“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez

ENTREVISTA
  • O Menino e o Mundo de Alê Abreu


    "Nunca pensé en hacer un filme para niños", afirma el director del animado brasileño O Menino e o Mundo
    Por Bruno Carmelo

    El largometraje animado O Menino e o Mundo llegó a los cines brasileños el 17 de enero de 2014, trayendo la conmovedora historia de un niño en busca del padre, que se fue a la ciudad en busca de empleo. Su director, Alê Abreu, habla del papel de la música y la política en el filme, y comenta sobre la situación actual del cine brasileño de animación. El filme combina bellos colores, música de calidad y un mensaje social muy maduro, que conquistaron la redacción de AdoroCinema.

    Aprovechamos la ocasión para conversar en exclusiva con el experimentado animador Alê Abreu sobre el nacimiento de este proyecto, el  papel de la música y la temática política en el filme, y sobre cual es la situación actual del cine de animación en Brasil.
     
    ¿Cómo surgió el proyecto de O Menino e o Mundo?

    O Menino e o Mundo surgió como parte de otro filme. Yo estaba preparando un proyecto llamado Canto latino, un documental animado, y buscaba información sobre los países de América Latina. En esa época viajaba mucho, y llevaba muchos diarios de viaje en los que dibujaba. En uno de esos cuadernos de nota, encontré el garabato de un niño que me llamó la atención. Era un niño muy simple, pero me gustaba el trazo nervioso y tosco de la figura, que transmitía algo del espíritu que estaba buscando. Así, con la idea de que el documental tiende a la ficción, acabé involucrándome en una ficción, pero conservando el telón de fondo de Canto latino; o sea, el proceso de formación de nuestros países, que tienen rigurosamente la misma historia, que pasaron por períodos muy semejantes, de transición de gobiernos de cuño más social a etapas de dictadura..., hasta el momento actual de la globalización. Entonces tenía ese mundo, y la imagen de un niño. Quedaba saber como encajarían los dos.
     
    El proceso de creación de O Menino e o Mundo fue totalmente arriesgado. “Se comenzó a construir el filme en la sala de edición, sin saber adónde se iba a llegar. Podría no haber sido muy adecuado, pero el proceso resultaba apasionante, porque se podía hacer todo. Se creaba situaciones simplemente por el deseo de crear: “¿Y si el niño volase en el viento?” “¿Y si se encontrase con un joven y un anciano?”, pero no sabía quienes eran ese joven, o ese anciano, o ese perro... Todo se fue conformando  poco a poco, mediante sorpresas. Los descubrimientos de los espectadores también fueron los experimentados por mí y todo el equipo.

    Este es su segundo largometraje después de Garoto Cósmico, pero tiene también experiencia en la publicidad, la pintura, la literatura, la animación... ¿Cómo es que esa trayectoria ha influido en el filme?

    Hace algún tiempo, una de las cosas que más me angustiaba era el hecho de dedicarme a muchas cosas al mismo tiempo. Cada una de ellas, la pintura, las ilustraciones, los filmes, seguía el camino de un lenguaje diferente. Resultaba muy difícil para mí. Tenía un tipo de pintura, que iba por un camino formal, y tenía un tipo de cine con otro diseño... A medida que fui profundizando en cada uno de ellos, fueron encontrándose de alguna manera. Hoy en día, no consigo diferenciar mi trabajo en pintura, ilustración o cine. Ellos se encuentran en el mismo universo, y uno influencia en lenguaje del otro. O Menino e o Mundo nace de una mediación más pictórica que literaria o teatral. En él no hay mucha mediación de la palabra, sino del razonamiento pictórico, de una aventura sobre la pantalla blanca. El propio encuadre de cada escena fue delineado por una concepción pictórica, más que según el encuadre tradicional del cine.

    Algo que me sorprendió en O Menino e o Mundo es la representación triste y melancólica de la ciudad y la vida adulta.

    No sé cómo se ha llegado a ese punto... Lo que puedo decir es que la relación entre el niño y el mundo es más que la de un lugar geográfico, es una jornada de crecimiento. Es un niño que sale de un lugar abstracto, que es el lugar de la infancia, cuando se cree que todo es posible. Ello genera un espacio colorido, donde todo puede suceder. A medida que la gente avanza, viaja hacia una esfera adulta, la gente deja atrás algunas cosas, entre ellas esa joya valiosísima de la infancia, que es la creencia en que otras cosas son posibles. Esa representación triste del mundo tiene que ver con esa pérdida de la esperanza. El adulto solo ve el mundo que la gente tiene delante, porque ha perdido la visión de la infancia.

