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Cuba. El cine mudo en Cuba 1897-1933
Douglas, María Eulalia (1928 - )
Título: Cuba. El cine mudo en Cuba 1897-1933 (Ensayos)

Autor(es): María Eulalia Douglas, Héctor García Mesa, Raúl González

Idioma: Español

Fuente: Cine Latinoamericano 1896-1930

Páginas: 125 - 148

Formato: Digital

INTRODUCCIÓN
       LA PRODUCCIÓN DE CINE MUDO EN CUBA cubrió el período comprendido entre los años 1897 y 1933. El paso del tiempo unido al abandono total que existía en la época en torno a la salvaguardia del patrimonio cultural, dieron al traste con una abrumadora mayoría de las películas producidas en ese período. De acuerdo con cifras de la Cinemateca de Cuba y según su catálogo de películas cubanas, se da por perdido cerca del 83% de los filmes realizados en esas décadas. El filme más antiguo que se conserva es un corto de un minuto de duración hecho en 1906, El Parque de Palatino. De la producción de largometrajes de ficción sólo queda una película en su forma completa, La Virgen de la Caridad (1930) y fragmentos de otra, El veneno de un beso (1929). A partir de estas condiciones resulta tarea harto difícil escribir una historia confiable acerca de ese cine y más difícil aún analizarla. Por otra parte, las fuentes primarias de datos disponibles acerca de este cine son casi inexistentes, fragmentarias y en ocasiones con¬tradictorias, por lo que se ha debido recurrir a fuentes secundarias y hasta terciarias.
Un poco de prehistoria
El cine cuenta con antecedente antiguos y variados, como las cámaras oscuras, las linternas mágicas y otros juguetes ópticos, aparatos e inventos verdaderamente ingeniosos, que perseguían apresar las imágenes y proyectarlas primero fijas y después en su movimiento. Muchos de esos equipos llegaron a Cuba, traídos por curiosos coleccionistas locales; pero ahora sólo vamos a referirnos, someramente, a aquellos que fueron presentados al público de La Habana durante el siglo XIX y que fueron recogidos por la prensa de la época. Así encontramos el gran cosmorama y ruedas mágicas (según el diario El Noticioso y El Lucero, Feb. 1, 1836); el Gran Dio¬rama del Sr. Daguerre (Diario de La Habana. Feb. 28, 1846); La Galería Optica (idem que el anterior); Vistas Estereopticrámicas (Diario de La Habana), Oct,. 11, 1863); Exposición Imperial y Kinetoscopio de Edison (El País, Ene. 16, 1895) y la Exhibición Universal (El País. Ene. 20, 1895). No pretendemos que la anterior relación sea exhaustiva.
Llega Lumière
El Cinematógrafo Lumière fue exhibido en Cuba, por primera vez, el domingo 24 de enero de 1897, es decir un año y 26 días después de su estreno en París. Lo trajo el incansable Sr. Gabriel Veyre, representante de los Hermanos Lumière, quien procedía de México y que recorrió medio mundo con sus imágenes luminosas, mientras filmaba inapreciables documentos. La revista habanera 
El Hogar señalaba en una nota: "Veyre es francés, como los autores del Cinematógrafo. En México… conquistó en corto tiempo tantos aplausos y tantos amigos como ya cuenta en La Habana". Pero la llegada de Veyre no se produjo en una situación normal, sino más bien crítica: Cuba entraba en un segundo año de guerra de liberación de España. Con los campos de caña de azúcar incendiados, el gobierno colonial decidió trasladar a la capital a grandes cantidades de campesinos para evitar su incorporación o eventual ayuda a los insurrectos patriotas. Los campesinos fueron hacinados en unos guettos insalubres llamados de "reconcentración", en anticipo de los campos nazis de concentración. Como resultado, la tasa de mortalidad quintuplicó a la natalidad. Tal era el entorno social para el estreno del cinematógrafo, cuyo precio de entrada para adultos era de 50 centavos y de 20 centavos para militares y niños.
Dos semanas después fue realizado el primer filme hecho en Cuba, Simulacro de incendio (¡del que agradeceríamos cualquier noticia!) y su realizador fue el propio Gabriel Veyre. Según crónicas de la época, Veyre filmaba la salida del Cuartel de Bomberos del Comercio, con el material de guardia, bomba, carretes y carros de auxilio y daba la vuelta para tomar la bomba, la caja de agua situada en la puerta de dicha estación; se tendieron dos mangueras, se empalmaron las escaleras y se subió uno de los pitones a la azotea. He ahí una descripción aproximada del filme. Estas maniobras, al parecer, fueron realizadas expresamente a petición de la actriz española María Tubau, que estaba en gira artística en La Habana. Todavía en 1903, según las crónicas, esta cinta era presentada con éxito para un público que reconocía a los bomberos, que eran dependientes de barberías y otros comercios habaneros.
Hemos señalado que el Sr. Veyre llegó a Cuba procedente de México. El periódico habanero La Unión Constitucional, en su edición del 2 de febrero de 1897, señala que entre las cintas presentadas por el Cinematógrafo figuraban las tituladas Un duelo a pistola en México y Carga de los rurales en México. Según señala Aurelio de los Reyes en la Filmografía de Cine Mexicano, revista Primer Plano, México, Nov. Dic. 1981, entre las películas filmadas en México por los enviados de los Lumière entre agosto de 1896 y enero de 1897 se encontraban, entre otros títulos, Carga de rurales en la Villa de Guadalupe y Un duelo a pistola en el Bosque de Chapultepec, esta última catalogada como película de argumento. A todas luces se trata de las mismas películas exhibidas en La Habana, lo que las convierte en los primeros filmes hechos en México en particular y en América Latina en general que fueron vistos por un público cubano.























Gabriel Veyre, representante de la casa Lumière, 
introdujo el cine en Cuba en enero de 1897.


Muy pronto aparecieron los competidores del cinematógrafo, como el vitascopio de Edison, el biograph, un panorama, etcétera, lo que indujo a Veyre a pedir más filmes a París. Recibió unas 200 películas que proyectaba en su salón habanero, al precio ahora de 30 centavos la función de 12 cortos.
Un año más tarde el actor cubano José E. Casasús compró un proyector Pathé y una planta eléctrica portátil y recorrió la isla mostrando un grupo de filmes. Pasó mucho tiempo, y en la década del '50, en el curso de una entrevista, Casasús se arrogó el mérito de haber sido el introductor del cine en Cuba. En justicia le cabe el honor de haber sido el primer cubano que realizó un filme, El brujo de¬sapareciendo (1898), que es la segunda película hecha en Cuba, y ciertemente fue él quien dio a conocer el cine —y en ocasiones también la electricidad— en el interior del país.
