“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano.
Así de simple, y así de desmesurado”.
La Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños continúa siendo como la definió Fernando Birri, el arquitecto de su metodología, nuestro director fundador: es el diseño de Birri, o, como él prefiere, su "disueño". Un sueño alimentado durante años por el Comité de Cineastas de América Latina, todos ellos imaginando qué tipo de escuela podría ser montada por una generación de artistas que modernizó la expresión cinematográfica continental acuñando la idea de que el cine debe ser siempre nuevo. Todos ellos imaginando cómo podría ser una escuela que contuviese lo mejor de sus mejores herencias -la libertad de expresión, la militancia por la integración continental, la defensa de los derechos humanos, la determinación de los guerrilleros y el amor ecológico de los hippies, las prioridades generadas en la turbulencia de la década de los años 60 y principalmente su inteligencia nuclear, su estrategia histórica: la permanencia de los cambios, la revolución permanente, para dar continuidad a un cine siempre nuevo, siempre huevo, siempre semilla, siembra, semen, con la conciencia de todas las mutaciones genéticas posibles o aparentemente imposibles, con el coraje de prever y provocar estas mutaciones.
El nuevo cine latinoamericano renacerá y será otra vez nuevo cada vez que un joven empuñe una cámara y filme nuestras vidas según su punto de vista, su particular mirada latinoamericana, su rebeldía, su impulso para superar todo lo que ya ha sido hecho incluso las películas, las actitudes, las posturas de la generación de los 60. El vivir revolucionario de Glauber Rocha, energía vibratoria de esta generación. Montar una escuela como la que tenemos, donde Glauber pudiera haber sido un alumno sin sentirse prisionero de reglas, tabúes, academicismos y que, al mismo tiempo, fuera capaz de entrenar a los muchachos en la disciplina y en la técnica necesarias para que un filme o un programa de televisión sean materializados; una escuela donde Glauber hubiera podido ser profesor, jefe de taller o director sin que eso fuera transformado en un tremendo escándalo; montar una escuela sí era una tarea difícil, complicada, casi imposible en un continente asolado por dictaduras, violencia, miseria, deudas, hambre, bajo constante y aplastante presión imperial, donde la libre expresión de las opiniones y de los deseos, piedra angular de tal escuela,fue siempre impedida, aun a punta de pistola.
Los cineastas latinoamericanos convocaron a Fernando Birri para dibujar su sueño, el "disueño". Y Fernando dibujó y montó la EICTV, agregando, al de América Latina y el Caribe, el sueño de los cineastas africanos y asiáticos por sugerencia de Cuba, que apoyó el proyecto y ofreció las instalaciones y la manutención básica, una escuela en el campo, cercada por naranjales y palmas reales, equipada con antena parabólica, computadoras y tecnología audiovisual. Una escuela glauberiana y birrista. Y, por supuesto, santiagoalvarista, de Santiago Cirilo Alvarez Román, el documentalista del cine de urgencia, de la informaturgia, nuestro maestro perenne. Una escuela abierta a la invención, al experimento, a la transgresión estética.
El sueño de los veteranos cineastas latinoamericanos sólo pudo ser materializado con el apoyo decisivo e incondicional de dos personalidades de prestigio universal, un político y un artista: Gabriel García Márquez y Fidel Castro Ruz. Gabriel, el artista, creó las condiciones políticas, montando con los cineastas la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, una institución no-gubernamental, captadora y generadora de recursos, sin fines de lucro, con patrimonio y personalidad propias, independiente única matriz posible para un proyecto cultural de punta. Con un pie en el bolero y otro en la informática, la escuela avanzó durante estos años caminando las encrucijadas y los laberintos mágicos mapeados por García Márquez, nuestro profesor de dramaturgia.
Si la escuela es glauberiana y birrista, es también, natural y globalmente, garciamarquiana. Fidel, el político, ofreció la base material, las condiciones técnicas. La escuela está y siempre estará agradecida a Cuba, al Instituto Cubano de Radio y Televisión, a Cinematografía Educativa.
Provenientes de 36 países, nosotros vivimos durante estos años la intimidad de la isla, comulgando con su pueblo el día a día de sus grandes logros sociales y sus grandes problemas. El agradecimiento y la solidaridad con Cuba no es una cuestión política o ideológica, sino una cuestión de conciencia humanística, humanitaria.
La Escuela Internacional de Cine y Televisión, agradece el apoyo de las Asociaciones de Amigos de la Escuela de Italia, España, Francia, Alemania, así como a todos los países, empresas, instituciones y personas en todo el mundo que nos brindan su ayuda.
La Escuela de Tres Mundos entró ya en la fase de consolidación como un centro de capacitación técnica y de combustión creativa. Sabemos lo mucho que nos espera en los próximos cinco años, sabemos que tendremos que cruzar un lustro más en un mundo tumultuoso y sediento de nuevas ideas y cruzarlo en un continuo proceso de perfeccionamiento y autosuperación, porque queremos ser cada vez mejores y cada día más revolucionarios en el sentido más profundo de esta actitud. Se aceptan sugerencias, propuestas y donaciones.
(Fragmentos de un artículo de la revista TELOS titulado La escuela de Tres Mundos, referido a la Escuela Internacional de Cine y Televisión, de San Antonio de los Baños)