“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

CRITICA


  • Las imágenes semejantes: documental latinoamericano en la 6ta. Muestra Nacional de Nuevos Realizadores
    Por Dean Luis Reyes

    La Muestra de Audiovisual Latinoamericano que propone, dentro de sus acostumbrados programas colaterales internacionales, la Muestra de Nuevos Realizadores que este febrero se celebra en La Habana, tiene una caprichosa semejanza con la zona competitiva made in Cuba de esta 6ta. edición del evento: la solidez de una propuesta documental que empequeñece y hasta relega al olvido inmediato la mayoría de los tratamientos de la ficción.

    Por ejemplo, de la selección del cono sur, Argentina vuelve a mostrar su fuerza. De esa cinematografía podrán verse los cortos de ficción El inglés (Jean Pierre Bordelios), Los asesinos (Federico Ferro), Séptimo piso (Federico Peretti), los dos últimos, haciendo curiosas utilizaciones de los recursos del mudo, de la ausencia de diálogos para gestionar su morfología, además, El loro (Pablo Solarz), una historia que pudo dar más de sí, pero humanamente hermosa en su sencillez.

    En cambio, la perla de esta selección es La Nueva York (Agustín Samprón, 2006), documental realizado por el Movimiento de Trabajadores Desocupados de Berisso, municipio de Buenos Aires. Sus realizadores quieren referir la historia de su calle, La Nueva York, antaño pujante centro industrial venido a menos con la crisis económica. Esa intención pequeña, que rehúye a un tiempo al requiebro nostálgico y al lloriqueo por las glorias idas, cobra mayor dimensión cuando deciden incluir el propio proceso de la pesquisa en la estructura testimonial. Así articulan con suerte pasado, presente y futuro, en un continuo que entrega una obra audiovisual la cual, sin carecer del milagro estético y de la pasión, se tranforma en puro activismo, al desmentir la historia oficial y poner a hablar a aquellos a quienes nunca se les pregunta.

    El Festival Ícaro, que se celebra anualmente en Guatemala, se ha convertido rápidamente en referencia del audiovisual centroamericano. De esa cita podremos ver una selección de documentales premiados en la edición de 2006. Uno de ellos, Costa Rica S.A. (Pablo Ortega, 2006), ha provocado el pasado año enorme debate en ese país e incluso una orden explícita de censura de parte de las autoridades. Ello es lo mejor que podría haber ocurrido para un dispositivo que denuncia con meticuloso afán didactista las verdaderas consecuencias del Tratado de Libre Comercio que negociara ese país con los Estados Unidos. La faena investigativa y argumentativa de los realizadores se completa con el tratamiento humorístico (por momentos sarcástico, que no podía ser de otra manera ante tamaño atropello a la soberanía de un país) adosado a la didáctica. Y si bien el exceso de segmentación y la cantidad de información que sus casi dos horas contienen pudieran abrumar, he aquí un instrumento de agitación que ha dado en el clavo: su censura no indica sino que su verdad es demasiado incómoda para quienes detentan el poder. No obstante, Costa Rica S.A. puede ser descargado libremente desde distintos sitios de internet.

    Ese compromiso con la realidad social que recorre el documental centroamericano contemporáneo indica que el trabajo intelectual sobre el contexto no se detiene, aun cuando los tratamientos se alejen del partidismo y la unidimensionalidad del discurso. De ahí que el recurso de la ironía como presunto distanciamiento del material de referencia preñe de sentido a Entre los muertos (Jorge Dalton, 2006), mediometraje a cuyo relato uno asiste entre incrédulo y alarmado. El humor de Dalton se aplica a un tema tan duro como es el bojeo de la cultura de la muerte, naturalizada en su país, El Salvador. Su división en secciones nos lleva a través de la cotidianidad de un fenómeno que solo por excepción provoca lágrimas en quienes lo presencian y, aunque al realizador no interese tanto ir a las causas del problema como a las manifestaciones culturales y sociales trenzadas en torno a la violencia y el crimen naturalizados, ello acaba por referir un documento antropológico inestimable.