La presencia 'kinética' norteamericana, que ya se había hecho sentir con el kinetoscopio y después con el vitascopio de Edison, se reanuda ahora, en 1898, con nuevas significaciones históricas y polí¬ticas. Se trata de la llegada al país de los camarógrafos de Edison y de la vitagraph, que acompañaron a los tristemente célebres Rough Riders de Theodor Roosevelt. Estos últimos viajaron a Cuba para intervenir en la guerra hispano-cubana convertida por su obra y gracia en una guerra hispano-americana, tras el sospechoso hundimiento del acorazado Maine. Así fueron filmadas en Cuba dudosas y breves tomas de emboscadas, escaramuzas, la famosa Toma de la Loma de San Juan, un panorama del Castillo del Morro de La Habana, y un combate naval en Santiago de Cuba… que fue realmente filmado con maquetas en New York, al parecer con no poca pericia de "efectos especiales". Para más detalles se recomienda la lectura rápida de una condensación de las famosas memorias del camarógrafo Albert E. Smith, aparecidas en Selecciones del Reader's Digest, de junio de 1953, o su libro "Two Reels and a Crank" (NY 1898) si se dispone de más tiempo. Estos filmes, que forman una serie de muy breves tomas, se conocen por los títulos de Peleando con nuestros muchachos en Cuba (30') y Combate naval de Santiago de Cuba (2'). Ese mismo año, 1898, aparece otro filme de trucos, realizado por el francés Georges Mèliés, titulado El hundimiento del Maine; sin duda ese hecho histórico tuvo inmediata repercusión internacional que el cine no desperdició.
El empresario Francisco Rodríguez, en consorcio con Enrique Díaz Quesada, funda en 1906 la Moving Pictures Company, destinada a la distribución de películas. El 25 de marzo de ese año Díaz Quesada debuta como camarógrafo al filmar El Parque de Palatino (1'), un corto publicitario de un centro de diversiones, al estilo del Coney Island norteamericano, que también ofertaba exhibiciones de cine. En 1910 Díaz Queseda se une a Santos y Artigas en el negocio de producción de filmes y para presentar funciones cinematográficas en los teatros Martí y Albisu de La Habana, considerados entre los más prestigiosos.
En las primeras décadas del siglo, la alta burguesía cubana consideraba de buen gusto las modas y usos europeos, y no faltaba quienes fueran más lejos hasta importar muebles, esculturas y objetos diversos del exótico oriente. El cine europeo, desde París hasta Moscú, pasando por Escandinavia, no podía faltar en las pantallas cubanas. Eso explica, por ejemplo, que el recién inaugurado cine Actualidades, el primero construido expresamente como tal en el país (1906) fuese cliente fijo de la casa Pathé Frères.
Pero las contradicciones sociales y políticas eran orgánicas y muy pronto se hicieron sentir también en el cine. El entonces presidente 'puesto' por los intereses norteamericanos, Tomás Estrada Palma, decide reelegirse pese a la oposición del partido político rival. Quesa¬da filma La Habana en Agosto de 1906 y La salida de Palacio de Don Tomás Estrada Palma, un corto de desembozada propaganda política a favor del presidente. El partido opositor se alzó en armas en lo que se conoce como 'La guerrita de agosto', suceso que fue utilizado por los norteamericanos para efectuar la segunda intervención militar en Cuba, que se extendería hasta enero de 1909.
En fecha tan temprana como el año 1907, y no obstante la intervención, como señala el Dr. Sergio Aguirre en su libro Eco de Caminos (página 320), durante la denominada 'Huelga de la Moneda', el movimiento obrero logra que se den funciones cinematográficas con fines de recaudación a favor del movimiento huelguístico, como nueva forma de ligazón del fenómeno cinematográfico con el acontecer político.
El 12 de septiembre de 1907 se estrena Un duelo a orillas del Almendares, de Díaz Quesada, primer filme de ficción realizado en Cuba. Tres días más tarde se estrena un documental del mismo realizador, titulado Un turista en La Habana, un típico filme de promoción turística con todos los lugares comunes del género.
El 29 de abril de 1908 se inaugura la Compañía Cinematográfica Habanera, dedicada a la compra-venta de equipos y repuestos de cine, fundada por dos conocidos empresarios de circo, Pablo Santos y Jesús Artigas, muy conocidos por los cubanos de varias generaciones como Santos y Artigas por su popular circo. En 1909 Díaz Quesada filma en la ciudad de Camagüey los festejos de la Virgen de la Caridad del Cobre, considerada la patrona de Cuba.
El negocio de exhibición de películas era rentable en el país, es decir en las seis capitales de provincia, donde todavía no abundaban las salas de cine como en la capital, pero donde incluso aparecían ganancias que si bien no eran espectaculares al menos resultaban alentadoras. El periódico El Camagüeyano, en su edición del 14 de enero de 1909, reseñaba el caso del Teatro Principal de esa ciudad, que el año anterior había tenido ingresos por valor de $ 6,418.57 y egresos por $ 4,604.93, lo que arrojaba un saldo favorable de $ 1,813.64, en momentos en que el poder adquisitivo del peso permitía comprar un litro de leche por cinco centavos.
Para la burguesía y la clase profesional, incluidos aquí los profesionales de la política, que hacían legión, el cine devenía en lugar de reunión familiar y social, pese a ciertos criterios recalcitrantes. En la intersección de las céntricas avenidas de Prado y Malecón, junto al exitoso Hotel Miramar, se establece el cine Miramar Garden, que era al aire libre y que enseguida pasó a ser un punto de reunión de lo más selecto de la sociedad habanera, costumbre que, para muchos, ya era considerada de tan buen gusto como asistir a las funciones teatrales o de óperas. Nuevas salas de cine serían abiertas en otras zonas de la capital. El estreno de la primera película no combustible, El beso de Judas, que tuvo lugar el 25 de septiembre de 1909 en el Cine Montecarlo, tuvo la resonancia de un gran acontecimiento. Al mes siguiente el Salón Salas se hace anunciar como "el único cine en Cuba que sigue alumbrado durante las proyecciones"; esto se refería seguramente a las luces bajas de los pasillos del cine.
