“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

ENTREVISTA


  • El documental, Cortázar, El brigadista
    Por Mayra Vilasis

    ¿Qué papel han desempeñado los documentales que has realizado en tu formación como director de cine? ¿Piensas abandonar el género documental?
    Yo te diría que no, que no pienso abandonar el género documental, ya que fui, soy y seré un documentalista.

    Considero que el documental es un género artístico extraordinariamente bondadoso, capaz de brindarle al mundo un número considerable de obras maestras. Es un género fílmico verdaderamente enriquecedor, un gran vehículo de conocimiento, La forma más directa de captar la vida en su esencia más pura, en su real significación. Por estas razones, independientemente  de que acabo de terminar mi primer trabajo de ficción, seguiré trabajando como documentalista y como realizador de películas de ficción. Además, no es solamente cuestión de que yo desee hacer documentales o largos; es una política del ICAIC que los documentas, en la medida en que se van desarrollando, y convirtiéndose en directores de largometrajes, continúen manteniendo su condición de directores de documentales.

    El hecho de haber trabajado durante diez años como documentalista me ha brindado una buena experiencia profesional, haciéndome poco a poco un cineasta con un concepto integral de la cinematografía. Trabajando como documentalista he tenido que producir, y más tarde, materializar ideas, utilizando las estructuras dramáticas cinematográficas. Esto me ha enseñado a expresarme con imágenes de todo tipo, a utilizar diversos recursos para trasmitir informaciones, a conocer los recursos de la técnica cinematográfica.
     
    El documental -por lo menos en la forma en que lo trabajamos en Cuba-  es la antesala  del cine de ficción, ya  que presenta  a los realizadores todos los esquemas organizativos del largometraje. De esta manera, los directores que comienzan a realizar documentales se van entrenar.do en los guiones, en cumplir los planes de  producción, en trabajar con los diversos departamentos de servicios, etc. Al cabo de algunos años, el documentalista puede abordar con alguna seguridad el largo de ficción.

    Pero diría que aún hay cosas más importantes, cosas que han desempeñado un papel mayor en mi formación que las anteriores, y son las vivencias que he tenido a partir de ejercer la profesión.

    En la medida en que el documental se acerca a la vida, se acerca al hombre. El documental me fue enseñando a entender el verdadero sentido de la vida, a comprender y amar a los seres humanos, a agudizar la pupila y descubrir los más ocultos sentimientos del hombre.
    El documental nos obliga a sumergirnos en la realidad que nos rodea, en esa realidad en la que deambulamos y a veces no sabemos valorar. Nos enseña a buscar distanciándonos, y seleccionar la riqueza que posee en sentimientos humanos.

    A él le debo haber aprendido a mirar y ver, a trabajar con el hombre del pueblo, a hablar su lenguaje, a conocerlo y, sobre todo, a hacerme entender por él. Gracias a este entren amiento previo, que me permitió presenciar situaciones de todo tipo: dramáticas, cómicas, y en otros casos, producidas para los documentales, es que he podido acercarme a las situaciones dramáticas del filme de ficción con una mayor seguridad.

    En muchas ocasiones el documental suministra temas y ambientes a las películas de ficción. Muchas son las películas cubanas que le deben su tema a algún que otro documental. Yo mismo utilizo en El brigadista los lugares, personajes, anécdotas, que había utilizado y conocido hace algunos años cuando realicé en la Ciénaga de Zapata el documental Al sur de Maniadero, que se integran perfectamente al filme.. Esta es una de las razones más poderos as para que siga realizando cortos documentales.

    ¿Te sientes satisfecho con tu obra en el género documental?
    Esta es una pregunta difícil de responder, ya que la respuesta convencional sería decirte: “No, yo no estoy contento con mi obra documental”, y no sé hasta qué punto sería sincero. La menos convencional sería decirte: “Si estoy contento con mi obra documental”, y no sé hasta qué punto sería sincero. Realmente, uno siempre tiene la tendencia, y me parece que es muy frecuente en los artistas, a no ser muy objetivo consigo mismo, y mucho menos, con su obra. Por lo general, casi nunc a estamos contentos con un trabajo terminad o. Me parece que sentirse satisfecho con toda la obra es, verdaderamente, muy difícil, excluyendo los casos de mega1omanía, y yo, des de luego, no soy uno de esos... Te diría que estoy satisfecho con algunas de mis obras documentales; con otras, no tanto.

