“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez

ENTREVISTA


  • Paulo Pécora estrena Amasekenalo sobre la primera coproducción argentino-angoleña

    El realizador Paulo Pécora estrenó el jueves 1 de junio en las salas de cine del porteño Cultural San Martín su documental Amasekenalo, diario de rodaje de Los Dioses de Agua, un filme que nació originariamente como un making-of de esa película de Pablo César pero que se transformó luego en el registro de la aventura cinematográfica de un reducido equipo de filmación argentino en Angola y Etiopía.

    El filme, que se verá en el marco del Ciclo de Estrenos PCI (Proyecto Cine Independiente) los jueves, sábados y domingos de junio, es un sensible retrato -con deliciosas viñetas sobre estos dos países africanos, sus ciudades, sus ríos, sus culturas y sus gentes- del modo artesanal como se puede hacer una película, en este caso la primera coproducción argentino-angoleña, dirigida por César y con Juan Palomino y Charo Bogarín como actores.

    El hermoso río Kwanza, las cataratas de Kalendula, unas edificaciones religiosas etíopes o un viaje en que se pierden en un campo minado mientras buscan un soba (sabio o mago de la aldea) que pueda descifrar unos signos pictóricos en la frontera con el Congo, son algunos de los momentos que registra el filme.

    En diferentes tramos del documental también aparecen el director de fotografía de Los Dioses de Agua, Carlos Ferro Gómez, el productor Pablo Ballester, el sonidista Rodrigo Sánchez Mariño, y el asistente de cámara, Cristian Vega, que toman parte fundamental, ya que la película registra su trabajo y la forma en la que lo compartieron con sus pares africanos.

    "Fui invitado por César como periodista para que cubriera el rodaje de Los Dioses de Agua en Angola y Etiopía y luego él me propuso también realizar un making of de la película, motivo por el cual viajé con la idea de hacer un registro de la filmación, algo que se fue transformando a medida que se iba desarrollando el viaje y la filmación en África", contó Pécora en diálogo con Télam.

    Autor de los largometrajes de ficción El sueño del perro, Marea baja y Lo que tenemos (en proceso de edición), además de destacado cortometrajista y miembro de la Federación Internacional de Críticos Cinematográficos (Fipresci), Pécora señaló que "en el viaje fue inevitable que me fuera metiendo en el equipo de filmación porque éramos muy pocos y había muchas cosas que hacer, desde mover los equipos, asistir a los técnicos o pasar letra con el director y los actores".

    "Al mismo tiempo iba registrando todo lo que podía, de modo que poco a poco lo que había nacido como un making of se fue transformando en la posibilidad de una película", agregó.

    César y su equipo filmaron en Luanda, la capital de Angola, y luego en las cataratas de Kalendula, en el caudaloso río Kwanza, en las aldeas de Kamassa, y en las imponentes Piedras Negras de Pungo Andongo, pero también en la ciudad sagrada de Lalibela y en los obeliscos milenarios de Axum, en ambos casos en Etiopía, en las búsqueda de un marco especial para el estado de trance extático del protagonista de su película.

    La cámara de Pécora lo acompañó por todos esos espacios y también abordó de un helicóptero, sobrevolando ríos y cataratas, y también en las selvas de Caxala, a través de rutas poceadas y caminos de arena que se abrían paso entre campos minados, para buscar un sabio de la etnia Tchokwe, uno de los últimos que quedan en África y que mantiene vivo el secreto de la escritura geométrica Sona.

    "Me convertí en una especie de observador omnipresente de todo lo que estaba sucediendo y, al mismo tiempo, estaba adentro de todo el proceso porque ayudaba en todo lo necesario de un rodaje muy horizontal, con gente muy profesional en cada uno de los rubros, con las contingencias y estrecheces de lo que puede ser una película independiente pero en África", relató el realizador.

    Télam: Entonces Amasekenalo es el producto de una serie de circunstancias en principio no planificadas...

    Paulo Pécora: La idea fue mantener el espíritu del making of pero ampliando la mirada, de modo de mostrar cómo César filmaba su película en África, pero también incluyendo en el relato las vivencias humanas de ese viaje y la relación que se establecía con los equipos de filmación africanos, en algo que mezclara el periodismo, el registro de un rodaje y un documental.

    T: ¿Cómo fue su encuentro con África?

    PP: Nunca me imaginé que fuera a ir a África, no estaba en mi horizonte, fue algo sorpresivo a la vez que rodeado de misterio. Fue una experiencia fuerte, sorprendente, fundamentalmente porque no se trata de países regidos por la cultura occidental; fue todo muy nuevo, muy inesperado y eso inevitablemente se fue introduciendo en el filme. No podía dejar de registrar todo lo que sucedía a mí alrededor, como la importancia que los africanos le dan a los ríos, por ejemplo, que es la vida para ellos: ahí pescan, lavan la ropa, buscan agua, se recrean.

    T: ¿Cuánto duró el rodaje en África y que diferencias hubo entre los dos países que visitaron?

    PP: Fue un mes entre Angola y Etiopía, dos países muy distintos. En Angola todo es más exuberante, la cultura es más vociferante, se trata de un país más selvático y la gente es de una contextura física importante, con una piel negra intensa. De los dos, es el país más occidentalizado, con un sector de nuevos ricos con un alto nivel de ostentación que pone de manifiesto profundas diferencias entre clases. En cambio, Etiopía es un país más árido, mucho menos occidentalizado, con habitantes más espirituales, tranquilos y austeros.

    T: ¿Qué fue lo que dejó la experiencia?

    PP: Hubo algo increíble y fue que casi no nos entendíamos para hablar. En Angola se habla portugués y en Etiopía se habla inglés, pero también amárico, una lengua muy antigua. Sin embargo, el lenguaje del cine apareció como algo real de lo que agarrarnos. A partir de la necesidad de comunicarnos, y más allá de los obstáculos idiomáticos y las diferencias culturales, había un lenguaje que lo superaba todo y era el lenguaje del cine.


    (Fuente: Telam.com.ar)


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