Pero no todos los cines tenían igual éxito. El diario provincial El Camagüeyano incluía un anuncio, el 31 de diciembre de 1909, que rezaba: "Un cinematógrafo se vende barato o se cambia por un caballo bueno, con calecín y arreos como parte del pago". También algunos actores de teatro resultaban víctimas del 'espectáculo de moda'; padecieron de un nuevo mal que calificaban como la 'cesantía enlatada', debido a la creciente popularidad del cine que restaba clientela a los teatros: una nueva incidencia en el campo socioeconómico.
Los comienzos del año 1910 son nuevos testigos de la proliferación de las salas de cine. El 20 de julio se inaugura el Polyteama Grande y el Polyteama Chico en Prado y Neptuno; en mayo, el Salón Norma, que se anuncia como "el único con butacas de caoba y piso a desnivel". En este mismo año de ebullición cinematográfica se produce una coyuntura de carácter político-económica que es inmediatamente aprovechada por el empresario Pepe Acosta, el mismo que un año antes estableciera el Miramar Garden. Se trata de que hasta esa fecha los establecimientos comerciales no estaban sujetos a leyes que establecieran sus horarios de trabajo, por lo que muchos propietarios extendían esos horarios a su antojo en perjuicio de los trabajadores. La presión continuada en estos últimos hizo que el Congreso aprobara unas leyes de beneficio a los trabajadores, una de las cuales consistía en la obligación para los establecimientos comerciales de cerrar a las 6:00 p.m. Esta ley entró en vigor el 29 de mayo y ese mismo día el cine Miramar Garden inicia la función continua "Entre y salga cuando usted quiera", comenzando justamente a las 6 de la tarde. Así propina un buen golpe a sus competidores que ofrecían funciones con horarios fijos y comenzaba a fomentarse ese mal hábito entre los cinéfilos, añadimos ahora.
El día 26 de marzo el cine Montecarlo había estrenado la película Criminal por obsecación, de 17 minutos de duración, realizada por Díaz Quesada e interpretada por los artistas del Teatro Albisu en locaciones capitalinas. Menos de dos meses después el propio Díaz Quesada estrena su segundo corto publicitario, El sueño de un estudiante de farmacia, donde muestra el funcionamiento de la espléndida Droguería Sarrá, una famosa institución habanera. Ese corto acompañaba al filme documental Los funerales de Morúa Delgado, un destacado intelectual y patriota negro. Ambos filmes fueron presentados por Santos y Artigas en el Polyteama Grande, una instalación muy de moda.
Estos mismos empresarios, que no cejaban en empeños de espectacularidad, acaparan la atención del público mediante el estreno, el 6 de agosto, en el Polyteama Chico, de la cinta francesa La toma de la Bastilla, que duraba una hora y cuarenta minutos, lo que la convertía en la película de más larga duración exhibida en Cuba hasta esa fecha. El enorme éxito de este y otros filmes, además de fortalecer el prestigio del nuevo arte entre las llamadas clases vivas, estimulaba las iniciativas locales. Enseguida, el día 23 del mismo mes de agosto, Díaz Quesada estrena un nuevo filme, de 36 minutos, el drama social Juan José, producido por Santos y Artigas, basado en un popular drama homónimo. Un año más tarde, el mismo realizador estrena en los cines Payret y Actualidades su Vuelo del aviador Mc Curdy sobre La Habana, un hecho de especial relevancia en esos momentos.
El Partido Independiente de Color, que estaba integrado por negros y mulatos, se alza en armas el día 20 de mayo de 1912, el mismo día en que se conmemoraba el décimo aniversario del establecimiento de la República. Así manifestaban su descontento ante la llamada Enmienda Morúa, que proscribía la discriminación racial y los partidos integrados por razas. La sublevación se produjo en la parte oriental del país, donde la población negra era más numerosa, y fue reprimida en sangre por el Ejército Permanente. Díaz Quesada aprovechó la ocasión para filmar su documental pro-gubernamental La Campaña o Salida de tropas hacia Santiago de Cuba durante la guerra racista.
A comienzos de ese año, el diligente Díaz Quesada había estrenado en el Teatro Nacional (hoy Gran Teatro García Lorca) un documental titulado Festival Infantil de Bohemia, que recogía un acto oficial de repartición de juguetes a los niños pobres auspiciado por la Revista Bohemia, con el visto bueno de las autoridades locales. El film incluía la participación del Alcalde de La Habana y el Vicepresidente de la República, quienes al decir de la prensa más liberal de la época ocupaban el mayor tiempo en pantalla. Muestras como éstas y otras a que antes hemos hecho referencia, hacen pensar en el inicio, en la práctica, de un cine político en el país, aunque no se tratase de un cine oficial, es decir oficialmente patrocinado por el estado.
    Y ahora regresemos un poco atrás. En el año 1898 la guerra de emancipación cubana contra la metrópoli española estaba en su apogeo y con crecientes buenas perspectivas para la causa nacional. Un buque de guerra norteamericano, el acorazado Maine, se encontraba 'de visita casual' fondeado en el litoral habanero. El barco estalló causando la muerte de sus tripulantes. El gobierno norteamericano acusó al gobierno colonial español de la isla por este hecho. Con esa excusa envió a sus marines, lo que impidió la victoria de los insurrectos cubanos, y ocupó el país durante cuatro años, que aprovecharon para hacer fuertes inversiones económicas. Catorce años después, en 1912, fueron extraídos los restos de 65 víctimas del hundido acorazado, que fue sacado a flote con ese propósito por órdenes del gobierno norteamericano. Inmediatamente se procedió nuevamente al hundimiento del casco del barco, en una profunda zona fuera de la bahía, en una maniobra que impediría toda posibilidad de investigación acerca de los verdaderos orígenes de la catástrofe.
Díaz Quesada filmó muy de cerca todas estas operaciones, que recogió en su documental noticioso titulado El epílogo del Maine, estrenado por Santos y Artigas en el teatro Payret, sólo a tres días de ocurridos los hechos. Según opiniones recogidas por la prensa, las vistas tomadas por Díaz Quesada parecían ser superiores en calidad a las realizadas por los camarógrafos norteamericanos, aunque no aparecen criterios acerca de la calidad o intenciones de los intertítulos explicativos de las imágenes.
