“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

NOTICIA
  • Equipo de filmación en Moscú: Manuel Pérez Paredes y Raúl Rodríguez, junto a Leonov. Fotos: Cortesía del entrevistado


    La vida que ha quedado atrás, documental de Manuel Pérez Paredes
    Por Esther Pérez Durán

    En días recientes tuve el privilegio de asistir a una de las presentaciones del largometraje documental La vida que ha quedado atrás —una extensa entrevista al Teniente General de la KGB Nikolai Leonov—, organizadas por el Icaic, gracias a la gentileza de su realizador, el reconocido director y guionista Manuel Pérez Paredes (Premio Nacional de Cine, 2013).

    El audiovisual resulta un documento de excepción sobre hitos esenciales del siglo pasado, especialmente relacionados con Cuba y la extinta URSS que, no obstante, continúan arrojando luz sobre nuestro presente y nos confirman la urgencia de una rigurosa reflexión. Con el interesante e inteligente testimonio de su protagonista dialogan acertadas imágenes de archivo, poco conocidas, que potencian el valor del documental.

    Desde esta breve introducción agradezco al director Manuel Pérez Paredes, hombre de una definida vocación de servicio social expresada, en su caso, a través de su intensa vida dedicada al arte cinematográfico, esta entrevista; a la vez que aprovecho para agradecerle la sensibilidad y el tesón demostrado que, orquestado con el apoyo de las instituciones cubanas, encabezadas por el Icaic, nos permite hoy el acceso a esta obra singular.

        “Con el interesante e inteligente testimonio de su protagonista dialogan acertadas imágenes de archivo, poco conocidas, que potencian el valor del documental”.

    Los antecedentes
    Supe de la existencia de Nicolás Leonov en algún momento que debe haber sido a mediados de la década de los sesenta. En cierto lugar leí, sintéticamente, cómo se habían conocido él y Raúl Castro en un barco italiano que, en mayo de 1953, lo llevaba de Europa a México, a perfeccionar su estudio del español en la UNAM e iniciar su vida de diplomático en la embajada soviética de ese país. Tenía 25 años. Raúl regresaba de un viaje a Austria que se había extendido a otros países europeos. A partir de ahí se comentaba, también brevemente, cómo nacieron sus vínculos afectivos con Cuba al reencontrarse con Raúl y conocer al Che en el DF mexicano, en la etapa preparatoria de la expedición del Granma.

    Cuando Mikoyan[1] estuvo en La Habana, en febrero de 1960, vi fotos e imágenes de sus actividades, pero no podía saber que el traductor soviético que lo acompañaba era Leonov. Lo mismo me sucedió cuando Fidel viajó a la URSS en abril-mayo de 1963 y él estaba a su lado, tanto traduciéndolo en actos públicos como en encuentros privados de los que quedaba constancia (conversaciones Fidel-Jruschov, para citar un ejemplo). Fue años después que lo identifiqué, relacionándolo con las primeras informaciones sobre su persona.

    Pasó el tiempo, un cuarto de siglo, y la URSS desapareció en 1991. A finales de julio del 2006, Fidel tiene el golpe de salud que lo obliga a cesar en sus responsabilidades al frente de la Revolución. Ya con modesta internet en mi oficina en el Icaic, en ese mes o en el siguiente, me puse a rastrear, buscando información, la más seria posible, sobre cómo se veía Cuba y su Revolución a partir de la nueva situación. Un día descubrí una larga entrevista que Leonov le había concedido a un periodista español (catalán) en el año 2000 y que se reproducía en un blog argentino. El tema no era Cuba, pero sus vínculos solidarios con nosotros formaban parte de la introducción. El tema era la URSS y Leonov narraba-analizaba el proceso interno que, según él, había conducido a su desaparición de una manera lamentable.

    En el marco de los límites de una entrevista me impactó lo que leí, lo consideré un aporte muy respetable a todo lo que hasta ese momento había conocido tratando de explicarme, de manera convincente, aquella catástrofe geopolítica del siglo XX. Leonov juzgaba lo sucedido desde una posición revolucionaria y llamaba a sacar lecciones de fondo de la experiencia. Recordé las preocupaciones y advertencias de Fidel en su discurso en la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre del 2005, al conmemorarse el 60 aniversario de su ingreso en ella. Esto me provocó a seguir buscando sobre él y encontré otras dos entrevistas, una conferencia y comentarios de analistas sobre estas y su persona. Me informé de su conocimiento e identificación con América Latina, su historia y también sus luchas revolucionarias desde mediados del siglo pasado, desde la Guatemala de Árbenz,[2] cuando él llegó a México. Me dejó reflexionando, con ganas de saber más de él y sus experiencias.

        “Fue una gran experiencia y aprendizaje conocer a un revolucionario de origen profundamente campesino (…), que transita por la vida formándose en medio de complejas y retadoras experiencias, tanto soviéticas como internacionales”.

    La oportunidad
    En el año 2010 empecé a colaborar, como coguionista, en el proyecto de un documental español sobre Centroamérica durante la década de los 80 del siglo pasado (la agresión norteamericana y de sus aliados a la Nicaragua sandinista y a las luchas revolucionarias en El Salvador y Guatemala). El Icaic participaba como coproductor del proyecto, también Nicaragua estaba involucrada. Le propuse al productor español hacer las gestiones para localizar a Leonov, en Moscú, y pedirle una entrevista en tanto especialista que había estudiado la región y, en particular, aquella etapa. Él estuvo de acuerdo. La presencia de Cuba como coproductor ayudó a establecer el contacto, específicamente a través del Icaic y la Embajada de Cuba en Rusia.

