“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez

ENTREVISTA


  • Verónica Schneck: “Ser mujer y nadadora era toda una cuestión”

    Tras su versión en formato de recital teatral, llega el estreno de Crol (2017), un documental que homenajea a los nadadores argentinos de río. Con la dirección de Verónica Schneck, la película realiza una mirada retrospectiva hacia este deporte para reflexionar acerca de la mujer, el paso del tiempo, lo mítico, el legado y la pasión. “Me resultaba atractiva la evocación que generan los mundos cercanos al agua, mundos que a la vez que se referían a sí mismos, estaban yendo hacia otra cosa”, considera la cineasta en un diálogo con EscribiendoCine.

    ¿Cómo surge la idea de llevar el deporte en el río al mundo del cine?

    Me resultaba atractiva la evocación que generan los mundos cercanos al agua, mundos que a la vez que se referían a sí mismos, estaban yendo hacia otra cosa. Un mundo más hipnótico que la tierra, más flotante. Después de mucho tiempo de investigación y fracasos porque no aparecía ningún mito, llegaron los nadadores a través de fotos antiguas. Esos personajes podían dar cuenta de cierta especificidad, una tracción, un gesto de ataque.

    Nadar crol en el río es una decisión punzante. Eso decía yo como premisa. Y Pedro Candioti era eso, “El tiburón del quilla” le decían. Jugaban con la idea de “ser del río”, ser un bicho. El deporte en el río llega por ese lado, pero también esa idea de lo deportivo fue lo que determinó la forma, que antes era una idea solo evocativa, general. Y tanto la maratón como los raides, me sirvieron como formato para hablar del paso del tiempo. La largada y la llegada. El hacer horas. El nadar largo.

    Crol deja al descubierto el gran proceso de investigación y recopilación de información que hubo detrás. En este sentido, ¿cómo podrías describir el camino recorrido hasta llegar a materializar el film?

    El recorrido fue teatral primero, musical después, y cuando decidí que fuera también un documental, resurgió tanto lo teatral como lo musical, juntos. Así que esas partes tan diferentes del proceso, se organizaron y opté por un lado A y un lado B. Yo no estaba dispuesta a hacer algo multimedia, porque las ganas de trabajar musicalmente eran pensando en la gestualidad del que ejecuta un recital, y en cómo están esos cuerpos expresivamente, entonces competir con la pantalla no servía. Tampoco servía hacerme la canchera con los formatos, que bastante desconocía, sino separarlos para encontrar terrenos particulares, aunque el mundo era el mismo. El mundo es el mismo, el tema no. Seleccionar las combinatorias para cada cosa fue largo, a veces muy tedioso, otras apasionantes.

    Pero era mucho material, archivo, entrevistas, revistas. Primero eran todos los nadadores, había nadadores extranjeros que me gustaba mucho la mística que tenían, el Cocodrilo del Nilo, El Pez Volador. Después me quedé con los argentinos, y los de río, que tenían una lógica propia, física y filosófica, y la pica con los de pileta. Eso fue clave. La investigación de la película sirvió para armar el recital. Y el recital le dio música a la película.

    ¿Qué es lo que más te impactó acerca del cambió que se dio en este deporte con el paso del tiempo?

    Me impacta que es una tradición que se sostiene muy fuerte, aunque con otra tecnología. Antes era una hazaña, ahora es una competencia, no es que no siga teniendo ese espíritu pero, como dice uno de los personajes de la película: “antes éramos unos Fiat 600, ahora son unos Fórmula 1”. Y era una época más épica con el deporte. Las tapas de las revistas El Grafico. A Abertondo, a Candioti, lo conocía todo el mundo. Eran populares. Pero lo que más me impactó fue que lo que se hacía con el cuerpo para moverse en el agua, no estaba en ningún lado, hasta que apareció el dato de que en 1844, en Londres, se roba la brazada del crol, que ya se la estaba fichando desde antes. Los que nadaban crol eran los indios sudamericanos. Como en todo, el estilo evoluciona muy a la par de los paradigmas de época.

    En relación con la historia que se refleja, ¿qué diferencias se pueden encontrar entre la película y su versión teatral?

    La película es más triste. El recital es un homenaje, tiene momentos más eléctricos, momentos más folklóricos, momentos emocionales, pero el formato es de recital y de homenaje. Y estamos nosotros ahí, con nuestros cuerpos en el escenario. En la película se los ve a los nadadores reales, eso en términos de construcción, para mí es clave, porque yo vengo del mundo del teatro. Una cosa es un actor, otra cosa es un personaje de un documental. Aunque en algunas cosas pueda haber coincidencias, creo que más que nada en la mirada.

    ¿Qué valores podrías destacar de las protagonistas del film?

    Nadar crol es un valor, es un gesto decidido pero no ornamental. Estas dos mujeres que nadan o nadaron en el río, como tantas otras, y otros, deciden correrse de lo cotidiano y meter el cuerpo en otro tiempo, en otro espacio, por eso la idea de bicho, de ser otro, “hay un plus esfuerzo, ya no era el, era otro” dice La Mojarrita de Alto Verde, nadador santafesino, personaje fundamental de la película. Y nadar en el río, de noche, es muy poético.

    También el amateurismo, nadar por necesidad. Ser mujer y nadadora era toda una cuestión. Me gusta de los personajes que son como tracción a sangre, como los actores. Se lanzan a un espacio que no se ve el fondo. Y están siempre con esa cuestión de que nadie los conoce, que el futbol es más conocido, tienen entonces una cosa muy del amateurismo o la autogestión. Y los de río son medio filósofos, además de panzones, morrudos. Y las mujeres grandes nadadoras de resistencia, las nadadoras de fondo, en donde el valor es más el proceso, parece que las mujeres eran buenas. Las Yamanas eran nadadoras. Y la primera persona que cruzó El Rio de la Plata fue una mujer, Lilian Harrison, que se tiró a los 19 años, con cuatro nadadores hombres en un barquito al lado. Ellos intentaron pero no pudieron, ella llegó. Hay un archivo en la película de eso, que es hermoso. Y también un episodio del recital dedicado a ella.

    ¿De qué manera, crees que el documental repercutirá en el público?

    No tengo la menor idea, pero espero que algunas de las capas de la película lleguen a la gente, a lo sensorial, a lo popular, y también a lo que está abajo, el fondo del río marrón, ese fondo que es más difícil de organizar. Porque no es una película deportiva, ni informativa, aunque el deporte adjetive, y la información exista.

    Después del estreno de Crol, ¿cómo sigue tu año laboral?

    El 30 de septiembre hacemos una función del recital en el teatro La Carpintería a las 17 hs (Jean Jaures 858, cuyas entradas ya se pueden comprar por Alternativa Teatral), para finalmente cruzar los dos formatos en el tiempo. Por otro lado, están las ganas de que la película pueda hacer un recorrido federal, y sobre todo en los lugares que están cerca del río.

    Hasta el 30 de octubre seguimos con las funciones de Artaud, de Sergio Boris, en donde actúo. La hacemos en el teatro Beckett, vamos a estar en el FIBA, y en abril nos vamos a Paris.



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