“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez

NOTICIA


  • Gabo y el Cine
    Por Alquimia Peña

    Nos convoca esta tarde un acercamiento a la imaginación macondiana para recordar la palabra, la memoria y la obra de Gabriel García Márquez.
    Hablar de él desde aquí, recordarlo, homenajearlo, desde la sede de este lugar que ayudó a crear y que presidió por más de un cuarto de siglo, es una tarea mayor que me supera. Lo hago en nombre de los miembros del Consejo Superior de la FNCL -dispersos geográficamente en 17 países de América Latina y el Caribe- que no pudieron acompañarnos en esta ocasión, pero que vendrán a Cuba en diciembre de 2014 para sesionar como cada año y convocados esta vez por el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano que estará dedicado a Gabo en su 36 edición.

    Seré breve. No es posible disertar en esta tarde sobre la obra y méritos personales de excepción de Gabriel García Márquez: Gabo colombiano, latinoamericano, Caribe por genes culturales, y universal. Gabo periodista, escritor, cineasta, promotor y soñador.

    Todos esos Gabos están entrelazados en un solo hombre, aquel que hizo de su vida y obra un inmenso e intenso compromiso social y político con la idea de que un mundo mejor es posible. Un hombre convencido -y lo cito- de que “Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”. Ese es su gran legado.

    Esta Fundación y la Escuela que ella creó son inseparables de los sueños de Gabo, de Fidel y de la Revolución cubana, con los que Gabo se identificó y comprometió con una dedicación y lealtad ejemplar hacia Cuba.

    Recordamos pues al escritor excepcional, al novelista, al cuentista y al periodista, pero desde aquí queremos recordar en particular -y subrayar- al hombre que también se comprometió con este sueño de los cineastas latinoamericanos y de Cuba y se propuso hacerlo realidad. A este sueño convertido en realidad dedicó energías y desvelos que en parte son poco o nada conocidos para hacer tangible una obra continental que enfrenta ahora la prueba de los tiempos.

    Quiso la historia que este sueño se hiciera realidad justo cuando en el mundo se comenzaban a gestar cambios que se han encargado de agredir ferozmente sueños y utopías, tratando de hacerlos fracasar o convertirlos en pesadillas.

    Todo lo que la imaginación de su genio creador hizo posible en su inmensa obra literaria sobrevivirá al paso del tiempo, nada lo puede contaminar ni desnaturalizar, está a salvo del quehacer humano. Sin embargo, aquí queda una parte importante de su obra que hay que cuidar y proteger porque está expuesta a las realidades materiales y a la condición humana que en ella se desenvuelve. Es patrimonio inseparable de la memoria y del presente del cine y el audiovisual latinoamericano.

    Gabo nos dio, a los que tuvimos el privilegio de estar cerca de él en todos estos años, calladas lecciones de una eticidad ejemplar. Tenía el don, la genialidad, casi el misterio, por el uso de la palabra, por su ser espiritual, por su conocimiento de la naturaleza humana, de acercar, unir, y si esto último no era posible pues conseguía atenuar, tirar puentes. Y todo esto con una coherencia moral en donde la amplitud nunca abandonaba principios en los cuales sustentaba su quehacer como hombre comprometido. 

    Y sobre su amistad reflexionaba Fidel. “Nuestra amistad fue fruto de una relación cultivada durante muchos años en que el número de conversaciones, siempre para mi amenas, sumaron centenares. Hablar con García Márquez y Mercedes siempre que venían a Cuba –y era más de una vez al año- se convertía en una receta contra las fuertes tensiones en que de forma inconsciente, pero constante, vivía un dirigente revolucionario cubano.”

    De Gabo no nos despedimos. En su legado encontraremos asideros para nuevos emprendimientos que tengan la integración como idea y como posibilidad ya demostrada en nuestros proyectos. Porque el cine forma parte de esa gran batalla por sobrevivir culturalmente, que quiere decir económica y políticamente.

    La Fundación y la Escuela serán espacios abiertos a la investigación y conocimiento del aporte de Gabo al cine de América Latina y el Caribe. Su recuerdo y el de los demás fundadores que ya no están entre nosotros nos inspirarán en el intento de saber afrontar con audacia los grandes desafíos del presente.

    Gracias a Mercedes, a Rodrigo y a Gonzalo por su amistad y comprensión. Aquí ustedes encontrarán siempre nuestro cariño y respeto.
    Muchas gracias.


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