“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

CRITICA


  • Noche de fuego, un salto seguro a la ficción
    Por David Katz

    El debut en la ficción de la cineasta mexicana Tatiana Huezo, una adaptación de la muy elogiada novela homónima de Jennifer Clement, tuvo su estreno en la sección Una Cierta Mirada del Festival Internacional de Cine de Cannes. Esta coproducción internacional es un trabajo lleno de empatía y compasión por el destino de sus protagonistas femeninas, quienes tienen que luchar contra la inimaginable violencia del cartel local.
    Se trata de la historia de una pequeña pero muy unida familia que tiene que interactuar con el medio social de una comunidad que ha roto los lazos que la cohesionan. Respetando la estructura abarcadora de la novela (aunque el filme es una  adaptación libre del texto original), el relato está contado desde la perspectiva del personaje de Ana – interpretada en las edades de ocho y 14 años por Ana Cristina Ordóñez González y Marya Membreño, respectivamente – quien vive una intrépida existencia en las montañas del norte de México, donde un misterioso y aterrador cartel de la droga lleva a cabo una guerra contra los guardias federales locales, a su vez sumidos en la corrupción. El segmento de la infancia de Ana tiene una escena colateral que muestra cómo se crea el espacio para la construcción de una nueva carretera con explosivos controlados; los efectos especiales que lo muestra son de gran magnificencia, y nos indican una vez más que este es un lugar desafiante para que alguien vulnerable crezca en él.
    Tal como en los reportes periodísticos de la realidad, en el filme el Cartel está envuelto en el tráfico sexual de niñas y jóvenes. Aunque Huezo es capaz de captar las textura de la vida cotidiana, (…) una de las escenas reveladora es aquella en que la madre lleva a las niñas a cortarse el cabello; los responsables del cuidado de estas niña están tan desesperados que tratan de conferirles una apariencia andrógina para mitigar la amenaza.
    Cuando los especialistas en el documental se mueven a la ficción, solemos ver en su trabajo las huellas de su oficio anterior: por ejemplo, tomas estilo cine verité y el trabajo con equipos pequeños. Este filme, por el contrario, está bellamente filmado, pero nunca excesivamente pulido, al tiempo que Huezo orquestra variadas variables (efectos especiales, coreografía de multitudes, tomas de acompañamiento) las que requieren un grupo de habilidades totalmente opuestas a las del documental. El único punto débil del filme es la claridad narrativa: en uno de sus documentales, como el poderoso “Tempestad”, percibimos siempre las apuestas de sus personajes. Aquí los afanes de Ana y sus amigas se traducen en un juego del gato y el ratón, en el que el enemigo se hace cada vez más vago, a medida que el filme progresa, y de esta forma comenzamos a involucrarnos menos en lo que se muestra.

    Noche de fuego, es una coproducción entre México, Alemania, Brasil y Qatar, con la participación de Pimienta Films, Match Factory Productions, Desvia Produções, Bord Cadre Films, Louverture Films, Cactus Film & Video and Jaque Content; mientras sus ventas internacionales están a cargo de The Match Factory.

    * Texto traducido por Fidel Jesús Quirós

    (Fuente: Cineuropa.org)


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