“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

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  • Documental mexicano Érase una vez, de Juan Carlos Rulfo; tener un sueño es mi sueño
    Por José Luis García

    “Quiero tener un sueño; ése es mi sueño”, comienza diciendo Luisa Rulfo Leduc, la hija del director, al principio de esta película documental que intenta desarrollar claves en torno a la infancia y a la transmisión generacional, siempre en un contexto cambiante que implica también ciertos quiebres con el pasado.

    Érase una vez es la más reciente producción del reconocido cineasta mexicano Juan Carlos Rulfo, a quien entre otras cosas recordamos por su espectacular En el hoyo (2006) o por Carrière, 25 metros (2011), con sendas entrevistas publicadas en Cinestel.

    El realizador y notable director de fotografía nos lleva a un viaje por distintos lugares de México, que probablemente sean los territorios por donde pasará el futuro Tren Maya prometido por el presidente AMLO, y nos convoca a esa reflexión sobre la niñez y la renovación familiar.

    El filme despliega varios hilos conductores, pero dos de ellos fundamentales: la niña que en algunas ocasiones narra o aparece en las imágenes, y Juan Tapia Morales, un habitante de la Costa Chica de Guerrero que hace sus aportes musicales haciendo sonar la harmónica, e inclusive llevando la cuenta de los temas musicales que interpreta con ella.

    Si bien Érase una vez se inicia con algunas imágenes de apariencia onírica, poco a poco la película va evolucionando hacia otras aportaciones de carácter coral, desdibujando incluso esas líneas que podrían guiar el relato, y tratando de hacer bueno el dicho de que “si es la vida una aventura invitando a trascender, en ella tendrá que haber la llama de la locura”.

    Rulfo coloca a los chamacos en el centro de atención y por ende nos da un paseo por todo lo que les rodea, que es mucho. Aquí están los contrastes entre lo urbano y lo rural, con sus tradiciones amenazadas; la relación entre padres e hijos, tratada con sutileza; la influencia del alcoholismo en una sociedad machista; el contraste de las canciones populares con otros estilos más recientes; los cambios en las formas de transmitir y comunicar; y la desgraciada falta de respeto hacia la gente mayor que se ha incorporado en una sociedad dominada por el mercadeo y los anuncios.

    El documental muestra también una tala de los árboles más robustos y nos convoca a pensar sobre qué es lo que queda de lo bueno que tenía el pasado.


    (Fuente: Cinestel.com)


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