“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

CRITICA


  • Argentina latente: Pino Solanas y lo que puede ser
    Por Dean Luis Reyes

    Si Memoria del saqueo (2004) fue la mirada indignada al despojo y la destrucción de Argentina, recorrido por el sutil tejido de intereses que acabó sacrificando el país de todos a favor de una minoría, y La dignidad de los nadies (2005) el recuento de los “daños colaterales”, el paisaje humano después de la rapiña neoliberal, Argentina latente (2007) es la historia de la redención posible, del país que podría ser.

    La nueva película de Fernando Solanas concluye el tríptico —por cuanto la idea de fragmentos que alegorizan el todo resulta mejor definición que la de trilogía— que ha venido enhebrando como testimonio de los acontecimientos que estremecieron a su país en los últimos años, a partir de que el crac del modelo neoliberal produjera la sublevación popular y la crisis de la institucionalidad política vigente. Este grupo de documentales de largometraje viene a ser la relatoría más exacta y abarcadora de la compleja situación de un país que pasó de vitrina rutilante del sueño neoliberal a demostración de la ineficacia del modelo económico pactado para resolver los problemas profundos de los países dependientes.

    Muchas producciones del nuevo cine argentino de la pasada década han indagado en las huellas que los procesos socioeconómicos de la década final del siglo XX y lo que va del XXI dejaran sobre la vida cotidiana de su gente. Películas como La ciénaga, Mundo grúa o Pizza, birra, faso, por mencionar especímenes con pedigrí de la reciente producción argentina, han implementado relatos que encaran más o menos frontalmente esa realidad crítica. Asimismo, la producción documental se ha ocupado de dar parte de las renovadas filas de indigentes y piqueteros, de los grupos sociales fragmentados y de las formas emergentes de resistencia.

    En semejante panorama, los documentales de Solanas instrumentan la crítica de la Historia en su propio acontecer (en la plaza pública, entre la gente, dando cuenta de la rabia del poder; en las huelgas, dentro de las fábricas ocupadas; en siniestros ministerios, recuperando cuanto se pueda de los pactos secretos y la venta indiscriminada del país a capitales extranjeros). Mas, ello ocurre invirtiendo la perspectiva tradicional: en vez de referir las versiones oficiales y hacer la relatoría crítica de los acontecimientos, genera su propia perspectiva de los mismos, contando la historia desde la posición de quienes son, por hábito, excluidos del relato canónico, que en este caso son a un tiempo protagonistas y memoria de los sucesos, así como la perspectiva con la cual se compromete la solidaridad de la mirada documental definitiva. O sea, un posicionamiento que ubica al realizador a favor de aquellos que siempre salen perdiendo en el ajedrez infame de la historia de los poderes.

    Pero Argentina latente es una película de paisajes. Si bien sus antecesoras se movían a ras del suelo de los acontecimientos, esta sobrevuela con pausa, evidencias menos contextuales. Los primeros minutos son ejemplares: una panorámica aérea de las extensiones geográficas del país y la voz en off de Solanas que explica la paradójica realidad de una geografía dotada de enormes riquezas, pero sometida a una indigencia desesperada. Paradoja que acentúa el segmento contiguo: entrevistas en la calle donde la gente sencilla, ante la pregunta de si la Argentina es rica o pobre, se decanta por lo segundo.

    La película no se ahorra estadísticas, datos, comparaciones de períodos históricos, tasas de evolución y crecimiento económico, que explican el ascenso de una nación de la nada al auge económico y al estatus de potencia regional, bajo el impulso modernizador del nacionalismo. Sin suscribir expresamente la nostalgia peronista, Solanas consigue exponer el desvío ideológico de las élites que acabó de a poco con las enormes potencialidades científicas y productivas del país. Sin temer al exceso didactista, y utilizando con amplitud la entrevista, o ese diálogo que entabla él mismo con interlocutores de toda clase, el realizador disecciona el estado actual de una industria tras otra: la aeronáutica, la automovilística, la militar, la naviera, la de producción de maquinaria, la nuclear, así como la patética situación de la academia universitaria y de la escuela pública en general.

    Pero en este compendio de desmanes oficia como de paso, aunque es el objetivo central de la argumentación, la revelación de posibilidades inmensas: una infraestructura en desuso o saqueada por inversores extranjeros, pero capaz; una cantera de profesionales de primera categoría deseosa de aplicar sus conocimientos a favor del país; recursos subutilizados que el estado solamente tendría que recuperar para sí. Sin un triunfalismo fácil, se desliza el júbilo de Solanas por las potencialidades latentes, más el entusiasmo que nace de reconocer que, como él mismo declarara, “es falso que no se pueda, sino que siempre se pudo, incluso en tiempos más difíciles”.

    Como cine, Argentina latente carece de una tensión creciente o de un ciclo de problemas dramáticos estresante; en cambio, prefiere el riesgo de la reiteración, el subrayado de tesis semejantes y el goteo constante a favor de una idea, siempre la misma: la latencia de un país agotado pero capaz de todo. Más que cine, este último documental viene a ser un programa, proyecto de cambio casi para la situación referida en sus antecedentes. Ello, no en la forma de un catecismo político, sino de invitación al autorreconocimiento de una capacidad de transformación.