El cine continuaba generando fanáticos, pero también detractores. No faltaba quien pedía hasta el cierre de los cinematógrafos, para lo que se valían de argumentos tan disímiles como "la ineptitud de los proyeccionistas, problemas arquitectónicos de las salas, la inseguridad de las puertas de emergencia, etcétera"; en realidad se trataba ahora de argumentos poco sustanciales, relativos a cuestiones superables. De modo que al concluir el año 1912, ya existen unos 100 cines en el interior del país. En la ciudad de La Habana y sus barrios periféricos hay unos 30 cines, además de los teatros que ofrecían espectáculos cinematográficos. Cada cine contaba con un promedio de 12 empleados y su presupuesto de gastos diarios era de 25 a 30 pesos, incluidos el gasto de electricidad y el alquiler de las películas. Un buen síntoma del éxito de este negocio parece estar dado en el hecho de que un empresario tan sagaz y experimentado como Santos y Artigas invirtiese la considerable suma de 1,500 dólares en pago por los derechos de explotación del filme En las gradas del trono, que compró a la casa Pascuale, de Italia. En abril del año siguiente se inaugura una nueva e importante sala de cine, La Nueva Inglaterra, que incluía una confitería y un gran salón, para la época, de 150 lunetas.
El día 6 de agosto de 1913 es estrenado en los Polyteama Grande y Chico el nuevo filme de Díaz Quesada titulado Manuel García, Rey de los campos de Cuba, basado en la leyenda del famoso bandolero cubano del siglo XIX, especie de Robin Hood local, del que se decía que robaba a los ricos para favorecer a los pobres. En 1941 fue realizado un remake de este filme, esa vez sonoro. Ese mismo tema, con ese mismo título, fue motivo de una interminable radio-novela ofrecida en Cuba en los años 40, con enorme éxito de radioescuchas. La versión silente de 1913 fue filmada durante seis meses, con despliegue de prensa y venta anticipada de entradas a la alta sociedad. Ese año Díaz Quesada concluye el documental Industria de la caña de azúcar, segundo de la serie titulada Riquezas de Cuba, de promoción industrial.
En el año 1915 los empresarios Santos y Artigas producen un documental, que dirige Díaz Quesada, sobre la famosa pelea entre los boxeadores Jess Willard, de raza blanca, y Jack Johnson, de raza negra, que tuvo lugar el 5 de abril de ese año en el concurrido Oriental Park de La Habana. Se trata de la misma pelea en que, muchos años después, se basara el filme norteamericano La gran esperanza blanca (1970).
En el año 1912 aparecen en La Habana las primeras publicaciones referidas al cine. El 17 de febrero de ese año se publica La Gaceta Teatral y Cinematográfica, con una tirada inicial de 5.000 ejemplares que aumentó a 7.000 al año siguiente para cubrir algunas ciudades del interior. La revista abundaba en programas de teatro y zarzuelas y en anuncios comerciales, lo que dejaba poco espacio para las noticias y artículos breves sobre cine. En noviembre de ese mismo año, Santos y Artigas editan Cuba Cinematográfica, primera publicación dedicada exclusivamente al cine. Las verdaderas críticas de cine no aparecían, sin embargo, hasta finales de los años '20, firmadas por quien está considerado como el pionero en el campo de la promoción de la cultura cinematográfica en Cuba, el Profesor José Manuel Valdés Rodríguez, quien además de mantenerse siempre como crítico de cine, organizó y dirigió un cine club, un archivo fílmico y un curso de cine en la Universidad de La Habana.
A finales de 1913 el cine europeo todavía dominaba las pantallas cubanas, pese a los esfuerzos de los distribuidores norteamericanos. Las películas preferidas eran las francesas e italianas, seguidas de cerca por las escandinavas.
En el mes de abril de 1914 Jesús Artigas viaja a Europa para comprar películas. Recorre Madrid, Barcelona, París, Londres, Berlín, Milán, Roma y Copenhague. Al mes siguiente ya comenzaban a llegar las películas de la casa Pathé. Pero esta hazaña viajera no se repetiría en esa escala. Ese año se inicia la Primera Guerra Mundial.
En comparación con la desoladora situación de miseria y mortalidad que castigaba a la población de la Isla, especialmente durante el último quinquenio del siglo XIX, como resultado de las violentas represiones desatadas por el gobierno colonial español ante el auge del movimiento independentista —Cuba era su último territorio del que fuera su vasto imperio en América— el panorama que presentaba el país en el año 1914 resultaba alentador. La relación mortalidad-natalidad, que fuera de 8,58 se había reducido a 1,95, con lo que la población crecía sustancialmente. Esa nueva población juvenil, que, había nacido y comenzaba a desarrollarse en un medio cada vez más permeado por la influencia creciente de la presencia norteamericana, con sus productos comerciales, sus publicaciones, sus modas, sus ofertas diversas, constituía un blanco apropiado para el trabajo de captación como público consumidor de las películas norteamericanas, con sus fórmulas y recetas de un cine más rápido, más trepidante, menos intelectual, más populista.
A la anterior realidad histórico-socio-cultural se une la virtual para¬lización de la producción de las películas en los países europeos durante los años de la guerra, situación que también aprovechan los astutos magnates del cine estadounidense para atraer a Hollywood a no pocos talentos del viejo continente, una práctica que se extendería por muchos años después. Es así que, año tras año, llegan más y más películas norteamericanas a Cuba en un afán que pronto se descubre monopolizador.
Por el momento, durante los años 1914 y 1915, la situación no presenta cambios ostensibles en el mercado cinematográfico cubano; más bien se mantenía el mismo ritmo en el negocio de la exhibición de filmes y en medida menos ambiciosa en el de la producción. Díaz Quesada filma y exhibe El capitán mambí, basado en el guión homónimo premiado en un concurso auspiciado por Santos y Artigas. La película tuvo un gran éxito y llegó a motivar la siguiente reflexión por parte del destacado patriota cubano Manuel Sanguily: "para exponer y enseñar las sublimidades de la historia patria, no hay mejor escuela que la del cinematógrafo".
Santos y Artigas ya han logrado establecer salas de cine en las ciudades de La Habana, Pinar del Río, Cienfuegos, Camagüey, Sagua la Grande, Manzanillo y Santa Clara, las que les aseguraban buenos dividendos. En esa fecha existen 40 cines en la capital y otros 300 en el interior del país, con un promedio de 650 lunetas por cine, cifra muy considerable para un país de apenas dos millones y medio de habitantes. (En el momento en que se escriben estas líneas (1989) la población de Cuba rebasa los 10 millones).
