“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

ENTREVISTA


  • La diferencia entre sueño y realidad
    Por Yaima Leyva Martínez

    Hace unos años, después de egresar de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños en la especialidad de guión, Patricia Ramos decidió atreverse a dirigir su primer corto de ficción. Su título es Na Na (2004), y tuvo la suerte de merecer varios premios, sobre todo dentro de la Muestra Nacional de Nuevos Realizadores que organiza el ICAIC. En 2007, Patricia regresa a la dirección con El patio de mi casa. Sobre el mismo conversé con ella.

    ¿Cuál es el origen de la idea que dio lugar a El patio de mi casa?
    El origen de El patio… fue una imagen. Una imagen que me despertó una noche y que para que me dejara tranquila me levanté, con sueño y a regañadientes, a escribirla. Soñaba, o al menos eso vino a mi mente, la imagen de una mujer muy flaca y desnuda sobre un diván, completamente relajada y dormida con un gato negrísimo en su regazo. Esta mujer soñaba en su diván rojo y de improviso se despertaba en un lavadero atestado de ropa con los pelos parados y la cara ya no de relajación sino de estupefacción. Como si dijera, qué hago yo aquí, madre mía, si estaba tan bien en mi diván… esa fue la imagen de inicio, la que hizo que me sentara mucho tiempo después a escribir este guión. En principio era una especie de cuentecito pero poco a poco se me fue convirtiendo en una necesidad de contarla no a través de la literatura sino a partir de imágenes audiovisuales. Lo único que lamento, aunque en realidad ya no tanto, es que no haya podido filmar el momento del diván con gato incluido y todo, pero resultó que el animalito era mío y le dio una crisis de nervios cuando llegó al set de filmación. Se encaramó en un escaparate altísimo y no quiso bajar ni con comida ni con mimos. Todavía, de vez en cuando le reclamo a Mozi, así se llama, que me haya echado a perder el plano…

    ¿Cómo concebiste la ambientación sonora y musical de tu corto? ¿Hasta dónde llegó el trabajo con los compositores?
    El patio… está lleno de sonidos, aguas en todos sus repertorios, gotas, chapoleteos, sábanas que se baten al viento. Sonidos que ya estaban sugeridos desde el mismo guión. En el rodaje cuidamos que estos sonidos fueran tomados de la manera más limpia posible, para eso estuvo “Nikita”, nuestro sonidista, y en la posproducción, de la mano de Osmany Olivare, que es lo mismo de riguroso haciendo un largo que un corto, cosa que se agradece un montón, trabajamos nuestra peliculita como si fuera una peliculota. Hicimos doblajes, efectos sonoros, buscamos los mejores sonidos para que en la medida de nuestras posibilidades y de lo filmado quedara el mejor resultado. En cuanto a la música, tuve la suerte, y el privilegio, de poder contar con Juan Antonio Leyva y Magda Galván con quienes desde el inicio conversamos largo y tendido sobre lo que yo imaginaba cómo debería “sonar”, lo que ellos creían, hablamos también sobre la necesidad de lograr que sonoramente cada espacio fuera diferente. Por suerte, la diferencia entre sueño y realidad pedía a gritos una música que los identificara. Desde el inicio, quedaba claro de que no era lo mismo el sueño de la muchacha que el de su abuela, cada uno tendría un tono diferente, más lírico el de ella, más alegre el de los viejos, al mismo tiempo el patio tendría también su personalidad. Todo muy minimalista, muy chiquito aparentemente pero que lograra evocar sensaciones. Ellos, incluso, me sugirieron música donde yo no la había pensado y quedó, al menos a mi me parece, como si siempre hubiera estado ahí. Ellos hicieron magia, de veras…

    ¿Cuál fue el concepto fotográfico y de puesta en cámara?
    Desde la escritura este fue un guión muy visual. Cada oración era una imagen, y esta a su vez casi siempre era un plano. Incluso, una vez que hicimos el guión técnico Nelson Rodríguez, quien iba a ser el editor en principio pero al final no pudo, Lily Suárez y yo, me di a la tarea de hacerles unos arreglos al guión literario para que se ajustara completamente al guión técnico y filmé con el primero. Era como una especie de Biblia, preferí trabajar con el guión literario, con breves acotaciones técnicas porque me resultaba más claro y más acorde con lo que estábamos haciendo. No quería traicionar en ningún momento las imágenes que había escrito. Luego, Lily, que es una excelente fotógrafa, junto a su equipo de iluminadores, Iosvany y Yunior, supieron ver y elegir la mejor luz, la más acorde a la atmósfera que queríamos lograr. Creo que sin ella, y su ojo, en extremo cinematográfico, este “patio” no hubiera sido el mismo.

