“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

CRITICA


  • Muralla, algo mucho más personal y profundo

    La elegida para representar a Bolivia en los Premios Oscar. Muralla es la historia de un padre desesperado por salvar la vida de su hijo, aunque eso lo convierta en un criminal.

    Desesperado por la delicada salud de su hijo que necesita un trasplante con urgencia, el ex jugador de fútbol Coco “Muralla” Rivera se gana la vida transportando gente en su vehículo. Casi nunca lo reconocen como el arquero estrella que supo ser antes de caer en el olvido.

    Tiene un plan para salvar la vida de su hijo con un médico que por el precio justo puede hacer realidad el transplante de inmediato, pero es un dinero que está muy lejos de sus posibilidades. Al menos de forma legal, porque hace tiempo que un conocido con vínculos con el submundo criminal le hizo una oferta de trabajo.

    Lo que debe hacer espanta tanto a Muralla, que solo cuando el niño está al borde de la muerte en terapia intensiva se atreve a considerar aceptarla; en una sola noche consigue el dinero que necesita para sobornar al médico del trasplante, sabiendo que las consecuencias de su decisión lo van a perseguir por el resto de su vida, pero sin sospechar que tendrá que enfrentarse con ellas casi de inmediato.

    Todo esto que la mayoría se tomaría media película en mostrar, Muralla lo hace apenas en unos minutos; un arco que podría llenar por completo a una producción más chata, acá alcanza apenas para presentar a los personajes y su conflicto con agilidad y contundencia, porque lo que más le importa narrar al director Gory Patiño son las consecuencias de este acto criminal que se ve forzado a cometer un padre para salvar a su hijo.

    Quien persigue a Muralla no es la policía, que no da señales de vincularlo con el crimen o siquiera de estar haciendo algo. Es su propia culpa y los fantasmas derivados de su crimen los que lo obligan a hacer algo para intentar limpiar su conciencia, que no descansa tranquila con la justificación de que lo hizo guiado por la desesperación de estar viendo morir a su hijo.

    Lamentablemente, buena parte de esa potencia inicial que presenta a la historia con un ritmo y una belleza visual increíbles, se desarma durante el desarrollo posterior empezando a arrastrarse mientras el protagonista intenta rastrear a los criminales con los que hizo negocio.

    En ese proceso, el día pierde el encanto que tuvo la noche en la fotografía de la película, y cuantos más personajes aparecen menos le suman a lo que su protagonista en soledad tan bien hace en un principio. Vuelve a mejorar para el desenlace, atreviéndose a tomar un par de decisiones arriesgadas pero efectivas que la despegan de lo que en otras manos podría resultar una historia clásica de crimen y venganza, para terminar siendo algo mucho más personal y profundo.


    (Fuente: altapeli.com)


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