“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

ENTREVISTA


  • Un artista comprometido es más libre
    Por Cecilia Crespo

    Ha transcurrido ya más de medio siglo del estreno de un filme que rompió con los cánones por los cuales se regía el cine que se realizaba en la Isla en aquellos momentos. El Mégano está considerado como el antecedente histórico de la filmografía cubana de la Revolución y constituye una de las obras que originaron el movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano. Nos acercamos a esta revolucionaria película a través de algunas confesiones de su máximo responsable, el importante realizador y teórico Julio García Espinosa, actual director de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, quien acaba de cumplir sus muy lúcidos 80 años.

    "Corría el 1955, hacía un año que había regresado de estudiar en el Centro Experimental de Cinematografía de Roma junto a Tomás Gutiérrez Alea (Titón). Veníamos completamente influenciados por el neorrealismo Italiano. Al llegar a Cuba la primera visita que recibí fue la de unos policías del BRAC, cuerpo represivo de la tiranía de Batista. Me sorprendió muchísimo, buscaban libros comprometedores y me llevaron preso aunque no me encontraron nada. Me ficharon por haber asistido al Festival Mundial de la Juventud en Bucarest durante mi estancia en Europa. Al parecer se enteraron porque fui a la embajada de Estados Unidos en Viena para pedir visa para Suiza y al ver mi pasaporte enviaron la información a Cuba."

    García Espinosa evoca su integración a la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, que agrupaba a intelectuales y artistas, entre los que se contaban José Massip y Alfredo Guevara.

    "En nuestro caso —subraya— el principal objetivo era demostrar que en un país pequeño también se podía hacer un cine de calidad con modestos recursos. Cansados de teorizar decidimos llevar lo aprendido a la práctica. Surgió la idea de hacer un corto; cada uno presentó un guión y el mío resultó seleccionado, como siempre digo, no porque fuera mejor sino porque nos daba la posibilidad de realizar una práctica mas completa. Formamos un gran equipo: Jorge Haydú, Juan Blanco, Titón, Pepe Massip y hasta mi propio hermano Pedro. Seleccionamos para nuestro proyecto una zona pantanosa al sur de La Habana, cercana al Surgidero de Batabanó. A los lugares con esas características se les denomina médano, pero los pobladores les llamaban mégano, y de ahí le viene el título al filme. Nuestra intención no fue otra que la de mostrar un trozo de la vida de esos campesinos, la realidad de aquellos humildes carboneros. Estuvimos casi todo el año yendo y viniendo a nuestra desfavorable primera locación. No es necesario relatar los trabajos y limitaciones que tuvimos que afrontar. Eso es lo que le sucede a todos los que se aventuran a filmar por primera vez y sin ningún apoyo. Más o menos así fue como se gestó El Mégano."

    A la vuelta de medio siglo, García Espinosa repasa aquella experiencia:

    "Un filme no cambia al mundo pero ha de hacerse como si lo fuera a cambiar. Nosotros nos tomamos eso muy en serio al filmarlo y nos costó bastante caro. Solo se pudo mostrar al público una sola vez, ya que luego de su estreno en la sala Talía, del Retiro Odontológico, la película fue secuestrada por la policía batistiana. Y yo fui a parar a la cárcel. Aún recuerdo entre sonrisas lo que en aquel entonces resultó una amarga e indignante experiencia. Fue el último día que estuve en aquel terrible lugar. Me tropecé con el coronel Blanco Rico, el siniestro y odiado jefe del SIM (Servicio de Inteligencia Militar). Comenzó dirigiéndose a mí en un tono amenazante: `¿Usted es el autor de esa película?'. A lo que respondí afirmativamente. `¿Y sabe que esa película es una mierda?'. Yo con toda la pasión y arrogancia propias de mi juventud, le respondí: `¿Y usted sabe lo que es el neorrealismo italiano?'. Y le conté lo que era esa tendencia dentro del cine mundial y lo que representaba para el surgimiento de un cine nacional, para un cine de bajo costo. Cuando terminé me espetó con un indisimulado desprecio: `Usted no solo hace películas que son una mierda, sino que habla mucha mierda'. Nuestra peliculita quedaría en las bóvedas del SIM hasta el triunfo de la Revolución en que lograríamos rescatarla".

    "Lo más importante que aprendí con El Mégano fue a no dividir al cineasta, al creador, al artista del ser social. Me enseñó a estar bien compenetrado con la realidad del país. A veces erróneamente se piensa que un artista menos comprometido es más libre. En realidad el Nuevo Cine Latinoamericano demuestra que un artista más comprometido es más libre", reflexiona.


    (Fuente: Periódico Granma)


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