“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

ARTICULO


  • El legado y el devenir del Nuevo Cine Latinoamericano
    Por Verónica Córdova S.

    El Nuevo Cine Latinoamericano ha sido y es un movimiento cultural, cinematográfico y político que definió la vanguardia estética del continente y se inscribió en la historia como el primer cine latinoamericano visible, propositivo y también institucionalizado. 

    Cuando digo “institucionalizado” no quiero decir, de ninguna manera, burocratizado o anquilosado. Lo que esa palabra realmente significa en este contexto es la creación de instituciones que perpetúen los objetivos en el tiempo, más allá de la presencia física de sus impulsores iniciales. Aunque muchos de nuestros Maestros Fundadores ya nos han dejado, el Movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano subsiste y se sigue proyectando a través de tres instituciones: la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y la Escuela Internacional de Cine y Televisión. 

    Sobre el Festival, podemos decir que es el espacio más antiguo, más vital y más interesante para que el cine latinoamericano se exhiba, se comparta y se integre; es el espacio de encuentro por excelencia, donde se han forjado innumerables proyectos y se han consolidado muchas de las iniciativas de integración audiovisual más importantes del continente. 

    Sobre la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano podemos decir, sin temor a exagerar, que es el pilar que ha sostenido el cine nuestramericano no sólo desde hace 40 años, sino desde los Encuentros de Viña del Mar en 1967, Mérida en 1968 hasta llegar a 1974, cuando se creó el Comité de Cineastas de América Latina, semilla y cuna de nuestra Fundación. 

    No creo que haya tiempo, aunque me gustaría, de detallar aquí todo lo logrado por la Fundación en estas cuatro décadas impulsando la producción, distribución, investigación, formación, preservación y el pensamiento sobre el cine y el audiovisual en el Continente. Sólo déjenme mencionar en el área de difusión, promoción e integración audiovisual, proyectos como el Portal del Cine Latinoamericano y Caribeño, el Observatorio del Cine y el Audiovisual Latinoamericano; y la Biblioteca Digital especializada que se aloja en nuestro portal. 

    Como institución pionera en el fomento a la coproducción iberoamericana de conjunto con la TVE, la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano generó o auspició, desde sus inicios, proyectos de integración a escala regional e iberoamericana. Entre ellos están la conformación del Foro de Integración Cinematográfica Iberoamericana, que dio origen a la Conferencia de Autoridades Cinematográficas de Iberoamérica (CAACI); la Federación Caribeña de Cine y Video; y el programa DOCTV Latinoamérica. 

    La Fundación ha impulsado también el conocimiento, la investigación y difusión de pensamiento audiovisual a través de iniciativas como: el Premio de Ensayo sobre Cine en Latinoamérica y el Caribe; el Premio Octavio Getino de Investigación sobre el Espacio Audiovisual de América Latina y el Caribe; los Cuadernos de Estudios sobre Cine Latinoamericano y una larga lista de publicaciones sobre diferentes temáticas del cine y el audiovisual de la región, entre ellos la investigación sobre cine indígena y comunitario en el continente. 

    En el área de formación en cine y audiovisual, la Fundación ha creado junto a la Universidad de las Artes de Cuba una Maestría de investigación en cine latinoamericano y caribeño; aunque es más conocida por ser “madre” de una de las iniciativas más importantes del Siglo XXI en el campo de la formación: la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Casi cuarenta años después, sin embargo, madres e hijas se convierten en amigas, compañeras, aliadas.  

    Como graduada de la Escuela, y actual miembro del Consejo de  Dirección de la Fundación, me siento a la vez madre e hija. Y puedo ver con claridad que el puente generacional que han establecido nuestras instituciones está tendido ya, de una orilla a la otra. Los graduados de la Escuela ya somos cientos, distribuidos por los 5 continentes, haciendo películas de ficción, documentales, programas de televisión, festivales, formación y políticas públicas. 

    El universo audiovisual de nuestro continente se ha transformado gracias a estas instituciones, que han sido capaces de materializar la Patria Grande (la Matria Grande) a través de las historias y del cine. 

    Quedan, sin embargo, grandes desafíos por delante.  