Durante el año 1915 son inaugurados seis nuevos cines en la ciudad de La Habana y por lo menos uno en el interior, en la ciudad de Matanzas. En el mes de mayo de ese año, ocurre un hecho muy curioso. Los empresarios del Cine Prado, de La Habana, ensayan una temporada con películas norteamericanas que tuvieron que suspender porque el público seguía prefiriendo los filmes europeos. En el mes de noviembre ocurre otro acontecimiento, de especial significación. Se estrena en el también céntrico teatro Payret la película La manigua o La mujer cubana, basada en un nuevo guión premiado en otro concurso de Santos y Artigas; una historia basada en la participación de la mujer cubana en las guerras independentistas y que concluye el 20 de mayo de 1902, día en que se instaura la república 'enmendada' por los norteamericanos. El filme fue acompañado por una composición musical original del conocido músico cubano J. Mauri y a su premiere asistieron 3225 personas, que pagaron 80 centavos como admisión, un record de entradas y de costo por boleto. Esta película pasó a ser la más taquillera de todas las realizadas en Cuba en la época del cine silente.
Cada cierto tiempo la prensa continuaba haciéndose eco de críticas al cine como espectáculo. El Diario de la Marina, siempre cercano a las causas más reaccionarias, publica en febrero de 1916 la opinión de una distinguida señora, miembro de un Congreso de Madres, quien pedía la censura en el cine, al que calificaba de "escuela de corrupción y perversidad", inspirada en la misma moral aplicada durante el medioevo a los espectáculos teatrales.
El año 1916 marcó el inicio del fin de la preponderancia europea en las pantallas cubanas. La Caribbean Film Company comienza a distribuir películas norteamericanas de la Famous Players-Lasky, Artcraft y otras firmas que en 1919 se funden en la Paramount Pictures. El famoso cine Campoamor, entre otros, ofrece programas sólo con películas norteamericanas. La Casa Pathé comienza a distribuir algunas películas norteamericanas, como La hija del Circo y Los misterios de New York.
En el año 1917 continuó prosperando el negocio de exhibición de películas norteamericanas, aunque durante las celebraciones religiosas de la Semana Santa se estrenó con mucho éxito el filme Vida, pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, traído por Pathé, filme que después y durante varias décadas regresaría a afiche durante esas mismas celebraciones, con similar éxito. Las peticiones para la implantación de una censura cinematográfica se recrudecían y ahora era una autoridad oficial, el concejal Fernando Llano, quien proponía esta medida que ya antes había sido declarada inconstitucional por el Tribunal Supremo de Justicia.
La producción cinematográfica nacional ha logrado mantenerse a un ritmo prudencial, auspiciada sobre todo por la iniciativa de Santos y Artigas. Díaz Quesada estrena El rescate del Brigadier Sanguily en el Payret. Este filme merece una consideración especial. Su director, en aras de lo que él interpretaba como la "fidelidad histórica", decidió utilizar la misma montura y aparato ortopédico que usaba el Brigadier y también hizo izar en el Castillo de los Tres Reyes del Morro, a la entrada de la bahía habanera, la misma bandera española que ondeaba en la época de la trama y que fue sustituida el 1ro. de enero de 1899 por la bandera norteamericana. Todo esto requirió de la autorización personal del presidente Menocal, que enseguida fue concedida. El Presidente incluso dirigió una carta a los productores del filme en los siguientes términos:
"Aprovecho esta oportunidad para felicitar a ustedes por el alto grado de desarrollo que, con la impresión de esta película, demuestra haber alcanzado el arte cinematográfico en Cuba, así como por lo acertado del tema que les ha servido como argumento y que seguramente habrá de avivar, en nuestra juventud, el sentimiento de nacionalidad, que es base primordial sobre la cual descansa el porvenir de la República". Esto fue utilizado por los productores del filme en un gran despliegue publicitario.
 La carta del presidente y la película pueden ser consideradas como reflejos obligados de un creciente sentimiento popular de nostalgia y frustración que reclamaba un heroico pasado de luchas emancipadoras. Este mismo sentimiento también fue recogido por la literatura de la época así como por diversos movimientos políticos de avanzada que surgieron en distintos períodos a lo largo de la primera mitad del siglo. Aunque desafortunadamente las películas se han perdido, lo que impide ahora todo juicio certero acerca de sus contenidos, al menos sus títulos y algunos de sus argumentos conocidos hacen pensar que también parte del cine hecho en el país se hacía eco de los intereses, preocupaciones y añoranzas por ese enérgico pasado. Nos referimos a las películas de Díaz Quesada tituladas El capitán mambí (1914), La manigua o La mujer cubana (1915), y El rescate del Brigadier Sanguily (1916).
El 1ro. de agosto de 1917 se estrena La hija del policía o En poder de los ñáñigos, con las actuaciones de muy conocidos intérpretes del popular Teatro Alhambra de La Habana. El filme relata las peripecias de un padre que rescata a su hija de las vengativas manos de una temible, por sanguinaria, organización secreta local de origen africano. Semejante argumento, a menos que haya sido tratado con la debida profundidad de análisis sociológico y cultural, sólo podría conducir por derroteros racistas. Desconocemos el efecto que ese filme haya tenido en la población del país. En fecha cercana habían sido linchados varios ciudadanos negros ñáñigos, en la ciudad de Matanzas, por haber asesinado a una niña blanca. Por último se realiza un filme referido a la segunda industria del país, El tabaquero de Cuba, también con la participación de conocidos intérpretes.
La fiebre de apertura de cines continúa, cada uno con característi¬cas distintas. En marzo abre el cine Margot que no es sino una trans¬formación del anterior cine Prado. El 7 de agosto da inicio el cine Hesperia, un cine al aire libre. Dos semanas más tarde, un cabaret es convertido en el nuevo cine Royal, en el céntrico Paseo del Prado. Al efecto, la revista Arquitectura publica un artículo según el cual existían tres tipos de edificios dedicados a salas de cine: 1) 'el cine tienda', una adaptación de una antigua tienda o comercio, un caso muy corriente; 2) el tipo 'Bleacher', ubicado al fondo de una tienda o comercio, aunque presentaba una amplia entrada para el público y contenía asientos de platea y gradas y 3) el cine construido como tal, lo que enseguida se descubría, y concluía diciendo que debido a la competencia contemporánea, los tipos más frecuentes era el
1y el 2, por ser más barata y rápida la adaptación de locales que la construcción.
En el plano de la producción aparecen La careta social (1917) acerca de la hipocresía en los medios aristocráticos; Los apaches cubanos y Quesitos de crema, ambas de 1918. Al año siguiente son producidas: Cuba en la guerra, que exaltaba a los aliados en la guerra mundial; Los matrimonios salvavidas, sobre la burla del servicio militar obligatorio; El soldado en Cuba, una loa del ejército; Las regatas de Varadero, una crónica deportiva y La manifestación del honor en EE.UU., de tema desconocido.
