“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

NOTICIA
  • Geraldo Sarno en un hotel céntrico de Buenos Aires. (Foto: Pablo Carrera Oser/UNSAM).


    Geraldo Sarno: “Para cambiar el pensamiento capitalista no se puede usar la misma narrativa que Hollywood”

    A principios de la década del 60 y bajo la influencia del Cinema Novo, Geraldo Sarno formó parte del Centro Cultural de Bahía. Su primera película, Viramundo (1965), que refleja la migración nordestina hacia San Pablo, se convirtió en el primero de una serie que habla sobre la cultura del Nordeste del Brasil y en un clásico del cine brasileño. Pero además, Sarno realizó películas en 16 mm sobre la reforma agraria brasileña, que se perdieron luego del golpe militar de 1964. Siempre interesado en la religiosidad popular, el cineasta también dirigió documentales sobre los cultos afroamericanos y el catolicismo.

    En sus últimos dos filmes, desarrolló ensayos que también indagan en el lenguaje cinematográfico. Todo esto me parece un sueño (2008) es una investigación sobre la vida del General José Ignacio Abreu Lima, quien luchó junto a Simón Bolivar. Y en La última novela de Balzac (2010) presenta al médico y médium Waldo Vieira, quien asegura que su libro Cristo espera por ti (Editares, 1965) le fue dictado por el espíritu de Honoré Balzac.

    Mañana sábado a las 11, en el Campus de Migueletes de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) se podrá presenciar la clase de cine de Geraldo Sarno, y luego se proyectarán Viramundo (1965) y La última novela de Balzac (2010).

    El director bahiano, que reside en Río de Janeiro, habló con Revista Ñ digital sobre cómo fue hacer cine en los 60, de qué manera hay que pensar el cine hoy y su nuevo proyecto sobre el capitalismo. “Creo que el lenguaje audiovisual es central en el mundo contemporáneo. Las políticas educativas y culturales latinoamericanas deberían construir lenguajes propios que estimulen el pensamiento y la reflexión. No se puede proponer cambiar el pensamiento capitalista utilizando la misma narrativa que Hollywood”, afirmó el cineasta.

    -En su presentación del año pasado en el festival Documenta Madrid, contó que trabajaba en un proyecto sobre el capitalismo. ¿En qué fase de producción se encuentra?
    -El proyecto está terminado, ahora tengo que empezar a producirlo. La película se centra en tres textos: uno es de Karl Marx, otro de Mijaíl Bakunin y el tercero, de Fiódor Dostoievski. Estas tres figuras se encontraron de alguna manera en un congreso mundial de La Paz y La Libertad en Ginebra, Suiza en 1868. Este congreso fue organizado por los anarquistas y Bakunin fue el personaje más importante. Marx envío algunos de sus textos pero no asistió, porque estaba intentado volver a publicar El Capital, cuyo primer libro salió en 1867. Las ideas de Marx fueron combatidas por Bakunin en ese congreso. Dostoievski asistió invitado por un poeta ruso y quedó muy impresionado con el líder anarquista. Años más tarde, Serguéi Necháiev, uno de los discípulos de Bakunin, asesinó a un miembro de su grupo en Rusia y este hecho inspiró a Dostoievski para escribir Los demonios (1872). Mi proyecto, entonces, gira en torno a El Capital, El Catecismo de la Anarquía y algunos capítulos de Los demonios. Es un ensayo sobre la lucha de clases, construido a través del documental y la ficción.

    -En el Festival Latinoamericano de Cine de la UNSAM se podrá ver su primera y, también, su última producción. ¿Cómo construyó su película O ultimo romance de Balzac (La última novela de Balzac, 2010)?
    -La filmación de la película duro sólo ocho días porque no contábamos con mucho presupuesto. Realicé cuatro entrevistas sin un guión previo, e hice una breve ficción basada en el libro La piel de Zapa (1831), de Honoré de Balzac. Cuando llegué a la etapa de edición no contaba con un guión, así que organicé el montaje por analogías. Los temas se van uniendo por correspondencia. La estructura no está organizada por causa y efectos y la narrativa no sigue una historia lineal. Este método no es novedoso, lo utilizó Dziga Vertov en su filme El hombre de la cámara en 1929, donde se puede ver un montaje rítmico por analogías sobre la dinámica del trabajo.

