“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

CRITICA


  • Chuva é cantoria na aldeia dos mortos, historia con mucha sutileza
    Por Neusa Barbosa / texto en español y portugués

    Festival se celebra en Fortaleza del 31 de agosto al 7 de septiembre
    Premio del Jurado en la sección Un Certain Regard en Cannes, la coproducción luso-brasileña con un título poético está firmada por el director portugués Joao Salaviza y la brasileña Renee Nader Messora. En realidad, se trata de una obra semidocumental, que acompaña escenas de la vida de la aldea de Pedra Branca, comunidad de Krahô, en Tocantins, siguiendo especialmente al adolescente Ihján (Henrique Ihjãc Krahô), que atraviesa el dramático paso a la vida adulta.

    Ihjãc perdió a su padre y debe hacer un ritual para que su espíritu pueda viajar en paz a la aldea de los muertos. Pero, amedrentado por oír la voz del padre muerto, lo que es una señal de que puede estar recibiendo un llamado para convertirse en chamán, decide partir hacia la ciudad - donde el malestar que siente es diagnosticado como hipocondría,  y donde no encuentra tratamiento, respuesta o comprensión.

    De cualquier modo, este viaje del muchacho al mundo de los blancos retrata con claridad la disfunción vivida por los indios en el ambiente citadino, en que no encuentran lugar ni el debido respeto, ya que sus referentes son desconocidos e incomprendidos. Todo esto transcurre en la historia con mucha sutileza, ningún discurso ante la cámara, que se mantiene  atenta a los movimientos de los habitantes indígenas originarios, que con certeza entregaron a la película sus imágenes, canciones, modo de vida, compartiéndolos con los espectadores. Probablemente, Darcy Ribeiro, si estuviera vivo, aprobaría este acercamiento respetuoso a la cultura indígena que promueve la película.

    Chuva é cantoria na aldeia dos mortos
    By Neusa Barbosa / texto en español y portugués

    Prêmio do júri na mostra Un Certain Regard, em Cannes, a coprodução luso-brasileira de nome poético é assinada pelo diretor português João Salaviza e a brasileira Renée Nader Messora. Na verdade, trata-se de uma obra semidocumental, acompanhando cenas da vida da aldeia de Pedra Branca, comunidade Krahô, no Tocantins, seguindo especialmente o adolescente Ihjãc (Henrique Ihjãc Krahô), que atravessa uma dramática passagem à vida da adulta.
     
    Ihjãc perdeu seu pai e deve fazer um ritual para que seu espírito possa viajar em paz para a aldeia dos mortos. Mas, amedrontado por ouvir a voz do pai morto, o que é um sinal de que ele possa estar recebendo um chamado para tornar-se xamã, ele decide partir para a cidade – onde o mal-estar que sente é diagnosticado como hipocondria e ele não encontra tratamento, resposta ou compreensão.
     
    De todo modo, esta viagem do rapaz ao mundo dos brancos retrata com clareza a disfunção vivida pelos índios nesse ambiente, em que não encontram lugar ou o devido respeito, já que suas referências não são conhecidas ou entendidas. Tudo isso transcorre, na história, com muita sutileza, nenhum discurso, diante da câmera atenta aos movimentos destes índios, que com certeza entregaram ao filme suas imagens, canções, modo de vida, compartilhando-os com os espectadores. Provavelmente, Darcy Ribeiro, se estivesse vivo, aprovaria esta aproximação respeitosa à cultura indígena que o filme promove.
    Resumen por: Fidel Jesús Quirós




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