“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

NOTICIA
  • Fotograma del documental Suspensión del geógrafo colombiano Simón Uribe


    Suspensión: el puente hacia ninguna parte entre la cordillera y la selva de Colombia

    El documental Suspensión es la primera parte de una trilogía en esa región selvática de Colombia, que firma el geógrafo Simón Uribe, interesado en hablar del modo en que se conectan los centros y las periferias, con puentes y carreteras que son necesarios, a la vez que una imagen de la idea del progreso obsolescente

    Dicen que es la carretera más peligrosa del mundo: tiene un solo carril de dos sentidos y 18curvas por kilómetro. La llaman “el trampolín de la muerte”, está en el departamento del Putumayo (en el sur de Colombia) y sortea varios tramos de un río llamado Mocoa que, cuando pasa enfurecido, arrasa con todo. Y entonces cambian las formas de las quebradas de esa zona selvática y montañosa, próxima a la ciudad también llamada Mocoa, pero la carretera, cada vez un poco más peligrosa, sigue siendo la opción para entrar o salir de la ciudad.
    El géografo Simón Uribe, en una foto de su archivo personal.

    Desde 1944, los habitantes de la región han venido utilizando ese viejo trazado de los monjes capuchinos, mientras las promesas de una nueva carretera se iban desvaneciendo, una tras otra. Sin embargo, de esas intentonas interrumpidas –en los planos o sobre el terreno– ha quedado un puente. Sin continuidad en alguna carretera, es ese un puente a ninguna parte, que topa con la montaña compacta, porque allí, justo antes de cavar el túnel, se acabó el presupuesto. De esa negligencia, el geógrafo Simón Uribe hizo un ensayo poético en forma de largo documental, que se llama Suspensión (2019), y que ha pasado por el DocsBarcelona y ha cosechado premios en varios festivales internacionales.

    Suspensión alude al puente suspendido en el tiempo y el espacio, colgando del aire y en la obra parada hasta nuevo aviso. Un puente interrumpido como un paréntesis que puede durar toda la eternidad y que parece la metáfora de un continente sin terminar, donde lo que quedó a medio hacer ya se ha deteriorado, porque la carretera comenzó a construirse en 2012 y, en 2017, la obra se suspendió cuando se acabó el dinero.

    Pocos meses después, hubo una avalancha feroz por la crecida del río, y la naturaleza, que es muy fuerte, empezó a “envolver” lo que había quedado a medias, en palabras del realizador, que menciona el agua con ese “poder de fracturar el cemento”.
    El geógrafo que reflexiona sobre carreteras

    Simón Uribe –profesor en la Universidad del Rosario, en Bogotá– nos explica, en una charla telefónica, que, haciendo una tesis sobre las carreteras como principal medio de colonización para su doctorado llegó a la zona en 2008. Al principio fue un trabajo histórico-etnográfico en el piedemonte andino-amazónico, que “es una zona de transición entre dos ecosistemas diferentes”, y aquello se convirtió primero en libro y luego derivó en idea fílmica: “Esta historia no podía ser contada de otra manera, por el paisaje, el sonido… Nace de la frustración al escribir una investigación, porque hay algo  que no puede ser contado”.
    supension

    Suspensión es la primera parte de una trilogía en la Amazonía, según Uribe: “La segunda será sobre unos puntos remotos que solo tienen conexión gracias a un único medio de transporte, que constituyen unos aviones de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de constatar cómo esta visión de la modernidad a través de la tecnología es una imagen de la obsolescencia. Y continúo hablando de la relación entre los centros y las periferias, a través de líneas de comunicación, por tierra (Suspensión), por aire y a través del agua (que será la tercera parte), porque, en la Amazonía, el agua es la conexión de la región por dentro”.

    El río bravo es un personaje protagónico de la película, a nuestro entender. “El río desbordado es el Mocoa –contesta Uribe–, pero en esa zona hay muchos ríos que bajan de la cordillera y causan estas quebradas que pasan por el medio de la ciudad, en la que el asentamiento original estaba más lejos del cauce, pero cuando crece y no hay suelo disponible, se extiende… La gente desplazada se asienta en esos sitios aledaños a los ríos”.

