“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

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  • Luis Estrada dirige "Las muertas", una tragicomedia satírica de un México violento y pasional
    Por Fernando Brenner

    Luis Estrada es una de las personalidades de la cinematografía mexicana más relevantes, premiadas y polémicas, de un director que siempre ha filmado en su propio país, sin realizar coproducciones, más allá de que ha sido tentado más de una vez para rodar, por ejemplo en el país vecino al norte de su Patria. El prefirió tener un control y una identidad en todo sentido. Sus ocho largometrajes prácticamente no se habían estrenado en nuestro país. Salvo el caso de "El infierno" (2010) que se presentó en salas de cine en marzo de 2014. Por su parte "La Ley de Heródes" (1999) se programó en el 16º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata en marzo de 2001 en la Sección América Latina XXI. Y finalmente "Un mundo maravilloso" (2006) se estrenó directamente en la televisión en 2007. Hoy por hoy además de estos tres títulos, se le suman "La dictadura perfecta" (2014), y "¡Que viva México!" (2022), los cuales todos se pueden ver en la Plataforma Netflix, la misma que le ofreció realizar esta grandiosa serie "Las muertas" (2025), que se estrena ahora en el canal de streaming. Su segundo largometraje, "Bandidos" (1991) fue editado directamente al VHS por el sello Live con el título de "Pequeños bandidos". 

    Luis Estrada Rodríguez nació el 17 de enero de 1962 en Ciudad de México (Ex DF) y es hijo del director de cine José “El Perro” Estrada de quien fue su asistente en un par de films. Tuvo estudios en el Centro Universitario de Estudios de Cine (CUEC), de México y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. También fue asistente de dirección en películas de Arturo Ripstein, José Luis García Agraz y Felipe Cazals. Sus films han sido premiados en infinidad de festivales internacionales como Sitges, La Habana, Sundance, Valladolid, Viña del Mar, Amiens, San Diego, Biarritz; y en varias oportunidades con los Premios Ariel otorgados por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas. Apasionado por el western considera al gran John Ford como su gran Maestro. 

    ¿Me equivoco si digo que tu cuarto largometraje La Ley de Herodes, a su vez también está inspirado en un libro homónimo de Jorge Ibargüengoitia?
    Pues no, fíjate que ese es un error. La Ley de Herodes es un refrán mexicano que a la letra dice “Te tocó la Ley de Herodes, porque chingas o te jodes”. Ibargüengoitia tiene un libro de cuentos donde usa ese título, pero no tiene nada que ver. Aunque tiene que ver, creo, que es una cosa que ha gravitado en mi cabeza, que es que manejamos un tono muy similar. Yo en el cine y él en la literatura. Y siento que Jorge Ibargüengoitia al igual que otros cineastas y escritores- ha sido de una gran influencia muy importante en términos de utilizar la sátira como una herramienta para contar historias que involucren en su esencia la crítica al poder, a los ricos, a los poderosos. 

    Justamente una de las características más destacadas de tu cine es el manejo de la sátira, del sarcasmo, y dentro de ese hiperrealismo, la costumbre de decir las cosas por su nombre…
    …que a veces me ha metido en problemas (Risas). Pero fíjate que al final de cuentas es lo que más me tiene orgulloso en mi carrera. Porque de alguna manera en México por muchas décadas gravitó el fantasma de la censura oficial de parte del Estado, cuando existía la famosa “Dictadura perfecta” a la que se le llamó en México. Y luego ese miso fenómeno de la censura generó también de parte de muchos autores y artistas una autocensura, ya fuera por miedo o de que no querían tocar ciertos temas. O manejarlos con subterfugios o con los nombres cambiados. Y yo un poco, a partir de esa experiencia, me dije: bueno creo que ya llegó el momento de hablar y de mencionar a las cosas por su nombre. De hablar de los nombres del Presidente, de usar la bandera, de usar los logotipos de los partidos políticos. Y creo que eso tuvo un efecto muy importante porque creo que al final de cuentas las películas han ensanchado un poco la libertad de expresión en México. 

