“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

ENTREVISTA


  • Corales de Honor: deber y obligación, lucha y combate
    Por Estrella Díaz

    Cuatro Corales de Honor fueron entregados al dejar inaugurada la 30 edición del Festival y es, de seguro, una manera de reconocer maneras y miradas múltiples, pero con un denominador común: pasión y respeto hacia el cine latinoamericano.

    Para Jorge Sanjinés, Paul Leduc, Nelson Pereira Dos Santos y Miguel Litín —todos destacados hombres de cine—, fueron estos Corales que, en lo adelante, se sumarán a sus respectivas historias personales. Con Littín, y en exclusiva para el Diario del Festival, conversamos sobre éste y otros temas.

    “Me llena de satisfacción el estar en La Habana en el momento en que celebramos los 30 años de Festival porque es una parte importante de la historia del cine de América Latina. Es un Festival que, fundado por Alfredo Guevara, da continuidad a lo que habían sido los Festivales de Viña del Mar, en Chile, donde todos los cineastas de América Latina nos reconocíamos como una sola cinematografía. Eso es nuestra identidad y ésta es nuestra casa, la casa del cine de los distintos países y regiones del Continente. Recibir el Coral de Honor es un orgullo muy grande y algo que dejaré como un recuerdo a los que me siguen”.

    De Viña del Mar al presente 2008 ¿se han cumplido aquellos sueños y postulados iniciales?
    La prueba es que estamos aquí. Uno de los postulados fundamentales en aquel instante era buscar la forma de sobrevivir y crecer. De aquellos momentos —en que presentábamos nuestros primeros cortometrajes— a ahora, hemos continuado desarrollando un cine de combate, un cine de lucha, un cine que busca la identidad y que contribuye al desarrollo y a las transformaciones de los pueblos.

    Hoy se han multiplicado los jóvenes, entre los que se cuentan muchas mujeres, que en todo el Continente estudian cine. Siento que hemos subido hasta la cumbre y ahora estamos mirando hacia el valle, pero, indiscutiblemente, quedan muchas cosas por hacer. Hay que seguir luchando.

    Las condiciones políticas, económicas y sociales cambian y el cine va modificándose junto con ellas e, incluso, algunas veces, se adelanta y abre cauces para que se exprese la voz subterránea de un Continente al que muchas veces se le negó expresarse, pero que hoy día es imposible callarlo. Esa es la gran diferencia: hace 30 años afirmábamos nuestra identidad y hoy la prolongamos, la proyectamos hacia el futuro.

    En este mundo actual globalizado ¿continúa pensando que esa voz pueda llegar a ser escuchada?
    No solo la esperanza, tengo la certeza porque lo hemos hecho. A 40 años de Viña del Mar, la cinematografía latinoamericana existe y lo hace con una voz fuerte y potente y se expresa y se prolonga en las nuevas generaciones. No solo fuimos una generación, son cuatro generaciones que hoy día están haciendo cine Latinoamericano con un claro compromiso con el hombre, con su historia, con su desarrollo político, cultural y social.

    El cine Latinoamericano continúa teniendo, en algún sentido, los mismos (y nuevos) problemas que hace 40 años; me refiero al mercado, a la distribución… Frente a esa realidad, nosotros levantamos una bandera que era existir. Hoy día existimos y ahora es necesario crear los nuevos cauces, para dejar como herencia a las nuevas generaciones un mercado común, un espacio afín para el cine de Latinoamérica. Es la única solución.

    Hace 40 años lo afirmamos y hoy día lo vuelvo a reafirmar: mientras las pantallas singan siendo un enclave colonial en manos de las grandes compañías norteamericanas el desarrollo va a ser difícil, lleno de obstáculos sobre todo económicos e industriales porque los creativos cada día se desarrollan más. Solamente abriendo las pantallas, subyugando los espacios, enamorando al público de América Latina, reconquistándolo para nuestros filmes, podremos crecer a los niveles que esperamos y necesitamos.

    No hay duda que usted pertenece a una generación extremadamente batalladora; es como si el espíritu de Viña del Mar no descansara…
    No, no descansamos. No tenemos tiempo para eso; ya habrá momento de descansar cuando no estemos en este mundo. Vengo de acabar de filmar mi última película sobre los campos de concentración de la dictadura donde hubo gente muy cercana al presidente chileno, Salvador Allende. Personas que estuvieron allí, en el paralelo 52 del Sur del mundo, donde ya no queda tierra y resistieron. Hoy siguen vivos, reconstruyendo y jugándose audazmente su destino. Por eso creo en los destinos del hombre y en la causa. Tengo muy claro que hay que seguir.

    No se cuando vamos a resolver todo; no se si mañana, no se si la revolución continental triunfará dentro de tres días o en 20 o en 30 años. No importa el tiempo, porque se cual es mi deber y mi obligación: luchar y combatir. Esa es la vida.

    ¿Cuándo estará lista la película?
    En marzo. Filmé en condiciones muy adversas con temperaturas muy por debajo de los cero grados. La película —que es un largometraje en coproducción entre Chile, Brasil, España y Venezuela— es muy fuerte y será un impacto el conocer esa realidad, que aunque uno piensa que la sabe no es tan así. La película recorre los meandros, las sombras, los lugares más oscuros y subterráneos de la mente fascista que imperó en el continente. 


    (Fuente: www.habanafilmfestival.com)




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