“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

ENTREVISTA
  • Conversación con Luis Alberto Lamata en ocasión de su última película El Enemigo

    Lamata, quien filmó para la Villa del Cine Miranda Regresa, ahora intenta una propuesta más autoral, más propia del cine independiente y de bajo presupuesto. Y es que El Enemigo, reflexión intimista sobre la violencia en la urbe caraqueña, fue financiada exclusivamente con aportes personales y la colaboración solidaria de artistas y técnicos. Además, la cinta fue rodada en tan sólo quince días, en video digital y con un equipo de trabajo bastante reducido.

    Hace unos días tuve la oportunidad de conversar y entrevistar vía telefónica al señor Lamata. Aquí les transcribo el resultado de nuestra conversación.

    Hablénos un poco sobre El Enemigo. ¿Cómo nace esta idea?

    El Enemigo está basada en la obra de teatro Un corrío muy mentado, de Javier Moreno. La obra de Javier Moreno me conmovió profundamente, pues sin dejar de mostrar con dureza la realidad de unos sentimientos, no perdía de vista la posibilidad de la compasión cuando eres capaz de reconocerte en otro. Y lo hace sin sentimentalismo. Al escribir el guión nos reunimos varias veces, pues siempre quise respetar la esencia de la obra y en especial un tono y un diálogo que le quitaban a la violencia urbana una banalidad a la que el cine a veces nos ha acostumbrado. El guión es mío, pero por supuesto inspirado en la obra de teatro y como toda adaptación tiene muchísimos cambios. Son dos medios totalmente distintos, con maneras de contar muy diferentes. En el proceso de traducirlo de un medio a otro la historia necesariamente cambia o toma unos quiebres distintos a la obra de teatro. En el fondo mínimo, la historia sufre transformaciones.

    Uno de los aspectos más interesantes de la película, además de haber sido grabada en escasas dos semanas, con un grupo y un presupuesto mínimos, es el hecho de haber sido filmada en video. Sus obras anteriores han sido realizadas exclusivamente en 35mm. Háblenos un poco de lo que significó este cambio.

    Yo vengo de una generación que llegó al cine en circunstancias muy particulares. Hacer un cortometraje implicaba pasar por el cine, por el proceso fotoquímico. Mi primer cortometraje en 1984 lo hice entre otras cosas porque después de trabajar en una película no había como terminar de pagarme en efectivo y entonces el pago fue unas latas de película que habían sobrado. A partir de allí hice un corto en 35mm y todas mis producciones inevitablemente tuvieron que pasar por este formato, lo que hacía que hacer cine fuera un proceso enormemente complicado. Al nacer la tecnología digital se abren nuevas perspectivas porque se acerca mucho más al realizador la posibilidad de llevar adelante los proyectos. Esta vez, a diferencia de proyectos anteriores tenía a la mano la tecnología digital. El Enemigo se grabó con una cámara bien sencilla, en formato Divicam.

    Cuando vemos el trailer de El Enemigo, vemos una imagen pulcra, nítida, con una similitud increíble con el cine tradicional. Sin duda se nota un cuidado minucioso de la fotografía. ¿A pesar de lo que implica el video, uno de los formatos más sencillos y espontáneos que existen, cree que se necesita un director de fotografía para filmar con él?

    Yo preferí trabajar con un director de fotografía profesional a pesar de ser una película de muy bajo presupuesto. Traté en lo posible de trabajar con un equipo profesional, mínimo, pero profesional. Casi todos ellos habían trabajado conmigo en los largos anteriores y son técnicos con experiencia tanto en 35mm como en video. El mérito de la calidad de la imagen se debe fundamentalmente a la obra de Alejandro Wiedemann quien fue el director de fotografía.

    Ahora que hizo El Enemigo en video, ¿diría que el futuro del cine es el independiente de bajo presupuesto?

    El futuro del cine es que tengamos muchas puertas que tocar. Yo en algún momento de mi carrera, cansado, porque constantemente se me rechazaron los proyectos en el CNAC, tomé la decisión de no volver a meter proyectos: durante 5 años efectivamente no lo hice. Asumí que estaba cansado de esa rutina, del esfuerzo de ilusionarte con un proyecto, de presentarlo y entonces encontrarte que por muchas razones pues sencillamente no lo aprobaban. Me encontré que tenemos pocas puertas para solicitar apoyo en caso de que se te cierre alguna. El esquema del cine venezolano debe estar sentado sobre la base de que haya diversos caminos. Por ejemplo: me parece interesante que el Estado asuma directamente la producción de una parte del cine a través de la Villa del Cine. Creo que le da oportunidades a los profesionales de trabajar, de ahí pueden surgir proyectos interesantes, por supuesto habrán buenas y malas películas como en cualquier circunstancia, pero que en la medida que el Estado maneja unos recursos, pues que esos recursos sean utilizados en la producción de cine me parece fundamental. En paralelo creo necesaria la existencia de una institución como el CNAC, donde te apoyan un proyecto de tipo autoral. Ese respeto a la parte autoral me parece importante. Pero siento que la tercera puerta es importantísima, que es la que estoy explorando con El Enemigo, es cuando tú logras reunir esos recursos mínimos que te permiten realizar una película. Yo quisiera que ese dinero que el Venezolano deja en la taquilla y que va para esos fondos que generan recursos para el cine, fuera directamente a ese cine independiente a través de varias vías, como el apoyo a la post-producción o el pase de video a 35mm. Hay una gran cantidad de figuras que debemos considerar, de manera que si la Villa del Cine no te acepta tu proyecto, puedes ir al CNAC, y si el CNAC no lo considera, pues que exista la opción de hacer cine independiente. Hay que crear las conexiones y las redes para crear el cine independiente.