    ¿Tú ya tenías los deseos de adaptar Las Muertas para la época en que filmaste La Ley de Herodes?
    Fijate que la historia hasta cierto punto suena un poco romántica, pero yo leí Las muertas, la novela de Ibargüengoitia en que está basada la serie, cuando era adolescente. Apenas salió de la editorial la pude leer y desde entonces se volvió una inquietud y tuve mucho interés en hacer una adaptación para cine. Varias veces lo intenté a lo largo de mi carrera. El mundo sufre constantes cambios. En los últimos tiempos creo que esos cambios se han acelerado un poco más. Y yo no sé si fue una afortunada coincidencia el que no la haya podido hacer antes. Y te lo digo que con toda esta obsesión que se me había hecho para poder adaptarla, creo que habría quedado demasiado afuera de tratar de meter todo lo que la novela habla, que cuenta, en un largometraje. Y la coincidencia de haber tenido la oportunidad de narrarlo en una serie, me atrevo a decir por ahí de manera un tanto presuntuosa, de seis películas como si fuera un largometraje de seis partes. Y cada uno con su propio tono, cada uno con su género cinematográfico. Pues soy muy afortunado porque me permitió esta posibilidad de tener un desarrollo más amplio de los temas, que curiosamente son muy coincidentes con los temas de que yo hablaba en mis otras películas: el abuso del poder, la corrupción, la impunidad. Pero en un tono de sátira con humor negro. Porque en el caso de Las Muertas es muy interesante que el autor toma un caso de la vida real, el caso de las famosas Poquianchis, que fueron unas madrotas dueñas de burdeles. 

    Pero en tu caso adaptaste la novela de Ibargüengoitia, no estás basado en el hecho real…
    El hecho real lo investigué, lo leí. De hecho hicimos una investigación histórica y hemerográfica, un poco para tener las mismas referencias que tuvo Jorge. El también escribió mucho alrededor del proceso de cómo fue construyendo la novela. De tomar la decisión creo que muy osada e intrépida de hablar de un hecho tan escabroso, tan escandaloso y dramático, y transformarlo en una sátira. Creo que es el gran riesgo y también el gran valor del libro. Como tomar ciertos elementos de esta realidad tan sórdida y en ciertos aspectos me atrevería a decir tan negra, para transformarlo en una sátira acerca de un país como un microcosmos para reflejar los problemas que también son un espejo del tiempo presente. Y ese era también el reto de Las muertas, el de hablar de temas que aún tienen vigencia contemporánea y actual. Pero todo es como un juego que igual tratamos de respetar como esa frase que él dijo: acá todos los hechos son reales pero los personajes son imaginarios. 

    Y para nombrar y meter a tantos personajes, reales o no, creo que te ha llevado a que tengan una larga, bien larga duración. Y por ende unos extensos rodajes. ¿Es así?
    Ahorita lo has dicho con mucha claridad. Cada vez creo que me he vuelto un poco más ambicioso. Creo que cada historia pide un tiempo determinado y una duración. Yo afortunadamente en mi carrera he tenido la suerte y el privilegio de hacer lo que he querido. Y nunca he trabajado por encargo, sino que siempre los proyectos han salido de mi inquietud por contar estas historias. Y pues creo que cada historia encuentra su duración. Pero, por ejemplo, a pesar de lo muy larga que es Qué viva México (2022, 191 minutos) ni siquiera una duración de ese tamaño me hubiera permitido contar todo lo que quería contar de Las Muertas. Entonces el hecho de haber transitado esto que es como mi segundo debut, por el hecho de hacer una serie, es una oportunidad fantástica porque si me permitió hacer un desarrollo de la historia sin dejar fuera nada de lo que proponía el universo de Ibargüengoitia que lo tomé y lo convertí en el mío. 

    ¿Y cuánto duran por lo general tus rodajes?
    Mira mis rodajes han sido normalmente entre 8 y 10 semanas. Y en el caso de Qué viva México han sido 11 semanas. Pero en el caso de Las muertas han sido 22 semanas de rodaje continuas. Fue un proceso muy largo, era muy ambicioso. El guión de hecho que teníamos consolidado como si fuera el guión de una película más allá de que lo teníamos separado por cada capítulo, pues efectivamente teníamos mas de 400 páginas. Además el hecho de trabajar cosas de época le da un grado de complejidad en la reconstrucción de los diversos lugares. En términos de producción es casi épica, y es una superproducción que tiene más de 5000 extras, cientos de coches de la época, más de 200 sets. Vaya todo eso toma mucho tiempo.   

    Hay un  trabajo muy elaborado en la puesta, en los encuadres, donde cada uno parece una confección cuasi pictórica, más el tratamiento del color.
    Te agradezco mucho. He tenido la suerte de tener un equipo muy sólido y comprometido con el que he venido trabajando desde hace muchos años y nos conocemos mucho. Y creo que tiene que ver con la aspiración, y en este caso en particular que es un producto audiovisual para una plataforma, de quererlo hacer con el mismo cuidado y rigor que se hace una película con las más altas ambiciones artísticas. Porque creo que el espectador lo valora. Y me gusta mucho que lo digas porque si hubo mucho cuidado en la reconstrucción de la época en cada uno de los planos, en los tonos del paisaje, pero también en la integración con la escenografía. 