    En tu corto anterior, Na Na, ya habías trabajado con niños. ¿Cómo diriges a los niños, con qué método obtienes de ellos una interpretación natural?
    Creo que más que tener una técnica o algo por el estilo, sí estoy segura de lo que no quiero. Así que me dejo llevar por la intuición y trato de que los niños de mis cortos luzcan naturales y reales. También, dedico bastante tiempo a pensar y repensar el casting. Así que creo que si los actores están bien es porque uno no se ha equivocado a la hora de elegirlos.

    ¿Crees que, por ser una realizadora, tus obras poseen una cualidad sensible que las hacen singulares dentro del audiovisual cubano actual?
    Ah, no sé bien... Yo creo que la sensibilidad no es cuestión de género, pero hombre y mujeres tenemos cuerpos diferentes, y más allá de cómo nos han enseñado a sentir (hombres no deben llorar, y mujeres sí, hombres mandan y mujeres no tanto porque lloran, y etc.) nuestra recepción del mundo, en nuestros cuerpos, digo, no puede ser la misma, porque no somos idénticos. No somos seres iguales, somos complementarios. Así que si hay algo diferente, o singular, enhorabuena, y echémosle la culpa al cuerpo…

    ¿Qué características especiales tuvo el rodaje de este corto? ¿Qué aprendiste haciéndolo?
    Lo especial de este rodaje fue haber contado con más recursos que en Na-Na, lo cual redunda en que pudimos tomar decisiones en beneficio del cortometraje, que solamente cuando existen apoyos es posible. Así que entonces, la primera suerte que tuvo este rodaje fue haber contado con el apoyo del Centro Memorial Dr. Martin Luther King, gracias a su concurso (Primer Concurso Caminos de Cortometrajes), que ganara el guión de El patio de mi casa, sin este gran impulso inicial nada habría sido posible. Un apoyo que constituye, al menos hoy, la única tabla de salvación del cortometraje cubano. Luego las segundas y terceras suertes fue contar con el apoyo de Bay Vista, en especial de Antoine Sabarros y de la siempre colaboradora Escuela Internacional de Cine y TV. Y digo suertes, porque solamente cuando existen los recursos se puede soñar con trabajos de calidad. Y, desafortunadamente, no siempre cuando contamos solo con la improvisación y las buenas intenciones salen buenos resultados. Tuve además, la suerte de contar con un equipo de trabajo excelente, y con un productor, Humberto Jiménez, que hizo que pareciera que contábamos con más de lo que en realidad teníamos. Aprendí que el cuento tan tarareado de que el cine es caro es verdad y no es cuento, pero que desgraciadamente envicia, así que no me queda más remedio que sumarme yo misma a otra aventura en cuanto los recursos nuevamente lo permitan.

    The difference between dream and reality
    By Yaima Leyva Martínez

    A few years ago, after graduating from the International Film and Television School of San Antonio de los Baños as a script specialist, Patricia Ramos decided to dare filming her first narrative short film. Its title is Na Na (2004), and it was lucky to win several prizes, mainly in the framework of National Sample of New Filmmakers organized by ICAIC. In 2007, Patricia takes up directing again with El patio de mi casa. We talked about this film.

    Where does the idea leading to El patio de mi casa come from?
    The origin of El patio… was an image. An image that woke me up one night; in order to get rid of it, I got up from the bed, sleepy and reluctantly and wrote it. I dreamed, or at least that is what came to my mind, with the image of a very thin woman, lying naked on a couch, totally relaxed and asleep with a pith-black cat on her lap. The woman was dreaming on her red couch and suddenly she woke up in front of a sink full of laundry, with her hair uncombed and a face not of relaxation but stupefaction. As if she were saying: what am I doing here, oh my God, I was feeling so well on my couch… that was the initial image, the one that led me a long time later to write this script. In principle, it was sort of a tiny story but little by little I felt the need to tell it, not through literature but through audiovisual images. The only thing I regret, although not so anymore, is the impossibility of filming the moment of the couch with the cat and all, but the thing is that the cat was mine and when we got to the set it had a nervous breakdown. The cat climbed on top of a high wardrobe and there was no way to persuade it to come down, neither with food, nor with coddling. I still sometimes complain to Mozi, which is the cat’s name, for spoiling my shot…