    Dalton hace el viaje en sentido inverso: comienza su indagatoria en un cementerio extrañamente habitado por una comunidad de vivos que suma dos decenas de familias. Las imágenes son de sobra elocuentes: borrachos que reposan el pedo sobre frescas lápidas, niños que juegan entre las cruces de yeso, sábanas recién lavadas que gotean sobre la paz del camposanto. Antes, hemos visto una sociedad empobrecida y donde la violencia está tanto del lado de las maras y toda clase de delincuentes como de la policía. Y lo que sigue es un reportaje de investigación en torno al negocio de las pompas fúnebres, que pulula en todas las variantes posibles y explican a su vez las segmentaciones clasistas y socioeconómicas de El Salvador actual. Todo, para acabar en la celebración del Día de Muertos, donde el cementerio se transforma en feria y la muerte se establece para siempre entre los eventos banales.

    El tratamiento general no pudo ser más elocuente. Quitar cualquier tono luctuoso al universo representado contribuyó a reforzar la sensación de absurdo que gotea incesante. Igualmente, el documental se abre a filtraciones de otras artes y utiliza, por ejemplo, fotos de la estupenda serie Ángeles caídos, del artista Luis Galdámez, o incluso material tomado en la habanera Necrópolis de Colón, que refiere la adoración espontánea de la tumba conocida como La Milagrosa. El resultado final es una sabrosa sinergia entre disímiles elementos. Pese a la cuestionable edición sonora y a ciertos pasajes reiterativos, Entre los muertos logra con su estupenda fotografía la suficiente capacidad de sugerencia como para transferirnos una sensación de dolor que no está explícita en su textura.

    De la misma manera, Mercedes Moncada hace con El inmortal (2005) otra aproximación a la cultura de la muerte, ahora en el contexto nicaraguense. La realizadora mexicana escoge aquí a una familia en cuya historia se cruzan las últimas décadas de conflictos armados en ese país. Las huellas de la historia emergen del relato de vidas privadas articuladas como memoria colectiva, gracias tanto a sus cristalinas confesiones, como a momentos de revelación artística que aportan el montaje sonoro y visual y una altísima capacidad para dotar de fuerza expresiva al conjunto. Todo ello cargado de una capacidad de sugerencia enorme, para referir el dolor de un país apelando al compromiso y la sinceridad.

    Eso mismo logra Los puños de una nación (Pituka Ortega, 2006), largo documental panameño, que articula con suerte, el relato de la vida del astro del boxeo local Roberto “Mano de Piedra” Durán con el devenir de ese país en los últimos 40 años. Ello está logrado gracias a la perfecta articulación del material de archivo y a un descubrimiento que, aunque evidente, es nada fácil de articular como relato: el funcionamienrto del deporte como escenario simbólico donde se dan cita eventos tan diversos del imaginario colectivo como la identidad y el éxito social.

    Ya por último, no se pierda de vista la coproducción entre Francia y Guatemala Todo es cuestión de trapos (Jayro Bustamante, 2006). Animando muñecos y objetos mediante la técnica de stop motion, Jayro teje un discurso crítico sobre nuestro mundo, al tiempo que demuestra que la técnica es lo de menos cuando hay algo que decir.

    Y de otra muestra que se hace ineludible para comprender la vitalidad del documental latinoamericano del presente llegan las obras que cierran este panorama. Se trata de Ambulante, que por estos días celebra su segunda edición, muestra itinerante de documentales de todo el mundo, organizada a cuenta y riesgo por los actores Gael García Bernal y Diego Luna. Son cuatro largos y un mediometraje producidos en México en los pasados tres años.

    Trópico de Cáncer (Eugenio Pogovski, 2004) nos mete en los terrales del desierto de San Juan Potosí, siguiendo a un puñado de familias cuya fuente de sobrevivencia es la caza y venta de animales y especies propias de la región a viajeros que cruzan en suntuosos autos la autopista. Lo curioso es cuando la observación de este modo de vida fomenta analogías implícitas entre el paisaje agreste, las bestias que lo habitan y estos seres humanos que casi dejaron de serlo.

    Ese borrado de culturas enteras, y la resistencia a tal desaparición, está en Al otro lado (Natalia Almada, 2004) y De nadie (Tin Dirdamal, 2005). El primero refiere con vocación antropológica la cultura fronteriza gestada en torno a la muerte, la búsqueda de la felicidad al otro lado, el tráfico de drogas, la emigración y el delito que cronican los narcocorridos, a ambos lados de la demarcación entre México y los Estados Unidos; la segunda se basta a sí misma en la contundencia de la realidad que retrata: la desidentidad del emigrante centroamericano que atraviesa México para alcanzar la frontera norte. Las historias que allí se cuentan y los personajes a cuyas anécdotas nos enfrenta prohíben volver a ver el mundo de la misma manera.