    Permíteme acotar el hecho de que me parece que entre otras cuestiones, vos tenés una profesión frustrada que es la de diseñador gráfico (Risas)
    La debo de tener (Risas). Pero fíjate que sí. Hay una frase que dice “No se ve, pero se siente”. Porque creo que te ayuda a crear una atmósfera. El cine, o en este caso las series, tienen la maravilla de conjuntar de alguna manera muchas artes al mismo tiempo. Por supuesto que también incluyo a la música, que para mí es esencial y tuve el privilegio de contar con uno de los grandes compositores españoles como Fernando Velázquez, que creo que hizo una partitura muy apropiada para el tono y el género de la película y grabada con la Orquesta Sinfónica de Madrid y fuimos a España a grabar la música. Y otra cosa que era importante que en estos tiempos en el que hay esta tendencia al abuso de herramientas digitales y efectos especiales, tratamos de hacerlo todo a la antigua de manera artesanal. Y que casi todo lo que está al frente de la pantalla es real, más allá de algunos retoques que hubo que hacer. Y lo mismo fue para los actores. No es lo mismo actuar frente a una pantalla verde que estar en un lugar donde están todos los elementos dados, las texturas de las paredes, la escenografía real. 

    De eso quería hablarte: por un lado trabajas mucho en escenarios reales, pero también en sets de estudios, como los míticos Churubusco.
    Todas mis películas las he filmado ahí en los Estudios Churubusco. La cárcel, donde transcurre el juicio, todo eso se construyó en los estudios, porque también en ese sentido yo soy un poco dinosaurio y me gusta mucho la manera en que te permite tener, de imaginar estos espacios para poderlos llevar a la realidad y controlar mejor la escena. Lo que no es en estudios se ha filmado en  los exteriores, y algunos están retocados por el diseñador de arte Salvador Parra, y los rodajes fueron en locaciones de Veracruz, San Luis Potosí, Guanajuato y en el Estado de Méjico. 

    Has dicho que te rodeas de un equipo técnico afín, fiel. Pero también siempre te aseguras de tener los mismos rostros principalmente con actores y con actrices, empezando por tu actor fetiche Damián Alcázar. 
    Al fin de cuentas ya no existe como tal un Star System pero yo creo que a la gente le gusta mucho reconocer los rostros. Y yo con mis actores desarrollo una relación que va más allá de lo profesional. De la mayoría de ellos me hago cercano, amigo en algunos casos, porque también creo que si tu formas como esta especie de compañía. Creo que los más grandes directores siempre han encontrado como esas mismas familias. Si hablamos de John Ford, si hablamos de Akira Kurosawa, si hablamos de Howard Hawks, como que siempre les gustaba estar rodeados de los actores con los que se sienten cómodos. Y en mi caso cuando yo encuentro un actor con quien tengo coincidencias y que me resulta muy convincente su trabajo, procuro que estén en el film. Ya desde el momento en que escribo el guión, ya los tengo ubicados en qué personajes van a hacer y de hecho a la hora que me pongo a escribir con mi coguionista Jaime Sampietro ya le comento a quien de ellos le queda muy bien equis personaje. Por el tipo de conocimiento que tenemos del trabajo previo de cada uno. También hago un trabajo de escritorio de análisis de texto, de construcción de personajes muy riguroso, porque al final de todo son los que dan la cara. 

    ¿Qué espacio tienen los actores para participan en el guión, si tiran alguna idea o visión. O son guiones de hierro?
    Creo que ni mucho ni tan poco. A rajatabla no es tan estricto. Pero eso lo procuro trabajar y dejarlo en claro en el proceso de preparación. No hay ensayos, hacemos lecturas de mesa muy profundas, de resolver dudas. Los lleno a mis actores de referencias literarias, cinematográficas, visuales. Les digo que así me imagino los espacios, les muestro escenas de películas, y películas completas. Difícil es también ser cien por ciento original. No tengo ningún pudor en citar directores como Orson Welles o John Huston. Creo que eso ayuda a enriquecer y a tener una visión más amplia. El tiempo en el set de filmación es muy caro. Y ahí si es muy difícil ponerte a probar cosas o discutir. A mí me gusta el poder haber visualizado por completo la película o el capítulo de la serie en este caso, y que todo el mundo tenga clarísimo que vamos a hacer cuando ya estemos en el set. No hay tiempo para improvisar. Claro que siempre hay sorpresas que te permitan mejorar la situación. A través del azar con lo que puedas encontrar en rodaje. Y el autor de esta novela escribió como si fuera un guión entonces quería respetar su universo, de respetar sus propuestas éticas. Porque creo que en definitiva Las Muertas es una historia sobre el Mal y su banalidad. En general ningún personaje se salva y todos tienen en sí mismos tanto el bien como el mal. Y eso es algo que me obsesiona. 

    (Fuente: escribiendocine.com)


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