“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez

CRITICA


  • Migas de pan, una película dura pero necesaria
    Por Natalia Calvo

    Manane Rodríguez es la directora de esta cinta, colaboración entre Uruguay y España, donde las protagonistas son Cecilia Roth y Justina Bustos. Esta película, tercera de la sección oficial en el Teatro Jovellanos, narra con una crudeza extraordinaria la detención, tortura y posterior liberación con consecuencias de Liliana, una activista política en el Montevideo de 1975.

    A través de imágenes crudas y con una presentación sobria, Rodríguez nos traslada en un flashback a los centros de detención, cárceles y la sociedad de mediados de los 70, cuando se instauró en Uruguay la dictadura de Juan María Bordaberry, a la par que las de Chile y Argentina.

    La historia de Liliana, según presentó la propia directora, es una historia ficticia, pero basada en hechos reales. Ha cosechado aplausos por todos los cines en los que se ha presentado y las mujeres a las que se consultó para el guion y rodaje, han coincidido en lo necesario y verosímil de las historias que se cuentan.

    Tanto Cecilia Roth como Justina Bustos realizan un papel perfecto, sin ninguna pega en la película, apoyadas por personajes secundarios con encanto, cada uno con una historia que se atisba perfectamente aunque no se exprese explícitamente. Aunque quizá lo que más cojea sea la relación madre/hijo, ayuda a formular el arco de los personajes, con un proceso de separación y redención que cierran la historia por completo en su último tramo.

    Todos los hechos que cuenta, retales importantes de la vida en las cárceles y centro de detención de mujeres en los 70-80 uruguayos, están representados de una manera realista, fidedigna y verosímil, poniendo al espectador en sintonía con la historia que se representa en la pantalla, llenando la sala de una empatía tal que, después del aplauso del público al terminar, sólo se respiraba un silencio reflexivo.

    Es una película dura, que te atenaza la garganta y te paraliza las lágrimas en los ojos. Pero necesaria, porque todas las historias que dan voz a los represaliados deberían rodarse, exhibirse obligatoriamente y hacernos recordar nuestra historia.


    (Fuente: Fantasymundo.com)


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