    La temática universal de la entrada en la adolescencia, se combinada con un tono social muy fuerte, específico de la realidad brasileña. Es raro ver ese tema en una animación, que también está dirigida al público infantil.

    Primero, creo que es importante decir que O Menino e o Mundo no es un filme necesariamente infantil. Nunca pensé en hacer un filme para niños,  simplemente hago filmes, y después la gente piensa en para quién van dirigidos esos filmes. Definir al público es una exigencia del mercado. Pero este filme está hecho con mucha autenticidad, sin pensar mucho en el marketing.

    La relación con temáticas políticas, sociales, que llega hasta las manifestaciones recientes -las cuales seguramente se repetirán dentro de poco tiempo- fue muy sorprendente. Las manifestaciones tuvieron lugar cuando estábamos finalizando el filme. Hubiéramos querido estrenarlo en aquel momento. Cinco años atrás, cuando comenzamos el proyecto, nadie imaginaba que los acontecimientos alcanzarían tal intensidad. La connotación política también provino de la investigación realizada para Canto latino, que pasaba por diversos temas ideológicos, con ese apasionante telón de fondo que es nuestra historia, y de como ella influye en el mundo de hoy.

    ¿Cómo es que pensó en convocar al rapero Emicida y a los Barbatuques para la banda sonora?

    O Menino e o Mundo nació con la voluntad de ser musical. Al comienzo, no tenía diálogos, y contaba con una experimentación sonora, ya se le asociaba cierta música de referencia. Algunos pasajes eran cantados, sugeridos por el canto latino de Violeta Parra, la música protesta de los años 60, la Nueva Trova cubana. El filme quería ser muy musical. Las referencias que se usaron fueron Naná Vasconcelos, los Barbatuques, que sirvieron como tal desde el inicio. Así que se pensó: ¿por qué no llamar al propio Naná Vasconcelos y a los Barbatuques para la banda sonora? Uno de los dos fundadores de los Barbatuques es mi amigo de la infancia.
     
    Emicida llegó cuando el proyecto estaba casi listo. Se pensaba que los créditos serían sin música, pero Priscila Keller, que es nuestra coordinadora de arte, sugirió que se utilizara un texto en portugués al final de la historia, para así contextualizar, poner los pies en la tierra, al final de los créditos. Se pensó utilizar una música de protesta, y después pensamos en escoger algo más actual. Y no existía nada más actual de protesta que el rap. Y así llegamos naturalmente a Emicida, porque es un artista de São Paulo muy escuchado por los jóvenes, y también porque a un nivel simbólico el es un niño como el del filme, pero que tiene voz. Es una manera muy bella de cerrar el film. En ese momento el interpreta ese rap, y no tuvimos que ajustar nada, la música acoplaba perfectamente con el final de la historia.

    Nos gustaría que nos comentase sobre la situación del cine de animación en Brasil. Uma História de Amor e Fúria acaba de vencer en el importante festival de Annecy, y O Menino e o Mundo también parece representar un paso en la evolución de la producción nacional de este género.

    Desde que comencé a hacer animación, hace 25 años, siempre vi que el cine de animación brasileño crecía. Claro, han existido altos y bajos pero, en general, ha ido progresando. Yo asistí al surgimiento de Anima Mundi, asistí el cambio tecnológico que ha favorecido no solo a Brasil, sino a todo el mundo, porque ha permitido que la animación sea más accesible a todos.

    Ahora, cualquiera puede producir un cortometraje desde su cuarto. Anima Mundi estimula a los jóvenes a incorporarse al mundo de la animación con la ayuda de la computadora, que ha ampliado el número de personas con acceso a la tecnología cinematográfica. También se han establecido leyes de incentivo al cine, que han contribuido a la animación, y hoy existen leyes específicas para la animación. Los animadores que hacían cortos en sus habitaciones, en los años 90, hoy están realizando coproducciones internacionales, series de televisión, largometrajes. Felizmente, pude acompañar esta evolución en Brasil. Uma História de Amor e Fúria dio un paso importante cuando llevó la animación brasileña a Annecy. Esto va arrojando luz sobre la animación brasileña. Tal vez este sea el momento de que la animación brasileña sea reconocida en el exterior.

