“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

ENTREVISTA


  • La violencia no se controla con más violencia
    Por Diego Lerer

    Diez años después del triunfo de Estación Central, de Walter Salles, otro filme brasileño se alzó con el Oso de Oro en el Festival de Berlín: Tropa de elite. La sorpresa fue grande, pero no sólo para los medios y la industria, sino para el propio director, José Padilha, que no salía de su asombro. Ya ha pasado un mes y medio de aquel momento, y todavía no lo puede creer.

    "Feliz, sorprendido, las dos cosas a la vez —dice, desde Los Ángeles, donde está editando dos documentales—. Creo que no solo el premio es bueno para mí, sino también para el cine latinoamericano en general. Después de todo, Tropa de élite se coprodujo con la Argentina (ver "Ganar Berlín") y con los Estados Unidos. Muestra que nuestros dos países deberían hacer más cine juntos. Para mí, ganar fue un gran honor, y más habiendo recibido el premio de Costa Gavras, que no sólo es un gran director, sino alguien que entiende América latina".

    Tropa de élite es un filme con historia. Desde sus inicios, la producción de esta película centrada en el BOPE —un grupo especial de tareas tipo SWAT que opera contra el narcotráfico en las favelas cuando la policía ya no puede responder efectivamente— llamó la atención por lo conflictivo del tema y más aún viniendo de un director cuyo único crédito previo era un documental, Omnibus 174, que había sido muy crítico con las llamadas fuerzas del orden.

    Ya en la producción, cuestiones de seguridad fueron centrales. Más tarde, apareció una copia pirata en el mercado negro brasileño y la película llegó a ser vista por once millones de espectadores. Tropa de élite fue lanzada comercialmente y vista por otras 3 millones de personas en Brasil. Luego, el premio en Berlín. Y, en el medio de todo, la discusión: ¿Tropa de élite es una película que está a favor de la violencia policial como método para combatir el narcotráfico?

    Padilha dice que la historia se empezó a gestar cuando hacía Omnibus 174. "Esa película trataba de explicar cómo el estado brasileño crea violencia al maltratar a los pequeños criminales —explica—. Mientras la filmaba conocí a muchos policías y me di cuenta que el Estado también está creando una policía violenta y corrupta. Así que decidí que mi próxima película sería sobre ese tema. Así empezó todo".

    La historia se centra en el Capitán Nascimento (Wagner Moura), un policía del BOPE, duro e hiperviolento, que debe ocuparse de "limpiar" una favela antes de la venida del Papa. A la vez, se cuenta la historia de dos jóvenes de la policía común —Neto y Matías— que van siendo corrompidos por la institución y deciden pasarse al BOPE. De allí en adelante se contará la relación entre estos dos aspirantes y Nascimento, que quiere retirarse del trabajo activo y piensa que alguno de ellos puede ser su sucesor.

    ¿El caso del Papa y la "limpieza" de la favela existió realmente?
    La situación fue igual a cómo se la muestra en la película.

    ¿Fue difícil filmar las escenas ahí?
    Fue lo más complicado por motivos de seguridad, pero en general fue complicada de filmar.

    La película fue cambiando en el tiempo, hubo varias versiones de guión, varios cortes finales. ¿A qué se debió?
    Siempre hubo un único corte final, que fue mi corte del director, y de esa manera se lanzó la película en Brasil. Fue la misma versión que fue a Berlín y la que se estrena en los Estados Unidos y en la Argentina. Pero es cierto que existieron varios tratamientos y que la película cambió mucho desde el guión hasta el corte final. Eso tuvo que ver con que durante el rodaje los actores improvisaron mucho. Ellos no tenían el guión. Recibían entrenamiento, pero no los textos. Así que desde el principio supe que la película iba a evolucionar a partir de los impulsos creativos de mucha gente.

    La película es políticamente controvertida. ¿Cómo fue recibida en Brasil?
    En general, la reacción fue muy buena. Tuvimos buenas críticas y la película generó un debate acalorado, no sólo entre intelectuales sino entre el público en general. Respecto a sus temas políticos, sabía que iba a haber controversia, especialmente como reacción a algo que el filme sostiene acerca de las personas que usan drogas en Brasil. En el filme, un policía violento dice muy crudamente que la gente que compra drogas implícitamente financia a las pandillas armadas que controlan las vidas de muchas personas pobres en Brasil. Y si bien esta hipocresía es innegable, muchos periodistas prefirieron no lidiar con ella.

    ¿Cómo respondieron?
    Directamente dijeron que el filme era de derecha y eso creó un debate bastante confuso que alejó a la gente de los asuntos reales que se tratan en la película. Pero también hubo una reacción en contra de eso y, finalmente, la prensa brasileña entendió que el filme no es de derecha ni de izquierda. Es sólo una declaración de cómo están las cosas en nuestro país.

    Alguna gente consideró a la película "fascista". ¿Qué piensa de eso?El fascismo es un movimiento político organizado por un partido que quiere controlar el Estado, el Parlamento, la comunicación, la cultura y la educación. Mi película es sobre una unidad policial corrupta, un policía violento que enfrenta una crisis personal, un escuadrón que piensa que tiene el derecho moral de ser violento y la hipocresía de la gente rica que consume drogas sin pensar en los problemas que eso crea en otras áreas.

    ¿Cuál es su opinión del BOPE?
    BOPE es un síntoma del fracaso del estado brasileño, un síntoma de un estado que piensa, como Nascimento piensa en la película, que la violencia se puede controlar con más violencia. Esto es, por supuesto, un tremendo error.

    ¿Cuál cree usted que sería la manera de resolver el tema del tráfico de drogas y la violencia en Brasil?
    Pienso que hay que legalizar las drogas, especialmente la marihuana. El gobierno debería hacer grandes campañas para educar a la población, como lo hace con el tabaco, acerca de los efectos que las drogas causan en la gente. No hay que ignorar que el consumo del tabaco, un hábito adictivo, se redujo mucho con la ayuda de la educación y pese a todo el marketing de las compañías tabacaleras. ¿Por qué no tratar de hacer lo mismo con las drogas? Legalizarlas, pero también educar a la gente acerca de sus efectos. Para mí, esa es la mejor solución.


    (Fuente: clarin.com)


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José Padilha


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