En el mes de octubre de 1918, otra empresa norteamericana establece una sucursal en Cuba, la Fox Film Corporation, aunque todavía en esta fecha los cubanos siguen siendo los principales importadores de películas: Santos y Artigas, Adolfo Pola, Casanova y Cía., Blanco y Martínez, Cerra y Villaverde, y Macías y Casarés, estos últimos de la ciudad de Matanzas, no obstante continúa en ascenso permanente la importación de películas norteamericanas.
En 1918 funcionan 42 cines en la ciudad de La Habana y en el interior del país hay 52 poblaciones con salas de cine.
El negocio ha continuado prosperando a escala nacional. Los cines son abastecidos por 16 casas distribuidoras entre cubanas, europeas y norteamericanas. Los programas de exhibición muestran una mezcla de películas europeas y estadounidenses, con un marcado incremento de las segundas y una sensible disminución de películas cubanas. Si bien era cierto que el volumen de producción de las películas cubanas era muy reducido, no era menos cierto que, pese a los éxitos de taquilla de algunas de ellas, en general los exhibidores mostraban cada vez mayor interés por los productos de importación y sobre todo por los del 'Norte' que se ofrecían en precios ventajosos en su afán de expansión.
Esta preocupación motivó la creación en 1918 de la Asociación de Defensa de la Cinematografía Cubana, que se proponía la defensa colectiva de los intereses nacionales en los campos de la producción, la importación de película y accesorios, la distribución, y por supuesto la exhibición. Su primer presidente electo fue Jesús Artigas y el resto de la directiva estaba integrado por personalidades del mundo cinematográfico nacional, como Vicente Blanco, Arturo Porchett, Teodoro G. de la Cira y Ernesto Smith.
Ante la competencia incontrolable, los más importantes productores nacionales deciden disolver en 1919 su empresa de producción: Santos y Artigas y Quesada, S.A, fundada en 1910. Otros filmes producidos en estos años fueron La Zafra o Sangre y Azúcar (1918), en realidad un simple melodrama tipo "chico pobre pero bueno se enamora de chica rica pero también buena". La brujería en acción (1919) otra vez sobre las prácticas de hechicería de ciertas sectas religiosas de origen africano; Acebal se saca el gordo (1919), (el gordo es el premio mayor de la lotería nacional), se trata de un corto que forma parte de una serie semanal que incluía notas publicitarias y El soldado Juan (1920). En el campo del cine de actualidades, en 1920 surge la Suprem Film, un noticiero realizado por Juan Valdés que incluía noticias de interés local mezcladas con actividades de la alta sociedad y anuncios comerciales, y en 1924 aparece el noticiero Actualidades, de corte similar.
Hacia finales de 1919 los norteamericanos ya habían adelantado un largo camino, ahora indetenible, por la conquista definitiva de las pantallas cubanas. Especial éxito alcanzan con la exhibición de seriales, especialmente diseñados para ese creciente público juvenil, que exhibían primero episodios separados y al final mostraban 'la serie completa'. Tanto con sus películas de ficción como con sus seriales, ya habían logrado que, entre los intérpretes preferidos por el público cubano, se destacaran estrellas del cine norteamericano como Mary Pickford, Pearl White, Douglas Fairbanks o Gloria Swanson, que emulaban con las otroras estrellas invictas del cine europeo. Es probable que el éxito que estaba alcanzando este género de los seriales haya alentado al realizador cubano Díaz Quesada a incursionar en este campo. En efecto, en 1920 realizó el primer y único serial hecho en Cuba, El genio del mal, compuesto por 10 rollo-episodios. Desconocemos su suerte.
Entre las principales firmas de distribución que operaron en Cuba, las más fuertes ya eran la Carribbean Film Co., que representaba a la Paramount; la Liberty Film Co., que representaba a la Fox y a la Universal. Pero los norteamericanos emprendieron también una ofensiva en el campo de la exhibición: los populares cines Campoamor y Fausto eran controlados por la Universal y la Fox, respectivamente. Este fue el comienzo. Los cines que permanecieron bajo la propiedad de los cubanos concertaban 'convenios' a largo plazo con los distribuidores de filmes norteamericanos, ya que cada vez escaseaban más las opciones.
Por otra parte, durante esos últimos años y a causa del desequilibrio europeo causado por la guerra, Cuba vivía en medio de una bonanza económica jamás conocida anteriormente. Los precios del azúcar de caña, la industria básica del país, habían subido hasta límites jamás previstos. La época fue bautizada con el sobrenombre de 'las vacas gordas', en alusión al sueño bíblico. Era una época de derroche sin límites. La Habana se había convertido en una de las más importantes plazas teatrales del continente. Nijinski, Pavlova, Bernhardt, Caruso, las grandes orquestas y conjuntos teatrales del mundo corrían a llenar sus bolsas con el oro blanco del azúcar cubano, en medio de los agasajos sin fin ni freno de la aristocracia y pseudonobleza local.
El peso cubano estaba a la par con el dólar estadounidense y ambas monedas corrían por el país libremente, entremezcladas, como siguió siendo hasta finales de los años 50. Claro está, no todo el mundo disfrutaba del jolgorio: "el tiempo muerto" acechaba.
Esa 'danza de los millones' como también se llamó a ese período, no duró por siempre. Europa se recuperó, restableció su producción de azúcar de remolacha y en el año 1920 los precios del azúcar de caña comenzaron a bajar, primero con lentitud y de pronto vertiginosamente. Sobrevino así una época de profunda crisis económica para Cuba, país de monocultivo, que se conoció entonces como de 'las vacas flacas'. Los inversionistas norteamericanos aprovecharon la ocasión para apoderarse de los mercados del país aún no controlados totalmente por ellos, incluido el cinematográfico, en un proceso que el economista Oscar Pino Santos calificara como "el asalto a Cuba por la oligarquía financiera yanqui". Pese a la creciente crisis económica, en 1920 se realizó un serio intento de crear un estudio cinematográfico, la Compañía Golden Sun, que fracasó muy pronto después de filmar ese año el filme Dios existe.
El día 10 de octubre de 1920, coincidiendo con la celebración de un aniversario del inicio de las luchas independentistas cubanas, el gobierno dicta la Ley de Moratoria Bancaria. Algunas empresas cubanas de cine se declaran en quiebra.