    Y por último, Toro negro (Carlos Armella, 2005) trae un dilema tanto estético como moral (¿acaso no son lo mismo?). En su caso, llega a ser tan obscena la intromisión en la vida privada de su personaje (Fernando Pacheco, joven torero por afición), que uno se pregunta cuáles son los límites de la observación y dónde se encuentran las demarcaciones de lo éticamente aceptable en la exploración documental de la vida privada. Este largometraje lleva a sus límites la inefable cualidad íntima que adhiere a la fotografía digital, que es como la obscenidad de la imagen en su desnudez más absoluta. Mas, al mismo tiempo que uno se plantea tales interrogantes, concluye que no de otra manera sería posible acceder a la contradictoria personalidad de Fernando, autodestructivo y apasionado, acaso símbolo él mismo de la cultura maya a que pertenece. Quizá por ello sea tan imponente la mirada documental actual: por su contradictoriedad, por el enconado conflicto entre el mostrar y el revelar.

    Similar images: Latin American documentary in the 6th National Representative Portion of New Filmmakers
    By Dean Luis Reyes

    The representative portion of Latin American Audiovisuals, a proposal that is part of the habitual collateral international programs of the Representative Portion of New Filmmakers, being held this February in Havana, has a whimsical resemblance with the made in Cuba competitive zone of this 6th edition of the event: the solidity of a proposal of documentaries that reduces in size and even throws into oblivion immediately the majority of the narrative films.

    For example, from the selection of the Southern part of the continent, Argentina shows a bolt front again. From this cinematography, short length narrative such as El inglés (Jean Pierre Bordelios), Los asesinos (Federico Ferro), Séptimo piso (Federico Peretti) can be seen, the last two making curious use of the resources of silent movies, absence of dialogues to negotiate its morphology, besides, El loro (Pablo Solarz), a story that could have been better, but which is humanely beautiful in its unaffectedness.

    On the contrary, the cream of this selection is La Nueva York (Agustín Samprón, 2006), a documentary made by the Movement of Unemployed Workers of Berisso, a municipality of Buenos Aires. The filmmakers want to refer the story of their street La Nueva York, a formerly powerful industrial center, down at heel with the economic crisis. This is a little intention, which gets away from the nostalgic compliment and the sobbing over long gone glories, and increases its dimension when they decide to include the research process in the testimonial structure. Thus, they achieve a fortunate articulation of past, present and future, in a continuity that results in an audiovisual work which, without renouncing its aesthetic miracle and passion, becomes pure activism, since it disproves the official story and gives the floor to those people whose opinions are never requested.

    The Ícaro Festival, annually celebrated in Guatemala, has rapidly become a reference of the Central American audiovisual. From this event we will see a selection of documentaries prized in the 2006 edition. One of them, Costa Rica S.A. (Pablo Ortega, 2006), provoked last year an enormous debate in that country an even an explicit banning order from the authorities. This is the best thing that could have happened as a denounce mechanism, with a meticulous didactic intention, about the real conframes of the North American Free Trade Agreement negotiated by that country with the United States. The research and argumentative work is completed with the humorous treatment (sometimes sarcastic, it could not be in a different way, in the face of such violation of the sovereignty of a country) placed back to back with the didactic intention. Even if the excess of segmentation and the amount of information contained in its almost two hours of duration could be overwhelming, this is an agitation instrument which has hit the nail on the head: the censorship just indicates that the truth it presents is too uncomfortable by those who hold power unlawfully. Nevertheless, Costa Rica S.A. can be downloaded free of charge from different Internet websites.

    That commitment with the social reality which traverses the Central American contemporary documentary indicates that the intellectual work over the context does not stop, even when the treatment moves away from partisanship and unidimensionality in the discourse. With the result that the irony as a presumed estrangement from the reference material impregnates sense to Entre los muertos (Jorge Dalton, 2006), medium length film whose narrative we watch half way between disbelief and alertness. Dalton’s humor is applied to a theme as hard as the approximation to the culture of death, naturalized in his country, El Salvador.

    Its division in sections takes us through the daily nature of a phenomenon which only exceptionally provokes tears in the spectators, and even when the filmmaker is not particularly interested in the causes of the problem, but in the cultural and social manifestations weaved around violence and naturalized crime, it ends up being an invaluable anthropological document.

