“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

CRITICA


  • La otra familia y Una familia de tantas: Cuestionamientos a la heteronormatividad
    Por Orianna Calderón

    Una familia de tantas y La otra familia. ¿Qué tienen en común, ese melodrama familiar donde un vendedor de aspiradoras da el último soplo al castillo de naipes de un feudo patriarcal, y el cuarto largometraje de Gustavo Loza? Por este lado, el retrato de parejas del mismo sexo decididas a ejercer la paternidad en la era postmoderna; por el otro, el resquebrajamiento de los paradigmas de un hogar otrora tradicionalista, debido a la irrupción de la modernidad de la postguerra… en ambos casos, un cuestionamiento a la heteronormatividad, es decir, a la ideología que promueve roles de género convencionales, heterosexualidad y/o valores familiares ultraconservadores, como los elementos del deber ser al que la gente normal aspira.

    Algunas precisiones teóricas antes de entrar en materia cinematográfica: la familia se define como un grupo social caracterizado por residencia común, cooperación económica, crianza de niños y existencia de lazos afectivos. En el imaginario conservador, el modelo ideal de familia nuclear remite al matrimonio formado por el padre proveedor, la madre-ama de casa y los hijos de ambos; desde esta postura, hacer una familia apropiada, es inseparable del ejercicio de una sexualidad y unos roles de género apropiados. Pero el creciente reconocimiento de la diversidad, aunado a la visibilización de numerosas familias alternativas, ha dado pie a modelos conceptuales que se proponen desconstruir la normatividad: género, familia y sexualidad ahora se revisan como procesos sociales independientes y complejos, susceptibles de ser (re)constituidos.

    1948. Con el proyecto de modernización económica del sexenio alemanista como contexto histórico, Alejandro Galindo (1906-1999) escribe y dirige Una familia de tantas, filme que recibió numerosos reconocimientos de la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas, en la V edición del premio Ariel en 1950. Su eje temático es la desintegración familiar debido a la intransigencia del jefe de familia Rodrigo Cataño (interpretado por Fernando Soler, “padre institucional del cine mexicano”), quien se empeña en mantener el control sobre su esposa Gracia (Eugenia Galindo) y sus cinco hijos: Héctor (Felipe de Alba), Estela (Isabel del Puerto), Maru (Martha Roth), Lupita (Alma Delia Fuentes) y Ángel (Manuel de la Vega).

    Filmada de forma “sencillita, sencillita”, según palabras del propio Galindo, Una familia de tantas muestra el proceso de derrumbe intrafamiliar con precisión milimétrica. Mientras Héctor y Estela deshonran el hogar mediante acciones trilladas que incluso retroalimentan el discurso moralino —él, por ejemplo, obligado a casarse por un embarazo no deseado— es Maru la que en verdad subvierte estereotipos y confronta a su padre de manera propositiva. Inocente y noble —muy lejos de la mujer fatal, pero también de la eterna abnegada— la joven quinceañera se enamora del entusiasta vendedor de aspiradoras Roberto del Hierro (David Silva), un joven abierto y de ideas progresistas (si bien no exentas de cierta enajenación consumista del american way of life). Los constantes primeros planos del expresivo rostro de Roth, muestran su evolución, desde el miedo y la sumisión, hasta la seguridad y el empoderamiento.

    Evidentemente, la pareja formada por Maru y Roberto, se apega a la normatividad referente a la familia heterosexual. Sin embargo, propone un cambio en la concepción de los roles de género en el matrimonio: en sus conversaciones clandestinas cuando ella sale por el pan, los jóvenes describen su deseo de formar un matrimonio de pares (peer marriage), que desafíe la arraigada noción de que los sexos son opuestos. Cabe destacar que la flexibilización de los roles de género propuesta por Galindoes fundamentalmente discursiva, pues los personajes hablan de sus planes, pero el filme no muestra la materialización de sus buenos deseos; más aún, se puede considerar muy conservadora, pues mantiene la imagen de un matrimonio de clase media, donde ella supedita su proyecto de vida al de él. Sin embargo, Una familia de tantas fue sumamente innovadora en el panorama del cine mexicano de la Edad de Oro, donde la mayoría de los filmes insistieron en naturalizar y eternizar el malentendido entre hombres y mujeres (típico pretexto de enredos cómicos), que anula toda posibilidad de concebir el amor como una relación de comunicación y entendimiento con el otro sexo.

    Volvamos a cuestiones de carácter teórico-contextual: es un hecho que si se parte de un rígido sistema de género, donde hombre y mujer deben representar sus respectivos roles de padre y madre —ella ignorante del mundo público y abnegada dependiente, él proveedor económico pero incapaz de dar cariño y calor de hogar— como condición sine qua non de la estabilidad familiar, un matrimonio formado por dos hombres o dos mujeres resulta tan inadmisible como condenado al fracaso. Peor aún, el estigma de sexualidad desviada con el que se discrimina a homosexuales y lesbianas, legitima el discurso que los considera incapaces de criar niños gratos a la sociedad (función principal de la familia en tanto que mínima unidad política).

