ambiente, a respetarlo. Tratar de tener un mínimo impacto. El resultado de eso es que el rodaje fue una experiencia bien bonita para todos los que la hicimos. Era una producción muy exigente pero teníamos un equipo muy guerrero y que creían mucho en el proyecto inicial. Además, recibimos la protección espiritual de unos chamanes. Eso ayudó hasta para que el clima colaborara. No tuvimos accidentes ni enfermedades. Vimos todo tipo de animales, pero no pasó nada. Fue una experiencia en la que sentimos que la misma selva nos estaba ayudando a hacer la película. Si no hubiera sido así, la película no se hace. El único día que nos llovió fue un desastre absoluto. Si las cosas no hubieran salido, la película no se hubiera hecho.

    Rio Branco se encuentra en plena Amazonia y hay muchos indígenas que van al Festival Pachamama. ¿Cómo te sientes de que proyecten tu película en un espacio así?
    Me parece fabuloso. Es una película que esperemos le abra los ojos no solo a los blancos, sino a nuestras comunidades indígenas. Cuando hemos tenido oportunidad de mostrar la película a las comunidades indígenas, fueron muy receptivas, han sentido que es verdadera. Tiene muchos aspectos con los cuales se pueden identificar, a pesar de que hay tanta diversidad y tanta variedad. No es lo mismo la Amazonia del Perú, del Brasil, de Bolivia o de Venezuela. Cada cual tiene su historia y su propia cultura. Esperamos mostrar la película en diferentes lugares de la Amazonia, porque ha causado entusiasmo.

    (Fuente: www.opinion.com.bo)


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