“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez

CRITICA


  • Joaquim, el nacimiento de un héroe brasileño
    Por Bénédicte Prot

    La coproducción luso-brasileña Joaquim, de Marcelo Gomes, en competición en el 67º Festival de Berlín, nos invita a ver —y a sentir— una época y un lugar que el cine aun no había explorado con tanta precisión y verosimilitud. Para relatar la historia de Joaquim José da Silva Xavier, apodado “Tiradentes” (interpretado por Julio Machado), antes de que se convirtiera en héroe nacional brasileño y gran icono de la independencia de su país, que por aquel entonces era una colonia de Portugal, Gomes nos transporta a la vida cotidiana en el estado de Minas Gerais en el siglo XVIII, durante la época en que la administración portuguesa (los “ladrones uniformados”), manteniendo con una inhumanidad casi medieval las desigualdades de esta sociedad en la que convivían el mestizaje y una cuidadosa segregación, acrecentaba su opresión explotando la tenacidad y el sudor de los buscadores de oro con el objetivo de aliviar las arcas de la reina.

    Aunque Gomes ha basado su filme en una investigación minuciosa de los decorados, el vestuario (que abarca toda una gama, desde los representantes de la administración portuguesa hasta los indios, pasando por los esclavos y los rebeldes negros), la iluminación, pero sobre todo la vida cotidiana del Brasil dieciochesco, lo más impresionante de esta cinta es la manera en que el cineasta hace tangible esta época.

    Al contrario que muchas películas históricas, que mantienen una fría distancia con el período que retratan, Joaquim nos pasea con la cámara al hombro lo más cerca posible de los personajes, sus cuerpos, sus gestos, sus olores incluso, por ejemplo en las escenas de despiojamiento (el motivo del parásito es recurrente) y de rapadura de Joaquim por Preta (literalmente, Negra, interpretada por Isabél Zuaa), la esclava a la que él ama, pero también en la espantosa escena de la pernada, que llevará a la joven a cometer asesinato y darse a la fuga, no siendo bien recibido por su amo el intento de Joaquim de comprarla.

    Como anuncia Joaquim a un compañero que le acompaña en su búsqueda de pepitas (que espera utilizar para encontrar a la esclava fugitiva, de la que está perdidamente enamorado), la situación del país “no es como en tu biblioteca”, su dureza se vive en profundidad, de manera física. En este mundo, a los niños pequeños se les niega un poco de sopa si son indios, y los que traicionan a la corona portuguesa son decapitados y descuartizados, una violencia omnipresente en las relaciones civiles y humanas que Joaquim cada vez experimenta más en carne propia, y que acaba por oprimirle hasta que toma la decisión que expresan estas palabras, repetidas una y otra vez, como si nuestro futuro mártir nacional retomara el aliento: “Esto se tiene que acabar, esto se tiene que acabar...".  Y es que él siente en sus carnes, profundamente, ese posible país que Gomes nos hace vivir: ese en que el esclavo negro y el indio cantan sus melodías al unísono, mirando en una misma dirección.

    Producida por Brasil (REC Produtores Associados Ltda.) y Portugal (Ukbar Filmes), Joaquim es vendida internacionalmente por Films Boutique.


    (Fuente: Cineuropa.org)


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