    Argentina latente cruza de la gran Historia hacia la anécdota cotidiana para articular una visión política. Y todo ello parece expresar el tránsito de Solanas desde las militancias extremas y la parcialidad de los dogmas hasta ese reposo que se constituye en una idea de lo político como confirmación de madurez: la del sentido común.

    Dormant Argentina: Pino Solanas and what can possibly be
    By Dean Luis Reyes

    If Memoria del saqueo (2004) is the infuriated look at the spoliation and destruction of Argentina, a trip along the subtle events of interests which ended up in sacrificing the country of all the people in favor of a minority, and La dignidad de los nadies (2005) is the inventory of the “collateral damages”, the human landscape after the neoliberal rapine, Argentina latente (2007) is the story of the possible redemption of a country that could be.

    Fernando Solanas´new film finishes the triptych –since the idea of fragments allegorizing the whole becomes a better definition than that of trilogy- which he has been threading as testimony of the events that unsettled his country in recent years, since the moment when the crack of the neoliberal model produced the popular uprising and the crisis of the political institution in effect. This group of long length documentaries becomes the most exact and global report of the complex situation of a country that changed from being the shining display of the neoliberal dream to prove of the inefficiency of the economic model agreed upon in order to solve the deepest problems of dependent countries.

    Many films of the new Argentinean cinema of the last decade have enquired in the traces left by the socioeconomic processes of the last decade of the XX century and the present XXI century on the everyday lives of its people. Films such as La ciénaga, Mundo grúa or Pizza, birra, faso, just to mention some specimens with pedigree of the recent Argentinean production, have implemented stories that more or less frontally face that critical reality. In the same way, the documentary production has focused in reporting about the renewed files of indigents and piqueteros (strike picket), the fragmented social groups and the emerging forms of resistance.

    In a similar panorama, Solanas´documentaries instrument criticism of History as it takes place (in the public square, among the people, giving account of the rage of power; in the strikes, inside the occupied factories; in sinister ministries, recovering as much as he can of the secret pacts and the indiscriminate sale of the country to foreign capitals). But, this happens in reverse of the traditional perspective: instead of referring the official versions and making a critical inventory of events, he generates his own perspective of these, telling the story from the position of those, habitually excluded from the canonic narrative, who are at the same time leading characters and memory of the events, as well as the perspective with which the solidarity of the definite look of the documentary is committed. That is, a positioning that places the filmmaker in favor of the people who are always the losers of the infamous game in the history of powers.

    But Argentina latente is a film of landscapes. Even if its predecessors moved at ground level of the events, this one hovers slowly over less contextual evidences. The first minutes are an example: an aerial view of the geographical extensions of the country and the voice over of Solanas explaining the paradoxical reality of a geography privileged with enormous riches but subdued to a desperate indigence. Paradox that emphasizes the contiguous segment: interviews in the streets to ordinary people who, faced with the question of whether Argentina is a poor or a rich country, make a choice for the latter.

    The film lavishes in statistics, data, and comparison of historical periods, economic evolution and growth rates, which explain the ascent of a nation from scratch to economic prosperity, and the status of regional power, under the modernizing drive of nationalism. Without specifically subscribing the Peronista nostalgia, Solanas manages to expose the ideological deviation of the elites which, little by little, put an end to the enormous scientific and productive potential of the country. Without fearing the excess of didactics, and with ample use of interviews, or the dialogue that he initiates with all types of interlocutors, the filmmaker dissects the present state of one industry after the other: aeronautics, the car industry, the military, the shipping industry, the machinery production, the nuclear industry, as well as the pathetic situation of the university and public schooling in general.

    But he acts as if he were passing through in this summary of offenses, although it is the main objective of the argumentation, the revelation of immense possibilities: an infrastructure which is obsolete or vandalized by foreign investors, but capable; a reservoir of first class professionals anxious for applying their knowledge in favor of the country; underused resources that the state just has to recover. Without an easy triumphal attitude, Solanas joy slides through latent potential, plus the enthusiasm that emerges from the acknowledging that, as he declares, “it is not true that we are not able to do it, we were always able to do it, even in more difficult times.”

    As a film, Argentina latente lacks a growing tension or a cycle of stressing dramatic problems; by contrast, it prefers the risk of reiteration, the emphasis on similar thesis and the constant dripping in favor of an idea, always the same: the dormancy of a country that is exhausted but capable of everything. More than film, this documentary is a program, a project of change for the situation referred in its antecedents. This is done not in the way of a political catechism, but as an invitation to self-recognition of a capacity for transformation.

    Argentina latente crosses from the great History to the everyday anecdote in order to articulate a political vision. And all this seems to express Solanas´transit from the most extreme militancy and partiality of dogma to that repose which constitutes in itself an idea of politics as a confirmation of maturity: that of common sense.


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