    Hay trabajos con los cuales he tenido una gran identificación y me han deparado grandes satisfacciones, al ver cómo han establecido una relación con el público. Concluyendo, te diría que sí y no. Estoy satisfecho por haber logrado lo que me había planteado en algunos de mis trabajos; con otros, no. Como todos forman parte de una misma obra, no podría decir que estoy ni que no estoy satisfecho con el resultado de mi obra total como documentalista. Sí puedo decir que estoy satisfecho con mi profesión de documentalista por su importancia, por su belleza.

    ¿Cómo se vincula El brigadista a tu obra anterior, desde el punto de vista temático?
    Me parece que El brigadista, por su temática y por su forma, está plenamente vinculad o con mis trabajos anteriores, ya que la operación cultural que plantea es casi la misma que la planteada en Por primera vez, mi primer trabajo documental de hace 10 años. Esta vinculación no es otra que testimoniar situaciones que, por su singularidad, pueden ejemplificar a un país subdesarrollado, en su proceso de crecimiento y desarrollo; una realidad cambiante donde subsisten lo nuevo y lo viejo, lo que muere y lo que nace.

    La campaña de alfabetización fue un acto cultural de una extraordinaria importancia par a Cuba y un ejemplo para el mundo. El hecho de haber acabado con el analfabetismo en sólo un año fue algo asombroso y conmovedor, y como verás, estaba dentro de mi temática inicial tratar de tocar los temas en que se mostrara cómo nuestro país subdesarrollado sacudía sus viejas estructuras. Todo está presente en Por primera vez, en San Lázaro (*). En El brigadista se plantea el mismo trabajo de análisis sobre la compleja relación pueblo- cultura.

    ¿Qué te motivó a seleccionar el tema de El brigadista para tu primera película de ficción?
    Pienso que, como artista, tengo muchas responsabilidades con la Revolución. Me siento un poco en deuda con ella en muchísimos temas, producto de hechos específicos, encajados dentro del proceso, muchos de ellos importantísimos, que si bien ya habíamos reflejado en nuestros documentales, aún no habíamos abordado en nuestro cine de ficción. Y de un análisis que venía haciendo durante algún tiempo sobre esos momentos claves fundamentales, del proceso revolucionario, me parecía que debía primar la campaña de alfabetización sobre otros temas. Además, la campaña me motivaba como tal. También los años 1959, 1960 y 1961 fueron años de vital importancia para el proceso revolucionario -sobre todo el año 1961-, un año que se tiene muy fresco en la memoria, muy apegado en el recuerdo. Cada vez que veo ese magnífico documental nuestro Historia de una batalla, de Manuel Octavio Gómez, que trata sobre la campaña de alfabetización, no puedo evitar que se me humedezcan los ojos. Cada vez que lo veo, vuelvo a vivir aquel momento extraordinario de la Revolución y, por ende, de nuestras vidas, y comprendo que solamente por eso valía la pena ser revolucionario. Si no hubiese habido tantas otras cosas y otros momentos tan grandes, por esa campaña sola valía la pena ser revolucionario. Por eso siempre pensé dedicarle un filme, y pienso que ni remotamente lo agota, por su amplio caudal de humanismo.
     
    ¿Cuál fue tu objetivo al filmar El brigadista?
    Lo que más me impresionaba por aquellos días eran los niños-héroes. Los llamo así porque los alfabetizadores eran realmente niños, al igual que los artilleros de las ametralladoras, de las antiaéreas; toda una generación de niños-héroes que apoyaron a la Revolución, que se consolidó en gran medida gracias a su esfuerzo. Me refiero a aquella generación de niños que en 1961 tenía 13, 14 y 15 años, que fueron alfabetizadores, Cinco Picos, artilleros, y que después fueron a dar su esfuerzo en la cosecha de café. Siempre sentí mucha admiración por ellos, sobre todo, al comprobar que la Revolución había penetrado muy profundamente en esa generación de cubanos, que eran muy pequeños cuando la lucha contra Batista, y que luego estaban luchando contra el imperialismo con una tremenda conciencia; niños manejando ametralladoras antiaéreas para defender a la patria y a la Revolución.

