“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

ENTREVISTA


  • El cambio de piel de la chilena Manuela Martelli

    A quince años de haber debutado en cine en B-Happy, la actriz chilena se apresta a dirigir su ópera prima, 1976, que ella misma escribió y que ganó recién el Fondo Audiovisual. Además, vuelve al teatro con la obra Democracia, con textos de Alejandro Zambra, que se estrenará en Santiago a Mil. Y acaba de inaugurar un centro cultural que busca abrir una sala de cine para 100 personas. Acá, habla de las falencias de la industria fílmica en la que hoy le toca moverse y de por qué quiso ir mucho más allá de la actuación.

    Entre la Manuela Martelli adolescente, revelación del cine chileno de los 2000 por sus papeles en las cintas B-Happy (2003) y Machuca (2004), y la de hoy, de 34 años, actriz de una veintena de cintas, guionista, autora de dos cortos y pronta a dirigir su primer largometraje, 1976, no hay muchas diferencias. Su cara sigue siendo la misma que la que aparecía en primer plano en los afiches de la película de Gonzalo Justiniano que la catapultó a la fama. Y sigue teniendo la misma distancia hacia las entrevistas y las fotografías. Así lo hace ver ahora, mientras el lente de la cámara la capta con el mismo pelo corto y rizado, el mismo cuerpo menudo y la misma mirada vivaz que tenía a los 18.

    La describen como tímida y cuidadosa de su vida personal, y la insistencia en ese punto de su personalidad, que suena hasta cliché en el papel, termina siendo cierta. Hablar de ella misma no es algo que le acomode, salvo cuando las preguntas tienen que ver con el cine, que hoy ocupa la mayor parte de su tiempo: su ópera prima, 1976, protagonizada por la actriz Aline Küppenheim y producida por la también cineasta Dominga Sotomayor (de Cinestación), además de la firma italiana Stayblack, acaba de recibir casi 200 millones de pesos por parte del Fondo Audiovisual del Ministerio de las Culturas y las Artes.

    Si no hubieran recibido ese apoyo, dice Manuela, lo más probable es que el filme hubiera quedado un tiempo más estancado.

    -Es muy difícil levantar un proyecto de esas características, una primera película, sin los fondos. No es barata, tampoco. Es una cinta de época -cuenta sobre 1976, filme que define como "íntimo", y que narra las vivencias de una mujer de 50 años, en el período más oscuro de la dictadura.

    -Siento mucha curiosidad de revisar procesos históricos, pero desde otro lugar. Plantearme yo la pregunta, volver a ir (a esa época) y tratar de entenderla desde mi lugar. Me parece súper necesario entender desde dónde venimos, qué es lo que hemos heredado -explica Manuela Martelli, quien no es una novata detrás de cámara. En 2013, mientras estudiaba un máster en realización cinematográfica en Filadelfia, filmó el corto Apnea, sobre la relación entre una niñita estadounidense y su nana latina, y al año siguiente estrenó Marea de tierra, que presentó en la Quincena de Realizadores en Cannes.

    Ahora, sin embargo, el desafío es a mayor escala, en todo sentido.

    -Los fondos que nos ganamos son alrededor de 2/3 de lo que vale hacer la película. Todavía no está financiada del todo. Digo, para que entendamos lo complejo que es producir y financiar una cinta acá. Soy una privilegiada, porque me gané un fondo. Pero al mismo tiempo sé que el apoyo es mínimo. Actualmente, no es de un estándar de industria. Si uno debiera hacer las cosas a la medida de los presupuestos, o limitándose a los presupuestos, se terminan produciendo películas que siempre tienen el mismo carácter. Porque no podemos aspirar a otra cosa.

    -¿A qué te refieres con tener el mismo carácter?

    -A que tienen un límite que responde a los presupuestos. Los presupuestos son limitados, entonces las películas terminan pareciéndose. Lo que pasa es que todavía, y hago un mea culpa, hace falta organización por parte del gremio para convertir esto en una industria -analiza. Y luego agrega:

    -Creo que el hecho de que el cine chileno esté haciendo ruido afuera, y que no sea algo fortuito -porque no es una moda, sino que hay mucho trabajo y talento detrás- se debe en gran medida al esfuerzo personal de la gente que está detrás de esas películas; a una devoción que va desde el director, pasando por el director de foto, por los eléctricos, los vestuaristas. Para mí, la pregunta es cuál es el siguiente paso, porque siento que tiene un límite, que (espero) no llegue a un punto de agotamiento donde la voluntad se acabe.

    En este caso, Manuela también sabe de primera mano de lo que habla. En 2016 estuvo durante tres meses viviendo en Los Angeles mientras grababa un piloto para una serie estadounidense.

    -Y estamos a años luz, en términos no solo de presupuesto, sino también de lo protegidos que están cada uno de los gremios, de lo profesionalizados que están cada uno de los sectores. Acá el estándar de trabajo es muy alto, pero allá cada uno sabe cuáles son los límites de su trabajo, y no tiene que hacerse cargo de otras cosas, porque va en desmedro de la película, sale perjudicada -asegura.

    Quizás por eso fue que Manuela Martelli decidió crear sus propiops proyectos.

    -Se ha dicho que 1976 es cine de mujeres, cine femenino.