    El cine ha cambiado. El continente ha cambiado. El mundo ha cambiado. Cada vez más, la capacidad de construir certezas depende de la posibilidad de dominar las narrativas. Ya no existe una verdad discernible y objetiva: las verdades las construyen quienes detentan el poder, de acuerdo a sus intereses más ruines. Pero, en contrapartida, ya nadie tiene el monopolio de la imagen: cualquiera puede instantáneamente convertirse en periodista, documentalista, historiador o cineasta. Bastará con una idea en la cabeza y un teléfono en la mano.  

    Son esos teléfonos, conectados a redes, los que nos muestran sin ambages la enorme oscuridad que nos acecha, desde Gaza hasta el mar Caribe. La tercera guerra mundial ha comenzado ya, hace años. Sus campos de batalla se extienden desde las estepas de Ucrania hasta las calles de Siria, Líbano, Irán y Yemen. Ha dejado una herida imposible de sanar en Palestina y Sudán, y ahora amenaza invadir Venezuela y destruir la revolución en Cuba. ¡Cómo si eso fuera posible!  

    Fue en un ciclo de oscuridad, como este, que nuestra Fundación comenzó a articularse en una red de intereses comunes, de posiciones políticas comunes, de miradas comunes – pero también una red de solidaridades. Un espacio para, a través del cine, resistir la oscuridad y crear luces que hasta ahora siguen guiando nuestros caminos.
     
    En este nuevo ciclo de oscuridad al que nos estamos adentrando, no lo hacemos totalmente a tientas. Nos ilumina la luz de nuestros padres, abuelos, hermanos mayores, que fueron por delante abriendo la ruta. En mi cultura andina, los muertos sabios no se van al cielo a jugar entre las nubes tocando arpas. Se vuelven montañas. Achachilas. Espíritus terrenos, físicos, que se encarnan en rocas para proteger a los vivos. Nuestra Fundación tiene Achachilas poderosos, que nos cuidan y nos han dejado pistas para que no nos perdamos más, no importa cuán oscuro se ponga todo. 

    A ellos les debemos estar listos para comenzar de nuevo, para re-inventar nuestro rol en este nuevo ciclo. Para que las lecciones aprendidas nos permitan sortear esta nueva embestida más fuertes y firmes que nunca. Los desafíos son distintos, pero la convicción es siempre la misma. Los que nos reunimos aquí, en el Festival, cada diciembre, somos otros - pero nos alimentamos de las mismas ideas. La Fundación el Nuevo Cine Latinoamericano es, debe ser otra vez, una red de resistencias, de solidaridades – pero sobre todo de respuestas nuevas a las nuevas realidades que este ciclo de oscuridad nos presenta. 

    Los maestros fundadores del Nuevo Cine Latinoamericano me enseñaron que no hay cine sin revolución, ni revolución sin cultura. De esta crisis global, de esta tercera guerra ha de salir una nueva forma de ser y de vivir, una nueva manera de relacionarnos entre nosotros y con la Pachamama. Al menos de eso estoy segura. Lo que queda preguntarse es qué cine debe acompañar a esa revolución en ciernes. ¿Vamos a seguir colonizados por Hollywood, Cannes y Netflix? ¿Vamos a seguir persiguiendo coproducciones, aspirando crear industrias, mirándonos los ombligos, imitando conceptos, persiguiendo contratos, apretando el botón rojo de grabar, haciendo cine, cine, cine, cine? 

    En un tiempo en que la oferta audiovisual hegemónica es enorme y nos persigue en las salas, los monitores, los televisores, las plataformas y los teléfonos ¿en qué momento vamos a empezar a preguntarnos qué cine nos toca hacer a nosotros?  

    A la Fundación le toca hoy la gran responsabilidad de responder a estos desafíos, terminando de trenzar el cine con la sociedad en un tapiz complejo, que va más allá de solo la industria o el entretenimiento. El rol de nuestras instituciones hoy es enlazar técnica e imaginación, con responsabilidad histórica. Y ayudar a pensar las respuestas que necesita la humanidad, que siempre ha necesitado: justicia social, dignidad, equidad, respeto a la madre Tierra. 

    En la cultura andina el pasado está delante nuestro y el futuro a nuestras espaldas. El tiempo no avanza linealmente, sino en círculos: es una espiral ascendente que siempre nos regresa a los orígenes. El pasado está delante porque lo vemos, lo conocemos, y al mirarlo podemos encontrar enseñanzas que nos guíen. Delante nuestro están las luchas y las películas, las ideas y los principios del Movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano: no son pasado, son el futuro al que nos dirigimos. 


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Verónica Córdova


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