“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano.
Así de simple, y así de desmesurado”.
Realizada en 2014 por el versátil, y a veces polémico, Zhang Yimou, su película Regreso a casa simboliza el retorno del muy reconocido autor al melodrama, un género que maneja a la perfección como quedó demostrado en las anteriores Ni uno menos (1999) o El camino a casa (2000). El filme también le permite revisitar el complejo entorno ideológico y sicológico de la Revolución Cultural, un tema que abordó con guante de seda, a partir de la perspectiva filial, o romántica, en Vivir (1994) o Amor bajo el espino blanco (2010).
Regreso a casa es, sobre todo, una sencilla historia de amor imposibilitado por la amnesia, que muestra singulares remembranzas con Penélope, de Serrat, en tanto ella espera, y él no vuelve, él regresa y ella no lo reconoce. Por supuesto, que las diversas emociones implicadas —en una historia mucho más compleja y atenta al contexto sociopolítico antes referido— pueden materializarse solamente a partir de las impecables caracterizaciones de Gong Li y Chen Daoming.
De este modo, el realizador pudo volver a trabajar con su actriz fetiche de otros tiempos, la dúctil y expresiva Gong Li, quien aquí da muestras de cuánto ha ganado en habilidades para comunicar cualquier matiz de las emociones humanas desde la época en que protagonizó aquellas tragedias históricas, también dirigidas por Zhimou, en las cuales la actriz ganó celebridad mundial: Sorgo rojo (1988), Jo Dou (1990), Esposas y concubinas (1991) y Qiu Ju, una mujer china (1992), entre otras.
En el nuevo empeño conjunto de Li y Zhimou se insiste en remover las heridas emocionales de los personajes, discursar sobre el paso del tiempo, y sobre el imperativo de reinventarse todos los días, para tratar de evitar que el pasado y la memoria te aniquilen. Y asombra la naturalidad cotidiana, y la concentración en los primeros planos y los interiores domésticos, de un filme donde el autor renuncia a la grandilocuencia visual y el paradigma heroico, manifiestos en la trilogía que integran Héroe (2002), La casa de las dagas voladoras (2004) y La maldición de la flor dorada (2006).
Aquí, Zhimou adapta la novela de GelingYan (una de las escritoras chinas más leídas dentro y fuera del país), mientras el filme se dedica a ilustrar, tal vez con excesiva parsimonia y detallismo, pero siempre con extrema sutileza, los laberintos de la melancolía y la desmemoria. Porque imágenes y sonido captan la ausencia y desesperación de esta mujer, incapaz de reconocer al hombre que eternamente espera, con la puerta de la casa siempre abierta para facilitar su llegada.
El más famoso y versátil de los cineastas chinos, nos recuerda en Regreso a casa su inmensa habilidad para vincular destino individual y colectivo, en fábulas nacionalistas e históricas que resultan, al mismo tiempo, atemporales y universales, capaces de conseguir a plenitud la identificación de cualquier espectador por su remisión a cierta iconografía romántica que pasa por la estación de trenes, el epistolario amoroso, los encuadres que subrayan la soledad y el olvido.
Según se cuenta, el filme causó tan profunda impresión en Steven Spielberg que estuvo llorando durante una hora. Después de verla, a nadie le sorprende semejante reacción del norteamericano. Otra vez: ¡Chapeau por Zhang Yimou!