    "Eu nunca pensei em fazer um filme para crianças", diz o diretor de O Menino e o Mundo
    By Bruno Carmelo

    O cineasta Alê Abreu fala sobre o papel da música e da política em O Menino e o Mundo, e comenta a situação atual do cinema de animação no Brasil.

    A animação O Menino e o Mundo chega aos cinemas brasileiros nesta sexta-feira, dia 17 de janeiro, trazendo a comovente história de um garoto à procura do pai, que foi procurar um emprego na cidade grande. O filme combina belas cores, música de qualidade e uma mensagem social muito madura, que conquistaram a redação do AdoroCinema (confira a nossa crítica).

    Nós aproveitamos para conversar em exclusividade com o diretor Alê Abreu, experiente animador, sobre o nascimento deste projeto, sobre o papel da música e da política no filme, e sobre a situação do cinema de animação no Brasil. Confira a seguir este bate-papo:

    Como surgiu o projeto de O Menino e o Mundo?

    O Menino e o Mundo surgiu de dentro de outro filme. Eu estava preparando um projeto chamado Canto Latino, um Animadoc, pesquisando informações sobre os países da América Latina. Eu estava viajando muito na época, e fazia muitos diários de viagem, com desenhos. Em um desses cadernos de anotação, eu encontrei um rabisco de um menino que me chamava a atenção. Era um menino muito simples, mas eu gostava do traço nervoso, tosco, que carregava algo do espírito que eu buscava. Aí, com a ideia de que o documentário tende à ficção, eu acabei me lançando em uma ficção, mas carregando o pano de fundo do Canto Latino, ou seja, a formação desses países que têm rigorosamente a mesma História, que passaram por períodos muito parecidos de tramitação de governos de cunho mais social, e depois passaram por momentos de ditadura... Até o momento atual da globalização. Então eu tinha esse mundo, e a imagem de um menino. Restava saber como os dois se encaixavam.

    O processo de criação de O Menino e o Mundo foi completamente arriscado. A gente começou a fazer o filme na ilha de edição, sem saber onde ia chegar. Poderia não ter dado certo, mas o processo era apaixonante, porque a gente podia fazer de tudo. A gente criava situações simplesmente pelo desejo de fazer: “E se o menino voasse no vento?” “E se ele encontrasse um jovem e um velho?”, mas eu não sabia quem era o jovem, o velho, o cachorro... Tudo foi se formando aos poucos, com surpresas. As descobertas dos espectadores também foram vivenciadas por mim e por toda a equipe.

    Este é o seu segundo longa-metragem, depois de Garoto Cósmico, mas você tem experiência em publicidade, pintura, literatura, animação... Como essa trajetória influenciou o filme?

    Há um tempo, uma das coisas que mais me angustiavam era o fato de eu fazer muitas coisas ao mesmo tempo, e cada uma dessas coisas, a pintura, as ilustrações, os filmes, cada um apontava para um caminho de linguagem diferente. Era muito difícil para mim. Eu tinha um tipo de pintura, que ia por um caminho formal, eu tinha um tipo de filme, com outros gráficos... À medida que eu fui me aprofundando em cada um deles, eles foram se encontrando de alguma forma. Hoje, eu quase não consigo diferenciar o meu trabalho de pintura, ilustração e cinema. Eles estão no mesmo universo, e um influencia a linguagem do outro. O Menino e o Mundo nasce de um intermédio mais pictórico do que literário, ou teatral. Ele não tem muito intermédio da palavra, mas tem o raciocínio da pintura, com a aventura na tela branca. O próprio enquadramento de cada cena foi muito delineado por um pensamento de pintura, mais do que pelo enquadramento tradicional cinematográfico.

    Algo que me surpreendeu no filme é a representação triste e melancólica e da cidade e da vida adulta em O Menino e o Mundo.

    Eu não sei como a gente chegou nisso... O que eu posso dizer é que a relação entre o menino e o mundo é mais do que um lugar geográfico, é uma jornada de crescimento. É uma criança que sai de um lugar abstrato, que é o lugar da infância, quando você acredita que tudo é possível. Isso forma um espaço colorido, onde tudo pode acontecer. À medida que a gente caminha, viaja para uma esfera adulta, a gente deixa para trás algumas coisas, e dentre essas coisas está essa joia importantíssima da infância, que é a crença que outras coisas são possíveis. Essa representação triste do mundo tem a ver com essa perda de esperança. O adulto só enxerga o mundo que a gente tem, por ter perdido a visão da infância.