Así como hasta el año 1920 el pionero Enrique Díaz Quesada fue el realizador más prolífero del país —consideradas siempre las limitaciones de la producción nacional— en los años sucesivos su lugar lo ocupa Ramón Peón, el realizador de La Virgen de la Caridad (1930). Este director hizo 10 de las 41 películas de ficción producidas en esta última década del cine mudo hecho en Cuba, incluidos cortos, mediometrajes y largometrajes de ficción.
Los intentos por crear una industria cinematográfica estable habían fracasado, una vez que el mercado de distribución y por tanto exhibición estaba totalmente controlado por los intereses norteamericanos. No obstante, continuaron los esfuerzos por hacer cine y este es quizás el rasgo que mejor pueda caracterizar a este período: el empeño de hacer cine a toda costa.
El enorme volumen de películas importadas por las distribuidoras norteamericanas para su exhibición en Cuba llegó a convertir este mercado en 'uno de los mejores de América Latina' para Hollywood. Es así que realmente se exhibían películas de toda suerte y de toda ralea. Pero hay que señalar que debido al gusto sofisticado de una buena parte del público cubano, entrenado durante largos años en una producción muy variada y bien escogida de filmes europeos, esa exigencia debió ser complacida mediante la incorporación de películas norteamericanas de alta calidad y prestigio internacional, así como de una cuota tolerable de distinguidos filmes europeos. Si realizamos un listado de películas escogidas por su calidad entre las mostradas en Cuba durante el período mudo, parecería que se tratara de un programa de cinemateca o de alguna institución fílmica exigente. No faltarían las películas de Clair, Chaplin, Eisenstein, Fejos, Feyder, Flaherty, Gance, Griffith, Keaton, Lang, Lumière, Mèliés, Murnau, Niblo, Pabst, Pastrone, Sjöström, Sternberg, Stiller, Stroheim… Pero ya sabemos que los programas 'escogidos' de las cinematecas, cineclubes y festivales son como los "icebergs", muestran sólo la cima y ocultan siete octavos de sus bajos fondos… con lo que se ofrece generalmente una imagen idealizada del verdadero fenómeno.
El 14 de mayo de 1923 fallece a los 41 años de edad quien fuera el pionero del cine cubano, Enrique Díaz Quesada, dejando el campo libre de competencia a Ramón Peón. Poco tiempo después, desafortunadamente, un fuego destruyó los negativos de todas las películas de Quesada, cuyas copias positivas se encontraban dispersas por el país, sin control alguno, lo que también condujo a su progresiva y total desaparición. De este cineasta, como hemos apuntado antes, se conserva sólo El Parque de Palatino, de un minuto de duración.
Continuaron los intentos de producir filmes de actualidades, como las Actualidades Habaneras, un noticiero que fuera producido en colaboración con el periódico La Prensa y que fue descontinuado pocos años más tarde al dejar de publicarse dicho periódico. El Sr. Juan Valdés inaugura el Noticiero O.K., dedicado a filmar noticias sobre todo de tema político. En una ciudad del interior, la segunda en importancia en el país, Santiago de Cuba, se crea el Noticiero Santiaguero, una especie de revista cinematográfica de temática diversa. El Noticiero Liberty sirve como base de entrenamiento para la formación de técnicos que más tarde trabajarían también en el cine documental y de ficción. En el año 1929 el gobierno del General Machado establece un Departamento de Cinematografía que realiza varios filmes propagandísticos, de corte de noticiero, que tampoco tuvieron mucha duración. La gran mayoría de estos materiales se ha perdido, salvo una apreciable colección que apareció fortuitamente en los años '40 y que ha sido conservada bajo el título de Memorias de una vieja cámara. Esta colección tiene al menos la virtud de ofrecer una imagen gráfica, si bien muda, aunque le fue incorporado posteriormente un comentario no siempre feliz, acerca del aspecto físico de la ciudad de La Habana, de sus habitantes, de ciertos comportamientos y hábitos de la época.
Contrario a lo que cabría esperarse y pese a todas las dificultades, en 1925 Ricardo García instala unos nuevos laboratorios cinematográficos aunque provistos de medios más bien artesanales, a quien sigue Jorge Pineyro en 1929 con otros laboratorios. En 1926, el norteamericano Lee de Forest, con la ayuda financiera del gobierno del General Machado, instaló unos flamantes laboratorios para la producción de películas sonoras según su sistema Phono Films, aunque todavía serían producidos diez filmes mudos después de instalados estos laboratorios.
En medio de la aguda crisis económica y política que caracterizó a la cruenta dictadura del General Gerardo Machado, se crea en 1929 una empresa de cine con delirantes aspiraciones de conquistar el mercado norteamericano. Se trata de la B.P.P. Pictures, cuyas siglas provienen de los apellidos de sus fundadores, Arturo 'Mussie' del Barrio, Ramón Peón y Antonio Perdices. Aunque efectivamente las películas tendrían intertítulos bilingües en español e inglés, no hay noticias de que hayan sido exhibidas en territorio norteamericano.
Las películas más destacadas de esta empresa serían El veneno de un beso, donde actuaba el propio Perdices a quien llamaban con el sobrenombre de 'El Valentino cubano', de la que se conservan cinco rollos y la famosa La Virgen de la Caridad, que pudo ser rescatada en su totalidad tras engorrosos trabajos de restauración y copiado cuadro a cuadro llevados a cabo por la Cinemateca de Cuba.
     El interés e importancia de este filme no radica sólo en el hecho de ser el único largometraje de ficción cubano, del período silente, que se conserva en su totalidad. En realidad se trata de una película que se distingue por su intento de penetrar en el medio campesino cubano y de reflejar, al menos, su psicología ingenua y sus improbables esperanzas. Esto, por supuesto, dentro de las limitaciones artísticas que caracterizaban la producción fílmica nacional de la época. La película está basada en un argumento de Enrique Agüero Hidalgo, que el filme trata con cierto dinamismo, mientras las actuaciones parecen subrayar el candor rural de la trama. Aunque no pueda ser calificado como un filme de denuncia social debido sobre todo a las debilidades del guión, la película en cambio hace referencia a un hecho que constituía una realidad social histórica que perduró por muchas generaciones: el desalojo de los campesinos de sus tierras por parte de los terratenientes. George Sadoul, que vio este filme en la Cinemateca de Cuba a principios de los años '60, lo calificó como un "precursor del estilo neorrealista".
















El Veneno de un Beso (1929), con Antonio Perdices
(el Valentino cubano) y Mercedes Mariño.