    También hay desazón en el guión que Simón firma con su hermano Joaquín Uribe. La música que acompaña el verde amazónico resulta inquietante y preciosa, y fue compuesta por los músicos Freddy Vallejos y Juan Manuel Toro, que entienden cómo suena la región.

    La metáfora de los países a medio terminar
    ¿Es intencionada la metáfora de Latinoamérica?, le preguntamos. “Tuve la intención de mostrar una historia universal, que es la historia de este progreso hecho concreto, en obras que nunca concluyen, pero que, aunque se concluyan, tampoco son la solución. Es una idea en la que seguimos cayendo. Las infraestructuras encarnan esa idea de que algo llega, llega el Estado y el progreso”, expone el realizador. Sin embargo, las carreteras, que “son una demanda de la gente que las necesita, también implican destrucción, y se hacen por intereses extractivos de capitales a los que les interesa llegar ahí”.

    “Un puente interrumpido como un paréntesis que puede durar toda la eternidad y que parece la metáfora de un continente sin terminar, donde lo que quedó a medio hacer ya se ha deteriorado”

    Hay en Suspensión un poblador que mira en una pantalla la presentación animada de lo que podría ser la nueva variante San Francisco-Mocoa, donde, según Uribe, “todo es ajeno, la geografía, los árboles (porque allí no hay pinos ni esos vehículos), podría estar en Europa, y lo que sí hay es una metáfora de cómo se construye esta promesa de progreso y cómo se sigue reproduciendo”.

    Finalmente, “la promesa hecha imagen sigue estando muy presente en nuestros imaginarios colectivos de nación y de región y de continente”, admite.

    Somos hormigas en la selva
    Cuando todos los ingenieros y los obreros se retiran, el moho tapiza el cemento. El agua oxida: “Esa es otra intención narrativa, la de situar a los humanos como elementos pequeños en medio de la naturaleza, que es más fuerte y permanece en el tiempo, como los movimientos geológicos que ocasionan estas avalanchas a pie de monte. Los humanos hemos estado ahí en un periodo muy corto de tiempo. Nuestro lugar es más efímero y pasajero”, dice Uribe.

    La película, contada en planos bellos de un paisaje exuberante, verde y muy húmedo, traza una suerte de geometría de la impotencia, con líneas y curvas en gris cemento. “En términos cinematográficos, las escalas dependen de la perspectiva. Ves la magnificencia del concreto, el peso de las columnas altísimas, pero si te alejas un poco todo es pequeño. Hay algo absurdo, también”, explica Uribe.

    “El puente es muy grande y muy pequeño a la vez. Tiene que ver con esa visión antropocéntrica de cómo nos vemos nosotros, en el centro. Hay un juego visual con la visión panorámica, donde los humanos ya no son el centro sino que gravitan alrededor”, matiza el geógrafo.

    Suspensión y el desencanto
    Hay un elocuente escepticismo entre la población. Simón Uribe reflexiona sobre ese “constante desengaño”, porque “nadie se cree que la carretera sea la panacea, pero cuando llegan las máquinas y los ingenieros, parece que sí lo van a hacer y, desde el punto de vista de los políticos, hay expectativa, trabajo, votos, sin necesitar que el resultado final sea cierto”.

    Frente a ese “encanto de que algo está pasando”, pronto llega el “¿cómo fue que nos lo creímos otra vez?” y allí aparecen “los chicos de la generación de la tecnología, que saben que esas promesas son irreales, y que sus opciones son muy reducidas, porque el plan del puente no les va a mejorar la vida”. El contrapunto está en el ingeniero que soñó con esos cambios pero que, finalmente, también desiste del optimismo cuando dice: “Algo viene pasando mal y esto se ha vuelto ancestral”.  

        “El agua tiene el poder de fracturar el cemento”, dice Simón Uribe, a propósito de cómo la naturaleza “envuelve” las infraestructuras sin terminar.

    Simón Uribe concluye: “La pregunta es ¿qué significa habitar un estado de suspensión?, donde uno está esperando que algo pase pero todo sigue igual. Es como la historia latinoamericana que ha sido proyectada hacia afuera como una historia lineal del progreso, pero que al final se demuestra cíclica. La avalancha es un evento disruptivo en este tiempo cíclico que habitamos”.

    (Fuente: elagoradiario.com)


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