    A pesar de ser de bajo presupuesto, el reparto de El Enemigo cuenta con figuras bastante reconocidas: Lourdes Valera, Carlos Cruz, Daniela Alvarado, Caridad Canelón, Gledys Ibarra, Aroldo Betancourt y Elba Escobar, entre otros. ¿Cómo fue ese proceso de casting?

    Se trata de compañeros con los cuales he trabajado en muchos proyectos, especialmente en televisión. Mi oficio, del cual vivo, el que permite hacer cine, es la televisión. Esos actores y actrices además de ser grandes profesionales son extraordinarios amigos. Gracias a su participación generosa es que la película es posible. Ellos entendieron las circunstancias del proyecto, creyeron en el guión y en los personajes que se le proponían y se hicieron parte de este esfuerzo que es un esfuerzo colectivo. Muchos de estos autores se han quedado esperando que los llamen a hacer cine. Estoy seguro que a la mayoría de ellos, si se les llama, estarían dispuestos a hacer cine. Incluso muchos de ellos ya han hecho cine.

    Indagando un poco sobre usted, descubrí que estudió historia y no cine. ¿Cree que la mejor manera de hacer cine es agarrar una cámara y filmar?

    El cine se aprende con el oficio. En definitiva el cine se aprende en la trinchera. No hay otra manera. Este es uno de los problemas del cine venezolano: hemos hecho poco cine para llegar realmente a la calidad de películas que queremos. Yo creo que en el cine el asunto “cantidad” está muy ligado a la “calidad”. Mientras más oportunidades, mientras más cineastas mostrando su mirada, más oportunidades hay de tener mejores películas. Y esto es importante porque tiene que ver con la tercera puerta del cine independiente de la que hablaba. Un técnico de cine no puede aspirar a cobrar igual en una película de la Villa del Cine que en una independiente. Tiene que haber una conciencia de todo el colectivo cinematográfico de que es importante que exista ese cine distinto al CNAC y la Villa, pero no entendido como un cine antagónico porque al espectador no le importa de dónde salieron los fondos para una película. El financiamiento no tiene que ver con la calidad de la película. Por eso insisto que al defender el cine independiente esto no debe implicar una mirada antagónica al CNAC o a la Villa del Cine o frente a alguna productora internacional. El cine es tan complicado que pensar que una puerta es moralmente incorrecta es una tontería.

    Hablando del CNAC, esta institución está promoviendo un Baremo, nuevos lineamientos para la aceptación de proyectos. Muchos opinamos que los estándares propuestos son demasiados elevados, tanto, que se podría pensar que a los cineastas noveles se la va a hacer cuesta arriba la aprobación de sus proyectos. ¿Qué opina usted como director?

    Yo siento que es fundamental que se creen mecanismos que aseguren que en cualquier entrega del CNAC haya un porcentaje importante de óperas primas. Pero insisto en que en términos económicos el medio debe entender que un esfuerzo independiente es distinto a cuando tú tienes un apoyo financiero. Cualquier parámetro que trate de normar todo lo que es la actividad económica del cine tiene que entender esta diferencia.

    Últimamente ha estado involucrado en numerosos proyectos: Miranda Regresa, las series de Miranda para la televisión, El Enemigo y, próximamente, la historia de Boves. ¿De dónde saca tanto tiempo? ¿Se trata de una cuestión de dedicación?

    Te voy a ser sincero. Cuando uno toma la decisión de hacer cine, uno sabe que se está metiendo en un oficio de alto riesgo, extremo, como los deportes extremos. Si lo asumes sabes que vas a enfrentarte a una enorme cantidad de problemas y callejones sin salida. Yo retrasé el estreno de El Enemigo por Miranda Regresa, pero lo asumí plenamente. Consideré un reto interesante trabajar con la Villa. Pero la verdad es que este ritmo de trabajo ha sido el mismo desde los años ochenta. Lo que ocurre es que antes había menos películas y más televisión. Nunca he querido renegar del trabajo en televisión puesto que además de que se pueden hacer cosas interesantes es el que me ha permitido hacer el cine que quiero. Esto va más allá del asunto temático, porque las tres películas son muy distintas: Miranda Regresa es una crónica con un interés divulgativo plenamente asumido y El Enemigo es una película contemporánea, urbana, una reflexión sobre la violencia y sin embargo no es una película de malandros, pero si sobre las víctimas de los malandros; Boves es, si bien historia, mucho más personal, se acerca más a Jericó, por ejemplo.

    (Fuente: elcinescopio.blogspot.com/2008)


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