    Eso siempre ha quedado en mi memoria, y uno de los objetivos de esta película es rendir homenaje a esa generación de niños-héroes.

    También quiero explicar, al cabo de los años, la importancia que tuvo la campaña de alfabetización como acto cultural, y no sólo porque ya hay una generación que no conoció aquello, puesto que no lo vivió. En este momento hay países que enfrentan situaciones político-económicas similares a las nuestras de hace 16 años, y que también están a punto o ya han comenzado su campaña de alfabetización. Seri importante que estos países, y otros que todavía no se lo han planteado, tuvieran la oportunidad de ver un filme que aborda una situación de la que Cuba salió airosa, mostrándoles la manera en que nosotros resolvimos el problema.

    Otro de los objetivos es intentar demostrar cómo el acto cultural de la campaña hizo madurar a esa generación en el transcurso de unos pocos meses. Muchachitos de 14 y 15 años, se transformaron en aquella campaña, se hicieron hombres y mujeres, debido al choque con una realidad diferente y ante el cúmulo de situaciones que tuvieron que afrontar lejos del hogar. Tuvieron que crecerse y cuajar como revolucionarios. Aprendieron a vivir viviendo con el campesino; aprendieron a vivir educando al campesino, y fueron a su vez educados por él; recibieron todo el acervo cultural del campesino. Iban enseñando a leer y escribir, y al mismo tiempo, iban recibiendo del campesino su profunda sabiduría, sus conocimientos de la vida, del mundo, su filosofía, la forma de resolver los pequeños problemas cotidianos. Se iba creando esta relación tan bella, tan hermosa, esta relación dialéctica campesino-estudiante, estudiante-campesino, que formó, marcó, a toda esta generación. Estos fueron los objetivos que me planteé. Son Uds., los críticos, y el público quienes tienen la palabra para decir si se han logrado.

    ¿Se inspira El brigadista en acontecimientos reales como el asesinato de Manuel Ascunce?
    Yo diría que sí; yo diría que la película está basada en hechos reales, comenzando por la propia Campaña de Alfabetización.

    Muchas de las situaciones en las que se ve envuelto el protagonista, realmente ocurrieron, y le ocurrieron a gran parte de los alfabetizadores, lo que las convierte en situaciones típicas. Casi todos los acontecimientos y peripecias de la película fueron suministradas a Luis Rogelio Nogueras (**) y a mí por antiguos alfabetizadores. Nos sirvieron de punto de partida para realizar la historia que en su totalidad no es real, o mejor dicho, no es histórica. Desde este punto de vista El brigadista se inspira en hechos reales pero no en acontecimientos históricos. Partimos de hechos reales, por ejemplo, en la película muere un brigadista -es asesinado tan brutalmente como lo fueron Manuel Ascunce y Delfín Sen, pero en el filme no es ninguno de los dos; es Adrián, un jefe de brigada, con quien Mario tiene una gran identificación. En esa medida la película no es un filme histórico, pero está basada en hechos reales.

    En el cine cubano existe una tendencia a incorporar elementos documentales al cine de ficción, ¿Consideras que El brigadista continúa esta tendencia? ¿Cómo?
    No. Aunque comparto la opinión de que existe una tendencia en nuestra cinematografía a incorporar elementos del documental en la ficción, te diría que no, que El brigadista es un filme totalmente de ficción. En ningún momento introduzco entrevistas, etc., aunque al final utilizo algunas escenas documentales sobre el regreso de las Brigadas Conrado Benítez a La Habana. Pero esto es un elemento que no forma parte del estilo de la película; son escenas que reafirman lo dicho y vienen a apoyar con su eterna presencia una película que ha tratado de rendir un merecido homenaje.

    En El brigadista traté de realizar una película convencional con respecto a su lenguaje; es un filme que sigue una estructura dramática lineal siguiendo los parámetros clásicos, los cuales, además, fueron seleccionados intencionalmente. Es el trabajo de tesis que nunca realicé: un trabajo académico. Recuerdo que mientras estaba filmando me entrevistó un periodista suizo, muy conocedor del cine cuban o y de mis trabajos anteriores. Me preguntó si no había utilizado en este filme algo del documental partiendo de la base de mis diez años como documentalista. Le dije que no, que era una película ciento por ciento de ficción, convencional, sencilla y académica. En realidad he querido presentar este tema de la forma más sencilla posible.