    -¿Cómo ve el panorama actual del cine brasileño?
    -Si un habitante de Marte llegara a Brasil hoy, encontraría en la televisión brasileña y no en el cine el reflejo de la cultura de nuestro país. Para entender al pueblo brasileño, el marciano podría ver cuatro tipos de programas. El primero se emite en todos los canales porque, como es tiempo de elecciones municipales, hay un espacio en que todos los candidatos presentan sus consignas. Y en realidad la gente lo ve casi como un espectáculo cómico, porque nadie les cree. Otro programa muestra los juicios que se les están haciendo a funcionarios acusados de corrupción y permite conocer las entrañas de la política brasileña. Luego el marciano podría ver los programas de los evangélicos que hacen supuestos milagros, curan enfermedades y le prometen riquezas materiales a la gente. Y por último debería mirar la novela Avenida Brasil, del canal O Globo, que es seguida por el 80 por ciento de los televidentes brasileños.

    Esta novela se caracteriza por una dramaturgia donde todo es posible. Se deconstruye la narración tradicional y los espectadores permanecen conmocionados porque la historia cambia muy rápido. Los personajes se casan con unos y a los tres días ya están con otros. Estos programas muestran de alguna manera que en Brasil vivimos un capitalismo donde todo es posible. Lo importante es hacerse rico, tener éxito y ya no importa de qué manera.

    -Sin embargo hay películas de nuevos directores brasileños que son muy bien recibidas en los festivales internacionales.
    -Creo que hay una nueva generación brasileña muy creativa, que busca caminos de multiplicidad en el lenguaje cinematográfico, pero que les es muy difícil llegar al gran público. Ellos intentan romper el modelo narrativo hollywoodense, pero no encuentran financiamiento ya que los organismos oficiales de cine apoyan a los filmes comerciales. Para el Estado brasileño es importante crear una industria del cine, y para eso deben existir los grandes productores, pero en Brasil esos productores no arriesgan la financiación, así que es el Estado el que termina poniendo el dinero. Es un sistema que está mal formulado.

    -¿Cómo cree usted que hay que pensar el cine hoy?
    -Creo que hay que evitar el lenguaje narrativo de Hollywood. Jean-Luc Godard dice que el cine es una forma que piensa. Esta definición se utilizó desde el inicio de la cinematografía. Tanto Dziga Vertov como Sergei Eisenstein trabajaban el cine como formador del pensamiento. En la actualidad, hasta en los países de Latinoamérica que buscan una alternativa política diferente al capitalismo de los Estados Unidos, no entienden que es importante tener una propia narrativa del cine. Los gobernantes creen que alcanza con desarrollar temas nacionales, pero utilizan la misma lógica para contar los temas que Hollywood. Creo que esta política comunicacional no les va a dar buenos resultados. No se puede proponer una mirada reflexiva, para que la gente pueda ver el mundo de otra manera, si no se propone una identidad propia en el lenguaje audiovisual. Hasta en los años dorados de la Revolución cubana siempre estuvieron más preocupados por tratar los temas, que en la forma en que se los trataba. Desgraciadamente nunca nos terminamos de liberar del lenguaje y las formas de pensamiento que impone el capitalismo.

    -¿Cree que hubo cambios importantes en su país durante los 9 años de gestión que lleva adelante el Partido de los Trabajadores?
    -Creo que todo brasileño siente que hubo un cambio extraordinario en el país. Haber tenido un obrero en la presidencia seguido por una ex militante guerrillera es un cambio simbólico inmenso, que tiene muchísimo valor en un país con marcadas diferencias sociales y económicas. Pero Dilma encuentra cada día grandes dificultades para gobernar, porque el poder real está en manos de grandes multinacionales que no la dejan profundizar los cambios.

    -¿Y cómo a Latinoamérica?
    -Creo que el futuro del mundo está en la formación intelectual de los jóvenes. Los gobiernos de China, Estados Unidos y Europa están invirtiendo en la formación cultural y, desgraciadamente, los gobiernos latinoamericanos no lo hacen. En este momento el lenguaje audiovisual es el gran formador de los chicos y los jóvenes, hasta cuando juegan en su computadora. Tanto el cine como la televisión e Internet deberían estar al servicio de la formación de las nuevas generaciones. El capitalismo será cada vez más competitivo. ¿Qué futuro tendrán los latinoamericanos si no se los estimula a pensar libremente a través del lenguaje audiovisual? Esto es una tragedia que se repite con todos los gobiernos, tanto de derecha como de izquierda, en Latinoamérica.

    (Fuente: clarin.com/Revista Ñ)


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