“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez

CRITICA


  • Esteban, una boconada de aire fresco para el cine cubano
    Por Paquita Armas Fonseca

    No voy a decir que el filme Esteban es una pieza perfecta, ni que signará los destinos del cine cubano, pero de lo que si estoy segura es que es un soplo de aire fresco en el panorama cinematográfico nacional.

    En sus noventa minutos de duración el espectador se enfrenta a un melodrama con muy pocos personajes, en un barrio pobre sin estridencias ni visuales ni auditivas que cuenta la historia de un sueño, el del niño Esteban que un día, por casualidad, disfruta de las notas de un pianista y se enamora de aquel aparato. Y hasta aquí cuento la historia que para aprehenderla hay que ver de nuevo a Yuliet Cruz, en el papel de madre de un niño especial. “Me preparé, dijo en conferencia de prensa, porque yo había acabado de hacer la Sonia de Conducta y me preocupaba que hubiera similitud”.

    Yuliet propuso algunos cambios de look, como rizarse el pelo, adelgazó y el director, Jonal Cosculluela, la ayudó para que el diseño de vestuario contribuyera a que Sonia no apareciera. Con esos retoques la actriz, una de las más camaleónicas de la escena cubana, pudo dar una vendedora, luchadora de la calle, sin ayuda del padre de Esteban, que muestra una incredulidad creíble sobre el sueño de su hijo.

    Manuel Porto, como siempre de Rey Midas, nos regala un gruñón y tierno maestro de piano, que camina con su culpa. Y a ese dúo se une el protagonista Reynaldo Guanche, el niño Esteban que tiene un sueño y hace lo imposible por alcanzarlo. Quizás encontrar a ese niño fue lo más difícil, realizaron varios casting hasta que Guanche enseñó su rostro de Esteban. Le contó a los periodistas que Porto lo inició en el misterio del llanto y que se sintió bien con Yuliet, aunque a veces lo llevaba recio.

    En el elenco están también en papeles pequeños, e importantes, Monica Alonso como hija del pianista e Ismael Isaac, padre del muchacho.

    Por supuesto, hay otros niños en la escuela y vendedoras en la calle, vecinos (Corina Mestre y Raul Pomares, en papeles especiales), en fin un barrio como cualquiera de Cuba u otro país.

    La cinta tiene como guionista a Amílcar Saleti, encargado del guion de la telenovela Latidos compartidos, de parte de la serie UNO, de Patrulla 444 y que escribió esta historia –un melodrama, género del que gusta- para un teledrama televisivo.

    Tuvo una primera madrina Vilma Montesinos que le propuso a Jonal hacer una película. Omar Olazabal los apoyó, Orlando Vistel los impulso y Joel Ortega acogió la producción, así con varios brazos unidos y halando parejo hace cinco años empezó a realizarse esta obra. Sería imperdonable dejar de nombrar a Maritza Ceballo, productora y esposa de Jonal que lejos de quitarle el sueño a su marido, lo ayudaba en su empeño “de hacer posible lo imposible”.

    Falta aquí un nombre esencial, el de Chucho Valdés, creador de la música, no sólo de la “parida” por Hugo, el pianista, sino de toda la cinta, por eso esa frescura en los planos. La melodía es sencillamente un protagonista más que dota de belleza a una imagen bella de por sí, lograda por Lianed Marcoleta. Es increíble que casi todo el equipo de realización es primerizo en el mundo del cine.

    Ahora Esteban inicia su camino en Cuba y otros lugares. La empresa Mediapro ayudará en esa andanza, que quizás le entregue a la empresa RTV Comercial otros premios, pero más que eso, siga demostrado que desde la institucionalidad es posible hacer un audiovisual con formas de producción que garanticen calidad y bienestar a los creadores.


    (Fuente: Tvcubana.icrt.cu)


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