    En tus documentales Por primera vez, Sobre un primer combate, Venceremitos, En un exámen de ingreso, has demostrado que posees una sensibilidad especial para trabajar con niños y adolescentes. ¿Cómo ha sido tu experiencia de trabajo con los adolescentes protagonistas de El brigadista? ¿Empleas algún método de trabajo especial con ellos? ¿Te resulta más fácil dirigir a adolescentes que a adultos?
    Mi experiencia con los actores de El brigadista fue excelente. Tuve la suerte de encontrar cuatro adolescentes muy inteligentes, muy disciplinados, para los papeles protagónicos de la película. Aunque tres de ellos tenían muy poca experiencia de trabajo, reaccionaron de una forma admirable porque tenían un problema: la película, por características particulares de producción, no se pudo filmar en los meses de vacaciones. Por factores climáticos, no quedó más remedio que filmarla en los meses de clases. Tuvieron que hacer las dos funciones: actores y estudiantes. Eso presentó una dificultad mayor. Unida a la de no tener experiencia anterior como actores, se les sumó la de tener la presión de un curso escolar particularmente riguroso, ya que tres de los cuatro eran estudiantes del último año de secundaria y tenían la “Espada de Damocles” del paso o no al Pre-Universitario. Todos pasaron de grado con notas excelentes, sentad o el precedente de que es posible para un actor juvenil -en los casos en que haga falta-, trabajar en una película y estudiar para no perder el año. Actualmente todos están estudiando su noveno grado. El cuarto muchacho, el más joven, es un chico brillante. Obtuvo las mejores notas de todos.

    Con esos jóvenes tuve oportunidad de hacer un trabajo previo, un trabajo de mesa, de ensayo. El avance se veía día tras día. La película se filmó casi cronológicamente, es decir, en el orden previsto en el guión. Sabía perfectamente bien que no podía comenzar por escenas muy difíciles, muy dramáticas, que obligaran a los jóvenes a un esfuerzo para el cual ellos no estaban entrenados. De esta manera, dejé estas escenas para los finales, y filmé siguiendo un desarrollo cronológico en la medid a de lo posible. Esto facilitó que los actores tuvieran suficiente entrenamiento al llegar las escenas más difíciles, y salieron airosos de la prueba.

    No sigo un sistema especial cuando trabajo con niños o adolescentes. No puedo decir que tengo un método de trabajo especial. Te diría que todavía no tengo un método de trabajo con actores, sólo los rudimentos. Ese método de trabajo rudimentario que tengo en estos momentos, no creo que sea tan completo como para tener una variante a emplear con los niños. Aplico a los adolescentes los mismos pasos que cuando trabajo con actores adultos; claro, que ya la mayoría de los actor es con los que trabajamos tiene un sistema propio de trabajo y conoce el método de Stanislavsky tan bien como nosotros, y los adolescentes no. A los adolescentes hay que enseñárselo y practicárselo. Algunos lo entendieron, otros no.

    Trato siempre de hacerme amigo de los niños o adolescentes con los que voy a trabajar. Siempre me dirijo a ellos como a personas mayores; no utilizo las bromas habituales con ellos, sino que los trato como si fueran adultos. Reúno la mayor cantidad posible de información sobre sus vidas, sus gustos, sus defectos, sus conflictos, valiéndome de padres, hermanos, maestros. Siempre les digo la verdad y me cuido mucho de hacérselos ver. En fin, trato de integrarlos al trabajo, facilitándoles todo tipo de información. Estimulándolos, permitiéndoles mirar por el visor, etc. Cuando alguno hace algo mal, le hablo y trato de que comprenda, y trato de ejercer un poco de presión social con los compañeros. Me parece que lo más importante es que establezco de inicio una relación amistosa con ellos; lo demás es psicología y un poco de astucia.

    (*) Documental, 1968: Acerca de un personaje que unos llaman San Lázaro y otros llaman Babalú.
    (**) Co-guionista de El brigadista.

    (Fuente: Revista Cine Cubano no.93)


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