    Pero desde la segunda mitad del siglo XX, estos rígidos esquemas han sido retados; así, en 1973, la Asociación Psiquiátrica Americana eliminó la homosexualidad de su lista de desórdenes psiquiátricos. En 2001, Holanda se convirtió en el primer país del mundo que legalizó el matrimonio homosexual, con las mismas obligaciones y derechos que las parejas heterosexuales, incluyendo la adopción; le han seguido Bélgica, España, Canadá, Sudáfrica, Noruega, Suecia, Portugal, Islandia, Argentina, Estados Unidos y México (estos dos últimos sólo en algunos estados).

    2011. Con el trasfondo político de una ley de matrimonio homosexual que entró en vigor para la ciudad de México el año pasado, Gustavo Loza escribe y dirige La otra familia, largometraje protagonizado por Jorge Salinas, Luis Roberto Guzmán, Ana Serradilla, Nailea Norvind y el niño Bruno Loza, primogénito del realizador. Además de su atractivo star system nacional, el filme estrenado en el Festival Internacional de Cine de Morelia 2010, contó con la producción de Matthias Ehrenberg (Sexo, pudor y lágrimas) y la distribución de 20th Century Fox, lo cual le permitió llegar con 350 copias a las salas de la República Mexicana.

    En congruencia con trabajos anteriores como  Atlético san Pancho (2001) o Al otro lado (2004), Loza se inclina por adoptar un punto de vista infantil y mostrar el papel que juegan los niños en dinámicas sociales complejas como la migración o la adopción. No oculta su deseo de llegar a un público masivo en una sociedad más bien conservadora: cuenta una historia predecible mediante una edición trepidante, en la que la inserción del tema musical interpretado por Benny Ibarra (Lléname de tu amor) se siente forzada, pero corrobora el tono —a ratos melodramático, a ratos chusco— de un filme que debe recurrir a extremos (Norvind como la madre drogadicta y promiscua de por medio), para poder justificar que la casa del novel matrimonio formado por Jean Paul (Salinas) y Chema (Guzmán), es el mejor lugar para el pequeño Hendrix.

    Además, con la obvia excepción de los sirvientes —Silverio Palacios excelente en el papel de Gabino— los personajes pertenecen a una élite, lo cual no dista tanto de la realidad, pues formar una familia feliz como homosexual, es también privilegio de clase y exige cierto capital cultural. Puntualizadas las reservas, es innegable que La otra familia termina siendo un filme entretenido que logra superar estereotipos con los que se ha retratado la homosexualidad en el cine mexicano y, al igual que Los niños están bien (Lisa Cholodenko, 2010), asume un concepto de familia lo suficientemente amplio como para incluir los casos monoparentales. Hay varias historias paralelas —como la de Ivana (Serradilla) y su novia, quienes quieren convertirse en madres mediante una inseminación artificial con tintes de incesto— que, si bien son presentadas de forma muy simplificada, encajan en la diégesis y dan un mosaico de posibilidades al espectador.

    Los resultados arrojados en este siglo por ambiciosos proyectos de investigación norteamericanos y británicos, han concluido que los niños criados por padres del mismo sexo, no muestran diferencias respecto a los provenientes de familias heterosexuales, incluyendo su orientación sexual; de hecho, cuando hay diferencias, estas son a favor de los chicos de familias monoparentales, quienes se muestran más tolerantes y empáticos. Tanto Una familia de tantas como La otra familia, distan mucho de ser predicadores largometrajes de tesis; simplemente retratan cambios posibles en la sociedad mexicana y dan excelentes pretextos para propiciar debates necesarios.

    Bibliografía

    -García Riera, Emilio, Breve historia del cine mexicano. Primer siglo 1897-1997, México, Ediciones Mapa, IMCINE, CONACULTA, 1998, 466 pp.
    -Marks, Stephen, Ramona Faith Oswald y Libby Blume, “Decentering heteronormativity. A model for family studies”, en Bengtson, Vern L., Alan C. Acock et al., Sourcebook of family theory and research, California, Sage Publications, 2005, pp. 143-163
    -Oroz, Silvia, Melodrama. El cine de lágrimas de América Latina, México, UNAM-Dirección General de Actividades Cinematográficas, 1995, 186 pp.
    -Stacey, Judith, “Gay and lesbian familias: queer like us” en Mason, Mary Ann, Arlene Skolnick et al. (ed.), All our families. New policies for a new Century. A report of the Berkeley Family Forum, 2ª ed., Nueva York, Oxford University Press, 2003, 310 pp.
    -Tuñón, Julia, Mujeres de luz y sombra en el cine mexicano: La construcción de una imagen (1939-1952), México, El Colegio de México, Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer e Instituto Mexicano de Cinematografía, 1998, 313 pp.

    (Fuente: Correcamara.com)




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