“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

CRITICA


  • La boca del lobo
    Por Jorge Valdez Morgan

    La boca del lobo es un filme de concientización con una fuerte carga política. Esto se ve tanto en la intención del director Francisco Lombardi y de los guionistas Giovanna Pollarolo y Augusto Cabada, lo cual se trasladó a la concepción inicial del filme, la elaboración de su guión y el tratamiento visual; es decir en el texto fílmico en conjunto. El difícil contexto histórico que vivió el Perú alrededor de 1988 contribuyó a aumentar la carga política del filme, pues mientras algunos sectores de la derecha y las Fuerzas Armadas argumentaban que el filme era prosenderista y alentaba a la subversión, gran parte de la prensa escrita apoyó el filme basándose en la libertad de expresión. En realidad, el análisis de los medios de prensa estuvo mucho más cerca a la realidad que el de los agentes del Estado y los grupos políticos de derecha, pues si bien La boca del lobo asume una posición clara, esta no es antimilitarista y menos prosenderista, sino en contra de la guerra sucia que se estaba llevando a cabo de manera desatada en la década de los ochenta.

    Otra intención de los autores del filme fue representar la realidad de la manera más fiel posible, lo cual es una constante en el cine sobre el conflicto armado interno en el Perú. Esta decisión, por obvia que pueda parecer, no es necesaria en sí misma, pues existen muchos casos en que una alegoría es preferida a un relato verosímil a la hora de representar un tema político contemporáneo, sobre todo en contextos de libertad de expresión restringida. Si bien el Perú cuenta con uno de esos casos, el de Malabrigo de Alberto Durant, su puesta en escena no obedeció a una amenaza de censura, sino a motivos puramente cinematográficos. En La boca del lobo se escogieron diversos hechos históricos de los años ochenta, siendo el principal la matanza perpetrada por agentes del Estado en el poblado ayacuchano de Socos, para recrear un argumento de ficción.

    La necesidad vista por los autores de contar con el relato más verosímil posible los llevó a realizar una investigación en archivos, bibliotecas y en la zona de conflicto. Gracias a esta intención y al acierto de los realizadores en el tratamiento del tema, es en La boca del lobo que vemos muchos de los imaginarios y mentalidades que marcaron el conflicto armado interno, al menos durante toda la década de 1980. Si bien se trata del primer filme sobre el tema en ocho años desde que se inició el conflicto, esto no conlleva necesariamente a que en un filme se condensen una serie de imaginarios y mentalidades de una época tan turbulenta y caótica como lo fue este periodo el conflicto armado interno. En La boca del lobo, la verosimilitud del relato, la presencia de un acertado discurso crítico a la guerra sucia, la exposición de la problemática social detrás de la violencia, y el desarrollo de los personajes y espacios brindan una serie de datos históricos que ayudan a esclarecer no tanto los datos ya conocidos como fechas, lugares o nombres, sino las ideas, mentalidades, estereotipos y hasta los sentimientos.

    La expectativa del estreno y la difícil situación política de la época determinaron que el filme sea uno de los más vistos de la historia del Perú. Su éxito en las salas de cine y en la televisión local también evidencia la aceptación crítica del público a los mensajes expuestos en la pantalla.

    El cine establece una relación recíproca entre el objeto y el sujeto, y que los mensajes expuestos en la pantalla son aprobados o no por lo espectadores en la medida en que se adecuan a los imaginarios sociales, pero que a la vez —y en esto radica la reciprocidad cinematográfica— el mensaje cinematográfico pasa a ser parte de los imaginarios sociales de los espectadores, imaginarios que ya se han transformado luego del fin de la película. Los filmes alteran nuestro conocimiento del pasado al convertirse en parte de él, se convierten en parte de la historia de las sociedades inmediatas, y por lo tanto una fuente histórica extremadamente compleja y valiosa. Estudiar y preservar la memoria filmada, y en esto incluimos largometrajes, cortometrajes y documentales, puede ayudar a dar más luces sobre la historia política, social y cultural del siglo XX en el Perú. Es necesario que dichos vestigios se difundan y conserven.

    Tomado de www.ulima.edu.pe



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