    How did you conceive the sound and music atmosphere in your short film? What was the extension of the work with the composers?
    El patio… is full of sounds, a repertoire of water sounds, drops, splash, and bed sheet flapping in the wind; the sounds that had been suggested from the script. While filming we were careful to have these sounds filmed in the cleanest possible way, that was the responsibility of “Nikita”, our sound technician, and in the post production phase, we had Osmany Olivare, who is as rigorous when he makes a feature film as when he makes a short film, something we appreciate very much, we made our tiny film as if it were a huge film. We made dubbing, sound effects; we looked for the best sound so as to achieve the best possible results from what we filmed. In regards to music, I was lucky enough and privileged enough to count on Juan Antonio Leyva and Magda Galván with whom I had endless conversations about how I imagined it should “sound”, what they thought, we also discussed the need to make each space sound differently. Luckily, the difference between dream and reality was screaming for types of music that could identify each of them. It was clear from the beginning, that the young girl’s dream and the grandmother’s dream would have a different tone, more lyrical for the former, happier for the latter, and at the same time the backyard would have its own personality. Everything would be minimalist, apparently very small, but at the same time able to evoke sensations. They even suggested music where I had not thought about it and in my opinion it resulted as if it had ever been there. They did magic, really…

    What was the concept used for photography and camera montage?
    From the very moment it was written, the script was very visual. Each sentence was an image, and each image was turned into a shot, most of the time. Even, when Nelson Rodríguez, Lily Suárez and I made the technical script, I set to the task of making some improvements to the literary script so that it adjusted completely to the technical one and I filmed using the former. It was some kind of a Bible; I preferred to work with the literary script, with brief technical notes because I felt it was clearer and more in accord with what we were doing. I did not want to betray, by any means, the images that I had written. Later, Lily, who is an excellent photographer, together with the light technicians, Iosvany and Yunior, were able to select the best lighting, the one that was best in accord with the atmosphere we wanted to achieve. I believe, without Lily and her extremely cinematographic eye, this “backyard” would have not been the same.

    In your previous short film, Na Na, you already worked with children. How do you direct children? What method do you use to make children act naturally?
    I believe that more than having a personal technical method or something like that, what I do know for certain is what I don’t want. So I follow my intuition and try to make children in my films look natural and real. I also spend a lot of time thinking and re-thinking the casting. So I believe that if the actors and actresses do fine is because I did not make a mistake when I chose them.

    Do you believe that the fact that you are a female filmmaker gives your pieces a sensitive quality that makes them singular amidst the present Cuban audiovisual?
    Oh, I do not really know… I do not think sensitivity is a matter of genre, but men and women have different bodies, and beyond the rules we have been taught about feelings (men don’t cry, women do, men are in command, women are not because they cry, etc) our perception of the world, I mean from our bodies, cannot be the same, because we are not identical. We are not equal, we complement one another. So if there is something different or singular in my work, congratulations, let’s blame the body…

    What special characteristics had the filming process in this short film? What did your learn by doing it?
    What was special about filming was that we had more resources than in Na-Na, which had an impact because we could take decisions that benefited the short film, which is only possible when there is this kind of support. Therefore, we were lucky in the first place for the support given by the Memorial Centre Dr. Martin Luther King, thanks to the contest (First Contest Caminos de Cortometrajes) (The Roads of Short Films), where the script of El Patio de mi casa won the prize. Without this initial incentive nothing would have been possible. This is a support that constitutes, at least nowadays, the only sheet anchor of the Cuban short film. Then we were lucky a second and third time because we counted on the support of Bay Vista, especially Antoine Sabarros and the ever collaborative International School of Films and Television. And I say we were fortunate in many ways because it is only when you have resources that you can dream of quality works. Unfortunately, when improvisation and good intentions is all we have, the results are not always good. I was also fortunate to have an excellent work team, and our producer Humberto Jiménez, who made us feel we had more than we really had. I learned that the much-trumpeted idea about the cinema being a very expensive activity is absolutely true. Unfortunately this can become a vice, so I have no choice but to join the next adventure as soon as the resources permit it. 


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