    A questão universal do amadurecimento é combinada com um teor social muito forte, específico da realidade brasileira. É raro ver esse tema em uma animação que também é destinada ao público infantil.

    Primeiro, eu acho importante dizer que O Menino e o Mundo não é um filme necessariamente infantil. Eu nunca pensei em fazer um filme para crianças, eu simplesmente faço os filmes, e no final a gente pensa para quem é esse filme. Definir o público é uma exigência do mercado. Mas é algo feito com muita verdade, sem muito pensamento de marketing.

    A relação com questões políticas, sociais e até as manifestações recentes, que devem voltar a acontecer muito em breve, foi muito surpreendente. As manifestações aconteceram quando a gente estava na finalização do filme. A vontade era lançar o filme naquele momento. Cinco anos atrás, quando começamos o projeto, ninguém pensava que as coisas aconteceriam com essa intensidade. A conotação política também veio da pesquisa do Canto Latino, que atravessava diversas questões ideológicas, com esse pano de fundo apaixonante que é a nossa História, e como ela chega ao mundo de hoje.

    Como você pensou em trazer o rapper Emicida e os Barbatuques para a trilha sonora?

    O Menino e o Mundo nasceu com vontade de ser música. Ele não tinha diálogos desde o começo, e tinha uma experimentação sonora, porque a gente já colocava músicas de referência. Algumas passagens foram cantadas, sugeridas para a gente pelo canto latino de Violeta Parra, pelas músicas de protesto dos anos 1960, pela nova trova cubana. O filme queria ser muito musical. As referências que a gente usou eram Naná Vasconcelos, os Barbatuques, que serviram como referência desde o início. Aí a gente pensou: Por que não chamar o próprio Naná Vasconcelos e os Barbatuques para a trilha? Um dos fundadores dos Barbatuques é meu amigo de infância...

    O Emicida chegou quando o projeto estava quase pronto. A gente imaginava os créditos em silêncio, mas a Priscila Keller, que é a nossa coordenadora de arte, sugeriu que a gente colocasse uma letra em português no final da história, para contextualizar, pôr o pé no chão no final dos créditos. A gente pensou em colocar uma música de protesto, e depois pensamos em escolher algo mais atual. Não tem nada mais atual como forma de protesto do que o rap. E chegamos ao Emicida naturalmente, porque é um cara de São Paulo muito ouvido pelos jovens, e também simbolicamente ele é um menino como esse do filme, que tem voz. É uma maneira muito bonita de fechar o filme. Aí ele fez esse rap, e não tivemos que ajustar nada, a música caía como uma luva no final da história.

    Gostaria que você comentasse a situação do cinema de animação no Brasil. Uma História de Amor e Fúria acaba de vencer o importante festival de Annecy, e O Menino e o Mundo também parece representar um passo na evolução da produção nacional do gênero.

    Desde que eu comecei a fazer animação, há 25 anos, eu sempre vi o cinema de animação brasileiro crescer. Claro, tiveram altos e baixos, mas em geral, foi melhorando. Eu acompanhei o surgimento do Anima Mundi, acompanhei as mudanças de tecnologia que favoreceram não só o Brasil, mas o mundo inteiro, porque tornaram a animação mais acessível a todos.

    Agora, qualquer um pode produzir um curta-metragem dentro do seu quarto. O Anima Mundi estimula os jovens a entrar no ambiente da animação, com a facilidade do computador que ampliou o número de pessoas com acesso à tecnologia dos filmes. Também tem as leis de incentivo ao cinema que serviram à animação, e hoje tem leis específicas para a animação. Os animadores que faziam curtas nos seus quartos nos anos 1990, hoje estão fazendo coproduções internacionais, seriados de TV, longas-metragens. Felizmente, eu pude acompanhar de camarote esta evolução no Brasil. Uma História de Amor e Fúria deu um passo importante quando levou a animação brasileira a Annecy. Isso vai jogando uma luz para a animação brasileira. Talvez esse seja o momento de a animação brasileira ser reconhecida no exterior.

    Resumen por: Fidel Jesús Quirós (traducido)

    (Fuente: AdoroCinema)


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