“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

CRITICA


  • El camino de Sol, una historia de corazones rotos
    Por Arturo Abollado

    La responsable de Los insólitos peces gato vuelve a la pantalla con una historia de corazones rotos, desesperanzados, a los que la adversidad pone a prueba; especialmente en los momentos más complejos que cualquiera pueda imaginar. 

    A Christian, en la película El camino de Sol, no le gusta que le llamen por su nombre. “Es feo”, le dice a su mamá. “¿Entonces cómo quieres que te llame, mi amor?”, le responde ella. “Chris, Christy o Totis”, contesta el pequeño, y lo hace mientras está frente al volante de un auto estacionado, tocando estruendosamente el claxon del vehículo. Es muy temprano. La delgada neblina, casi imperceptible, que rodea la escena, nos indica que el sol apenas está iniciando su día. Pero al niño no le importa. Él sólo quiere llamar la atención de su papá… y lo logra. Pero, como siempre, un encuentro entre él y sus padres termina en pleito. Y mientras ellos arreglan sus diferencias a bordo del coche, alguien misteriosamente se acerca a él, lo rodea con sus brazos, lo carga y, pese a sus esfuerzos por liberarse, lo sube a una camioneta y todo se vuelve oscuro. 

    El camino de Sol, tercera película en la silla de dirección de Claudia Sainte-Luce no se opaca ante el resto de su corta pero brillante filmografía. La responsable de Los insólitos peces gato y La caja vacía vuelve a la pantalla con una historia de corazones rotos, desesperanzados, a los que la adversidad los pone a prueba; especialmente en los momentos más complejos que cualquiera pueda imaginar. 

    Aquí, la actriz Anajosé Aldrete (Todas las pecas del mundo) le da vida Sol, o a lo poco que le queda dentro de su corazón a esta madre soltera a la que, en un breve instante, le es despojado el motor más grande de su existencia. Con el secuestro de su hijo, su mundo se derrumba en segundos. Pero es en esos momentos cuando Sol, como una buena madre –una mexicana, especialmente–, encuentra un camino que podría reencontrarla con su Totis. Dicho camino quizá sea el más torcido y el poco ortodoxo, pero en este país y en esta realidad tan asfixiante, llega un momento de la vida en el que uno se agarra de ese pequeño de luz que signifique un poco de esperanza.

    Con su mirada, la actriz de Restos de viento (Jimena Montemayor) y Clases de historia (Marcelino Islas) nos deja en claro que, a partir de ahora, nada está prohibido para ella. Especialmente cuando debe reunir una suma fuerte de dinero para pagar el rescate de su hijo y la única forma de hacerlo sea secuestrar perros inocentes para cobrar su rescate. 

    Con la cámara vibrante del cinefotógrafo Carlos Correa (Nudo mixteco), la impotencia de Sol nos atrapa desde la pantalla; ya sea con una pequeña veladora iluminándole el rostro, contemplándola desde lejos mientras pasa una noche en vela o hasta cuando, oculta en su auto, le pone precio a la libertad de una mascota. En cada uno de estos momentos, vamos viendo cómo la vitalidad se le escapa del cuerpo a esta mujer, especialmente cuando, a la par del problema más grande que la aqueja, descubre que, por más gente que la rodee, ella se encuentra sola. 

    Aquí, Armando Hernández se convierte, de alguna forma, en cualquier ser humano que, en situaciones adversas, pierde la cabeza y se paraliza. Compartiendo cierta similitud con aquella poderosa actuación que le valió una nominación al Ariel por La paloma y el lobo (Carlos Lenin), este actor se muestra como un hombre incapaz de ayudar a su expareja y especialmente impotente por hallar a su hijo. Con esa mezcla de sentimientos, su figura poco a poco se difumina y termina por apagarse ante la tragedia.

    Con la película El camino de Sol, Claudia Sainte-Luce triunfa una vez más en llenar a sus personajes de una vida alejada de lo idílico y muy cercana a nuestros corazones. Son seres a los que se les ve la fractura y con quienes podríamos compartir esa desesperanza que percibimos desde la pantalla. Así sucedió con Jazmín en La caja vacía y también con Claudia en Los insólitos peces gato. A este trío de mujeres se les ve la fragilidad enorme que las carcome por dentro y esa desventura que intenta todo el tiempo derrotarlas. Y es en esa lucha constante de ellas por salir adelante donde nosotros somos testigos de historias que se nos quedan en las entrañas.

    Así, con nada más que su agonía, Sol se despide de nosotros mirándonos desde una ventana. Y por encima de ella corren y corren los créditos finales de esta película. Pero entre esas letras, somos capaces de ver a una madre que observa todo a su alrededor con la mirada vacía. Con ella, contemplamos por largos segundos un mundo donde aparentemente no pasa nada pero que, al mismo tiempo, es capaz de cometer las mayores atrocidades y despojar a la gente de sus mayores alegrías

    (Fuente: Cinepremiere.com.mx)


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