     En La Gaceta Oficial de la República de Cuba del viernes 30 de junio de 1922 se publica un decreto acerca del establecimiento de un Comité Censor de Películas. En la resolución que establece la censura puede leerse: "…las películas cinematográficas, en las cuales se aplaude y se da a conocer la forma y manera de realizar toda clase de delitos con la mayor astucia para evadir la acción de la justicia, constituyen una perniciosa escuela para las clases incultas de nuestra población y sobre todo para los menores de edad". No hemos podido determinar si este Comité llegó a actuar; nos inclinamos a pensar que hubo de disolverse en fecha posterior, ya que el 22 de septiembre de 1926 se dicta el Decreto Presidencial ? 1521 que crea la Comisión Revisora de Películas, adscrita a la Secretaría de Gobernación, la que por carecer de un reglamento, permanece ociosa hasta el 15 de febrero de 1938 en que se redacta el reglamento, que fue modificado en dos ocasiones: el lro. de noviembre de 1939 y el 25 de enero de 1941.
En el mes de septiembre de 1928 los miembros de la Unión de Empresarios Cinematográficos de Cuba celebran, en un almuerzo de confraternidad con sus 'colegas' norteamericanos, la fusión de las empresas exhibidoras cubanas con las norteamericanas. Un invitado de honor era el General Delgado, Secretario de Gobernación. De este modo se oficializaba lo que de todos modos estaba ocurriendo, el monopolio del mercado cubano por las empresas norteamericanas. La Metro y la Columbia habían 'cedido' sus materiales para su exhibición por los empresarios cubanos, al precio de altos royalties. La Universal anuncia que ese año (1928) exhibirá 259 filmes en Cuba, cifra que equivalía al conjunto de importaciones de media docena de otras compañías distribuidoras.
El cine sonoro debuta en Cuba el 15 de febrero de 1928 con el estreno del filme El cantante de jazz, protagonizado por Al Jolson. Toda La Habana se dio cita esa noche en el cine Fausto en lo que constituyó un sonado evento cultural y social. En el año 1930 eran escasos los cines que mostraban películas mudas; la empresa encargada de suministrar los equipos para la sonorización de los cinematógrafos fue la norteamericana RCA Photophone.
El 16 de agosto de 1930, justamente el mismo día en que el Partido Comunista de Cuba celebraba su quinto aniversario se estrena en Cuba el segundo film soviético, El fin de San Petersburgo, de Pudovkin. El primero fue El Acorazado Potemkin, estrenado el 1ro  de septiembre de 1927 en el Teatro Nacional. En esa época el régimen de Gerardo Machado desataba una feroz campaña anticomunista y de represión al movimiento obrero cubano. La situación llegaba a extremos tan absurdos que el diario oficialista Heraldo de Cuba, órgano del Partido Liberal en el poder, llegó a cambiar el color de su titular, que había sido rojo. Como recordaremos, la película plantea la derrota del régimen zarista y la victoria de los bolcheviques. El estreno, además, tuvo lugar en el cine Rialto, en pleno corazón de la ciudad, un sábado por la noche, función que se conocía como "día de la moda" porque daba cita a las elegantes damas de la burguesía criolla. Seguramente para eludir la extraoficial censura machadista, los exhibidores del filme lo anunciaron como "el fracaso de una huelga por la actuación oportuna de Kerensky" lo que no podría estar más alejado del verdadero argumento.
No ha pasado un mes y se efectúa el tercer estreno de una película soviética, La Nueva Babilonia, de Kosintsev, que se refiere a los días de la Comuna de París. Decididamente alguien estaba poniendo a prueba la tolerancia cultural del régimen y quizás hasta su propio pellejo. Pero se trataba de películas clásicas indiscutibles, elogiadas por la prensa mundial, por lo que hasta el ceremonioso y ladino Diario de la Marina, en alardes de liberalidad que no acostumbraba, decidió él también unirse a las loas de tan exóticos productos.
Una vez desanimados los productores locales, los norteamericanos deciden experimentar con la producción de algunas películas en Cuba. Les alentaba la seguridad de contar con un mercado seguro y la ventaja de los más bajos salarios que pagarían a los técnicos, algunos intérpretes y sobre todo a los extras cubanos, quienes estaban ansiosos por trabajar. Así son producidas El bandolero y Mesa revuelta, acerca de las cuales no hemos podido encontrar más datos. La misma revista Carteles, en una edición del año 1924, había reproducido una entrevista con Gloria Swanson, donde la actriz señalaba que "al venir a filmar a Cuba tenía el proyecto de hacer varias películas… utilizando a muchachas cubanas lo que significaría la apertura de una industria o al menos de un centro de producción de películas, de las que los Estados Unidos pasaría a ser su primer mercado". Este pronóstico no se cumplió.
El último filme de ficción hecho en el período mudo fue El caballero del mar (1930), de Jaime Gallardo. En algunas escenas se utilizó, en forma experimental y por primera vez en Cuba, el sistema sonoro Vitaphone. Pero esas escenas eran realmente tan breves que este filme debe ser considerado dentro de la producción del período mudo. No se conserva copia ni fragmentos de esta película. Como escaseaban los recursos, todavía fueron realizados otros tres documentales mudos que catalogamos como residuales de este período: El terremoto de Santiago (de Cuba), de 1932 y La epopeya revolucionaria y Una página de gloria, ambos de 1933.
En este estado de cosas concluye este capítulo del cine mudo en Cuba.
Notas explicativas del cuadro sinóptico de la producción de cine silente en Cuba (1897-1933)
Este cuadro recoge sólo las películas hechas en Cuba por realizadores cubanos.
La columna de "Años" está dividida en los dos períodos establecidos para este estudio. A continuación del año 1933 aparece la línea. "Año ?" destinada a unos filmes cuyo año de producción se desconoce, aunque se supone que correspondan al segundo período.
Tanto el cine documental como el de ficción han sido divididos por duraciones, como sigue: cortometrajes: de 1 a 29'; mediometrajes de 30 a 59'; largometrajes: una hora o más. A continuación de las columnas de cine documental y de cine de ficción aparecen las columnas de "Duraciones desconocidas" donde, en cada caso, han incluido los filmes de los que se conoce sus años pero no sus duraciones.
Los totales pueden ser considerados como muy aproximados, mientras no aparezcan fuentes de información más completas. Del total de 117 filmes que arroja este cuadro, sólo se conservan 16 documentales y 2 películas de ficción de largometraje: una en su versión completa y 5 rollos de la otra. Esto quiere decir que se conserva apenas el 15% de la producción de cine silente hecho en Cuba. 

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Descriptor(es)
1. CINE SILENTE
2. HISTORIA DEL CINE CUBANO
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