    -Me encantaría decir que no me gustan esas categorizaciones, que el cine no se debería clasificar por géneros, pero lamentablemente las condiciones hoy son tan dispares entre hombres y mujeres que me parece necesario hacer esa distinción. Nuestra herencia histórica está cruzada por una permanente violencia intelectual y física contra las mujeres. Esa violencia continúa hasta hoy tanto en lo doméstico como en lo laboral -cree la actriz y directora. Y su reflexión sigue:

    -El reciente escándalo de Weinstein en Hollywood es una clara evidencia de eso. En el cine, esta disparidad no solo se manifiesta en las condiciones de producción, sino también en términos creativos y estéticos, en los contenidos. Se reproducen las condiciones opresivas a través de ciertos retratos femeninos hechos por hombres. Muchos de esos personajes lo que hacen es perpetuar esas relaciones de poder; las mujeres se retratan sin una subjetividad, sin voz. Por eso me parece fundamental que aparezcan nuevas narrativas desde el punto de vista no solo de las mujeres, sino también de otros sectores sociales oprimidos. Creo que el cine aún hoy es terreno de los hombres blancos. La entrega de los Globos de Oro hace pocos días es una clara muestra de eso; los nominados a mejor director eran solo hombres.

    Volver al teatro

    Fue estando en la Universidad de Temple, mientras estudiaba un máster en cine, que Manuela Martelli reafirmó que no solo quería estar delante de las cámaras, sino también tras ella. Entremedio la actriz filmó en Italia la cinta El futuro, de Alicia Scherson, en la que compartió roles con el actor de Blade Runner Rutger Hauer; además de protagonizar otras producciones españolas e italianas. Pero en Temple -salvo un profesor que la reconoció porque era fanático de la cinta Machuca- poco importaban sus credenciales: fue el lugar y el momento preciso para iniciar su cambio de piel.

    -Enfrentarte a gente desconocida te da una nueva mirada de ti mismo. Y te da la posibilidad de ser otro, también -dice.

    Viendo cine documental, experimental, y también mucha ficción, Manuela reafirmó que quería convertirse en directora, inquietud que, dice, tenía desde la adolescencia.

    -Pero sabía que no quería empezar por dirigir, sentía que tampoco tenía mucho que decir. Sentía que la carrera de dirección, o dirigir, simplemente, sin estudiar, era algo que necesitaba de un cierto bagaje, de vivir, tener experiencias -cree.

    Después de filmar "Apnea" le sorprendió mucho cuando comenzaron a llamarla para hablar de su "cambio de giro".

    -Me pasó mucho que me preguntaran por qué había hecho ese cambio. Ese "giro" en mi carrera. Yo insistía, y sigo insistiendo: para mí no es ningún giro, es una cosa más dentro del campo de lo creativo. Siento que hay una tendencia a ver las cosas de forma súper unilateral, como que uno solo puede hacer una cosa, tener especificidad en la ocupación que uno tiene. Me apasiona mucho el cine, pero lo que más me interesa son los procesos creativos, más que un formato, y, en ese sentido, no me incomoda moverme de un formato al otro; es súper excitante -cuenta la actriz.

    Además del cine, en los últimos dos años se ha movido en otras cinco bandas en paralelo: como guionista de la película Mar, de Dominga Sotomayor -con quien además creó la serie de TV "Alma"- y de su propia cinta, 1976; como profesora de la Escuela de Teatro de la UC; como encargada del casting de la aplaudida serie chilena Bala loca; como una de las gestoras del centro cultural CCC, que hace poco tuvo su inauguración oficial, y que este año espera estrenar una sala de proyección para 100 personas; y como actriz de teatro, en Brasil y en Chile.

    Manuela Martelli reconoce que las tablas han quedado en desmedro del cine en su carrera. Sin embargo, ahora volverá a ellas. Lo hará en el marco de Santiago a Mil, con la obra Democracia, del director brasileño Felipe Hirsch, a quien ya conocía de 2016, cuando fue parte del elenco de Una tragedia y comedia latinoamericana, que se presentó con mucho éxito en Brasil. Felipe la llamó porque había visto sus películas, y ahora, para Democracia -que estará en cartelera entre el 19 y 21 de enero en el teatro Finis Terrae-, no dudó en incluirla en su elenco junto a Trinidad González, Moisés Angulo, Matteo Citarella y Rafael Contreras.

    De Democracia, que está basada en textos del escritor chileno Alejandro Zambra y que fue creada especialmente para celebrar los 25 años de Santiago a Mil, no es mucho lo que Manuela puede contar.

    -Es un proceso muy íntimo. A él le gusta mucho perderse, entonces, cuando uno está en la mitad de ese proceso, es muy difícil hablar, porque no sabes a dónde va.

    -¿Qué ha significado para ti la experiencia?

    -He hecho poco teatro, en realidad. Y me interesa mucho este modo de trabajo, porque siento que la creación está muy expuesta, y los actores formamos parte del proceso (...) Hay muchas veces en que uno sale frustrado, muchas veces que se siente más expuesto. Es un teatro de mayor riesgo.

    Los ensayos, que comenzaron la primera semana de diciembre, son herméticos e intensos, por lo que Manuela apenas ha tenido tiempo para hacer otras actividades. Una de ellas fue la reciente inauguración oficial de CCC, Centro de Cine y Creación, fundado junto a sus socias Dominga Sotomayor, Catalina Marín y Rafaela Behrens, de Cinestación, que abrió el año pasado en una casona en Raulí 571, en Santiago Centro, y que ahora busca financiamiento para habilitar una sala de cine que acerque al público películas que no llegan habitualmente a los cines tradicionales.

    -Organizamos el año pasado un taller junto a Chileactores, donde trajimos a Stephen Bayly, director de actores, y al guionista Eliseo Altunaga, que ha trabajado mucho en Chile coescribiendo con Andrés Wood y Pablo Larraín, y fue una súper buena experiencia.

    -¿Te gustaría trabajar con Pablo Larraín? ¿Te ha ofrecido algún papel?

    Manuela Martelli, reacia a cualquier pregunta que tenga que ver con su mundo más personal -incluso si tiene que ver con cine- suena incómoda con el tema.

    -No me hagas esa pregunta, que me da mucho pudor.


    (Fuente: Economiaynegocios.cl)


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