“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

CRITICA


  • La dimensión de las palabras según el joven documental cubano
    Por Sahil Tabares

    Esa capacidad apasionante que tiene el documental de multiplicar voces, rescatar historias y asumir el más amplio registro de la vida, alcanza prominencia en La dimensión de las palabras, obra realizada por cinco equipos de jóvenes cineastas, a propósito del proyecto de alfabetización Yo sí puedo, en países latinoamericanos, con la producción del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), y la colaboración del Instituto Superior de Arte (ISA) y la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños (EICTV).

    A partir de un amplio despliegue de sensibilidad y ética, los directores Alina Rodríguez, Aram Vidal, Carlos Machado, Benny Ray y Daniel Vera, todos con experiencias filmográficas desde diferentes puntos de vista, aportan sus relatos para develar conflictos, sueños, prejuicios, en las vidas de hombres y mujeres de diversas edades, que en pleno siglo XXI, el de la información, el de la tecnología, aprenden a leer y escribir.

    Mediante el relato de 90 minutos, que integran cinco historias, dos en Bolivia, y el resto en Guatemala, Honduras y Venezuela, profundizan en la complejidad de un tejido social, de un sistema de relaciones entre pueblos e individualidades, en defensa de la identidad, el reconocimiento y el saber que incrementa nuevas realidades en sus vivencias y proyecciones.

    La prestigiosa cineasta Belkis Vega, asesora del proyecto junto al joven realizador Alejandro Ramírez, comentó sobre el talento de estos creadores entre 22 y 28 años:

    "El documental desarrolla el tema de la alfabetización en nuestro continente. Pero creo que va más allá de esto, ofreciendo en cada una de sus cinco historias, la esencia de lo que realmente significa para un ser humano aprender a leer y a escribir".

    La circulación de detalles, claves y matices, influyen en la estructura de la obra, que desbroza ese camino de acercamiento, de confrontación con universos y particularidades no reveladas o encerradas en circunstancias apenas conocidas, relegadas o forzadas al silencio. Los jóvenes cineastas realizaron 30 fotos en técnica digital, que se muestran en la sala de exposiciones del cine Chaplin.

    Benny Ray, estudiante de cuarto año de Dirección en la Facultad de Arte de los Medios del ISA, desplegó interesantes ideas narrativas en su propuesta, centrada en Honduras. Alina Rodríguez, graduada de Dirección en el ISA, significó la contradicción de los indígenas bolivianos, que para sobrevivir deben desarrollar junto al aymara, su lengua materna, el castellano.

    Con fluido acercamiento a los protagonistas y activa intervención en el desenlace de la narración, Daniel Vera, egresado del ISA en Dirección, junto a su equipo, develan índices de la realidad de Venezuela. Destaca la repercusión del proyecto humanista Yo, sí puedo, como parte de la reeducación y de la inserción de reclusos, en las transformaciones sociales que desarrolla la República Bolivariana.

    La obra capta en su conjunto la considerable diversidad de orígenes étnicos, religiones y culturas, los cuales no se mantuvieron estáticos, a pesar de las sucesivas colonizaciones, que limitaron durante siglos todo tipo de expresión y de desarrollo autóctono en América Latina.

    A partir de diferentes poéticas, reflexivas, provocadoras, los jóvenes cineastas abren vías hacia el conocimiento de realidades, las cuales resulta imprescindible registrar, teniendo en cuenta la dimensión de los cambios que alumbran el continente.



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