    Dalton makes a reverse trip: he starts his search at a grave yard strangely inhabited by a community of living people that adds up to two dozen families. The images speak for themselves: drunkards relaxing from their hangovers on the fresh gravestones, children playing around the plaster crosses, just washed bed sheets dripping over the peace of the cemetery. Before, we have seen an impoverished society where there is violence nor only on the part of the mares and delinquents but also the police. What follows is the report of an investigation around the business of funeral service, which pullulates in all possible variations and at the same time, explains the class and socio economic segmentations of El Salvador nowadays. It ends up in the celebration of Memorial Day, where the cemetery becomes a fair and death is forever established among the trivial events.

    The general treatment could not have been more eloquent. To take away the mournful tone to the universe represented contributed to reinforce the sensation of absurdity dripping incessantly. Likewise, the documentary opens up to other forms of art and uses, for example, photos from the astounding series Angeles cadies (Fallen angels), by artist Luis Glades, or even material taken from the Colon necropolis in Havana, which refers the spontaneous veneration of the burial place known as Milagros. The final result is a delicious synergy among dissimilar elements. Despite the questionable sound edition and certain repetitive passages, Entre los muertos is able to achieve with its magnificent photography enough suggestive capacity as to transfer a feeling of pain which is not explicit in its texture.

    In the same way, Mercedes Monaca makes with El immortal (2005) another approximation to the culture of death, this time in the Nicaraguan context. The Mexican filmmaker selects a family whose history contains crossed elements of the last decades of armed conflicts in that country. The narrative traces emerge from the stories of the private lives articulated as collective memory, thanks nor only to their crystal like confessions but also to the moments of artistic revelation that contribute to the sound and visual plot as well as a very high capacity to confer expressive strength to the whole set. All this is loaded with an enormous capacity to suggest, to refer the pain of a country appealing to commitment and sincerity.

    The same is achieved by Los puños de una nación (Patoka Ortega, 2006), long length Panamanian documentary, which luckily articulates, the life story of local boxing celebrity Roberto “Manu de Pedri” Duran with the history of that country during the last 40 years. That is achieved thanks to the perfect articulation of archive materials and a discovery that, even though evident, is not easy to articulate as a story: the functioning of sports as a symbolic scenery of such diverse events of the collective imaginary like identity and social success come together.

    Finally, do not lose track of the French- Guatemalan co production To-do as question de traps (Jar Bustamante, 2006). Using animated dolls and objects with the stop motion technique, Jayro weaves a critical discourse of our world, just as it shows that technique is the least important thing when there is something to be said.

    There is another sample that is unavoidable in order to understand the vitality of the Latin American documentary of these times; they are the pieces that close the scenario.  I refer to Ambulante (Ambulant); it is a documentary itinerant sample around the world, which is celebrating its second edition at present. It is done for the account and risk of actors Gael García Bernal and Diego Luna. It shows four feature films and a medium length produced in Mexico during the past three years.

    Trópico de Cáncer (Eugenio Pogovski, 2004) takes us to the land of the San Juan Potosí desert, following a handful of families whose source of survival is the hunting and selling of animals and species of the region to travelers who cross the highway in splendid cars. It becomes curious when the observation of this way of life boosts up implicit analogies between the agrestial landscapes, the beasts inhabiting it and the people, who have become barely human.

    That obliteration of whole cultures, and the endurance to such erasure, is present in Al otro lado (Natalia Almada, 2004) and De nadie (Tin Dirdamal, 2005). The former refers with anthropological vocation the borderline culture developed around death, the quest for happiness on the other side, drug traffic, emigration and the crimes documented by the popular songs about drug traffic, in both sides of the boundaries between Mexico and The United States; the latter is enough with itself in the force of the reality depicted: the lack of identity of the Central American immigrant who crosses Mexico with the intention of reaching the Northern border. The stories told and the characters and anecdotes we are faced with make it impossible for us to see the world from the same perspective again.

    And finally, Toro negro (Carlos Armella, 2005) brings both an aesthetic and a moral dilemma (aren’t they the same after all?).  In this case, the interference in the private life of the character, Fernando Pacheco, (a young man who does bullfighting as a hobby) is so obscene that one has to ask oneself which are the limits of observation and where the borders of what is ethically acceptable are while documenting and exploring private lives.

    This feature film takes to its limits the ineffable intimate quality inherent to digital photography, which is like the obscene act of the image in its most absolute nakedness.  But in the face of these questions, one has to conclude there is no other way to come over the contradictory personality of Fernando, self-destructive, passionate, probably a symbol himself of the Mayan culture to which he belongs. Perhaps that is the reason why today’s documentary glance is so imposing: for the radical conflict between showing and revealing.






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