    Hasta el apartamento de Leonov fuimos el camarógrafo nica, el productor-realizador español y yo para obtener su testimonio de aquellos años. Por supuesto, también hablamos con él de otros temas.

    Al conocerlo, durante los breves días de esta entrevista, me di cuenta de que, además de ser un excelente comunicador, disponer de capacidad expresiva y dominio de los matices del idioma español —lo que potenciaba aún más sus relatos—, tenía mucho más que contar y analizar tanto sobre la URSS, los No Alineados y América Latina como de sus relaciones personales con Cuba y los dirigentes históricos de la Revolución. Me pareció vital que ese testimonio y esas reflexiones quedasen en imagen y sonido para la memoria histórica de Cuba.

    El proceso que permite llegar a la filmación
    A principios del 2012 le hice la propuesta a Omar González, entonces Presidente del Icaic, de ir con un equipo a Rusia a filmar a Leonov. La acogió con entusiasmo, aprobó la inversión y desató el inicio de los trámites para estar tres semanas en Moscú, atendidos por nuestra Embajada.

    Leonov aceptó el encuentro apenas se lo solicitamos desde La Habana. Tres compañeros, que me ayudaron mucho, se unieron para formar el grupo de realización: Raúl Rodríguez, fotógrafo; Velia Díaz, sonidista y Hannol Rodríguez, asistente de cámara. Estuvimos en Moscú entre finales de abril y la primera quincena de mayo, entrevistándolo en su apartamento y también, a ratos, filmando la ciudad en aquellos días, uno de los cuales —el 9 de mayo, fecha de la victoria sobre el fascismo— fue recordado por los moscovitas (en calles, parques y otros lugares públicos). No era una concentración, celebraban en grupos, por áreas de vivienda.

    Significado para Manuel Pérez Paredes
    Fue una gran experiencia y aprendizaje conocer a un revolucionario de origen profundamente campesino (nació en la URSS de finales de la segunda década del pasado siglo, cuando empezaba la colectivización), que transita por la vida formándose en medio de complejas y retadoras experiencias, tanto soviéticas como internacionales, hasta llegar a ser teniente general-político-intelectual con altas responsabilidades en la inteligencia soviética. Me ganó la honestidad con la que nos narró su mirada a la complejidad del mundo en que se desenvolvió hasta que llegó el final de la URSS. Me enriqueció lo que pensaba, y sigo pensando, que llegar al fondo de todo lo que se combinó para la desintegración-desaparición de aquel proyecto es algo que todavía pide reflexionar más de lo que lo hemos hecho. Y recuerdo de nuevo a Fidel, en noviembre del 2005, al plantearnos su preocupación.

    El documental
    De entonces acá han pasado nueve años. Ya existe un documental, la edición la realicé con el compañero Saúl Ortega y la concluimos a principios de este año: La vida que ha quedado atrás, el cual recoge en dos horas y veinte minutos una parte de lo que filmamos, resumen de su vida y sus relaciones con Cuba y la dirección de la Revolución. Se estrenó en abril, en una función especial en el marco del VIII Congreso del Partido. Después, en medio de las limitaciones creadas por la pandemia, ha tenido diversas proyecciones para un público especializado, pero aspiro a que se vea al máximo posible por la mayor cantidad de espectadores. Confío en que les interesará y motivará a la reflexión por la autenticidad de su protagonista y el interés de lo que cuenta.

    La reacción del Teniente General Leonov
    Leonov ya lo vio y me manifestó su plena satisfacción en una conversación telefónica que tuvimos a principios de este mes.

    La recepción que ha tenido el documental entre nosotros
    Me siento, sin exagerar, muy feliz por las reacciones y comentarios que me han dado una buena cantidad de los espectadores al terminar las proyecciones. Sin extenderse mucho, porque no han sido cine-debates, ya saliendo de la sala, o en el portal del cine Charles Chaplin, me agradecen haber conocido al protagonista, lo que les relata y cómo lo hace. Estamos hablando después de una proyección de 140 minutos sin pausa. También me ha agradado que esas opiniones abarcan a representantes de mi generación, las de mi hijo y las de mi nieto. La vida que ha quedado atrás es, también, un homenaje a Nicolás Leonov.

    Notas:

    [1] Anastas Mikoyan (1895-1978). Presidente del Presidium del Soviet Supremo de la URSS entre el 15 de julio de 1964 y el 9 de diciembre de 1965. Dimitió por razones de salud.

    [2] Juan Jacobo Árbenz Guzmán llegó al poder como presidente constitucional de Guatemala después de ganar las elecciones de 1950. El tema central de su campaña fue la reforma agraria, gracias a lo cual obtuvo el apoyo de partidos políticos de izquierda y organizaciones sindicales. Su mandato se caracterizó por la lucha constante contra los grandes intereses económicos de Estados Unidos. El 27 de junio de 1954, en una operación orquestada por la CIA, fuerzas de los Estados Unidos, con apoyo de varios gobiernos de América Central y el Caribe, lanzaron su ofensiva final contra el gobierno de Jacobo Árbenz. El Che militó en las fuerzas que apoyaban a Árbenz; una vez finiquitado su gobierno, el revolucionario argentino fue expulsado de Guatemala acusado de “peligroso comunista”.   

    (Fuente: lajiribilla.cu)


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