“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

CRITICA


  • La pared de las palabras, una película tierna y personal
    Por Diana Castaños

    La pared de las palabras, la octava y más reciente entrega audiovisual del cineasta cubano Fernando Pérez, uno de los directores más respetados de la cinematografía cubana contemporánea, es una muestra del más genuino cine de autor.

    La película, que muestra una sensibilidad extrema y un manejo acertado y conocedor de las emociones humanas, transcurre en gran medida entre los gritos y las crisis propias de una institución psiquiátrica, lo que la hace notable dentro de la visualidad actual en Cuba.

    Aunque resulta obvia la exhaustiva investigación previa de Fernando Pérez sobre los trastornos mentales, la cinta no se centra en pesadas disertaciones sobre el tema. En cambio, opta por mostrar, en humilde demostración de la más altísima calidad humana, una línea de tesis muy particular, que se resume en un parlamento que el propio cineasta y la coguionista del filme, Zuzel Monné, ponen en boca de uno de sus personajes: “que las cosas están al revés no significa que no haya orden”.

    La pared de las palabras ansía ser mecanismo de análisis de los seres humanos y también un cuestionamiento a los cánones de normalidad; convida a la tolerancia, a la comunicación, a la aceptación, al respeto a la diversidad, incluso a aquella que se nos hace dolorosa. Y además, resulta una denuncia contra la locura cotidiana de seres humanos que, con frecuencia, hacen uso de su poder de ser clasificados como normales para comportarse como ineptos.

    Con el lente de Raúl Pérez Ureta y las interpretaciones de Jorge Perugorría e Isabel Santos, La pared de las palabras contiene una revisión de cómo se manifiesta nuestra humanidad, característica de toda la obra del director cubano (Madagascar, Suite Habana, José Martí: el ojo del canario) y cuenta con las actuaciones de Verónica Lynn, Carlos Enrique Almirante, y Laura de La Uz; además de intérpretes no profesionales, lo que le otorga una carga de autenticidad a la película.

    El argumento del filme: Luis padece una enfermedad degenerativa que no le permite ni hablar ni moverse con facilidad. Su madre, que se desvive por atenderlo, se desgañita tratando de entender el mundo en que vive su hijo.

    Es la primera vez que Jorge Perugorría -quien asume el desafío de interpretar a Luis, cuya enfermedad lo limita en movimientos y palabras- trabaja con Fernando Pérez. En cambio, la actriz Isabel Santos, que interpreta a la madre de Luis, ha actuado ya en la filmografía del director, en La vida es silbar y en Clandestinos, películas icónicas del cine cubano.

    La pared de las palabras: cuarenta y cinco minutos acordes con la peculiar visualidad (generosa en primerísimos planos), plagada de escenas donde el mar deviene personaje más, y de imágenes de ruinas hermosas –oxímoron mediante- de La Habana. Una película tierna y personal, como solo puede serlo el amor filial… ese que debe primar cuando existe un enfermo de gravedad en la familia… ese, el único capaz de generar comprensión, aceptación, esperanza y comunicación, aun sin palabras: otra de las aristas inequívocas del filme.

    Esta cinta, que tardó casi dos años en realizarse y es el primer filme independiente del director, resulta además su entrega más íntima (posee elementos autobiográficos) y, por tanto, comprometedora -desgarradora- de toda su filmografía.

    Una película con muy buenas intenciones, y con muchos aciertos, como la selección del cuadro Mar de noche, una misteriosa y fascinante pieza del artista Yoan Capote para decorar la institución psiquiátrica donde vive Luis. Esta obra de arte, como otrora el mar, funciona como un personaje más de La pared de las palabras, y muestra, en una versatilidad exquisita, una verdad diferente para cada persona que lo mire. Precisamente como este filme, que para muchos será una puerta de contención, para otros, poco más que una pared. Tan solo para unos pocos, será aquello que las palabras no mencionan.  Pero para ellos, es esta película.

    (Fuente: Cubahora.cu)


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